Twin Peaks – Dale Cooper, la garmonbozia y el eterno dilema

Twin Peaks –Dale Cooper, la garmonbozia y el eterno dilema

El cine, el arte, la vida… Todo lo que rodea nuestra existencia es simple. Nuestro orgullo nos lleva a dibujar un aura de complejidad alrededor de cada una de nuestras acciones, a teñirlas de grises, a añadirles matices, condicionales. Excusas. Queremos sentirnos especiales, diferentes, únicos. No nos gusta mirar atrás, ya no siglos, ni tan siquiera a la generación de nuestros padres, para comprobar que lo que nos diferencia del pasado es más bien poco.

El agente especial del FBI Dale Cooper es uno de esos personaje únicos cuyo ejemplo nos viene a regalar sólo muy de vez en cuando el mundo del cine. Extravagante como pocos, irracional en la mayoría de su proceder, pero, sobre todo, inmaculado, no nos engañemos, Cooper sólo existe en la ficción. Su entrada en la serie es brillante y definitoria como pocas. En uno de sus diálogos nunca correspondidos con Diane, camino de Twin Peaks, donde será el responsable principal de investigar la muerte de Laura Palmer, se dedica a hablar de trivialidades, de lo que ha comido, de la gasolina que le queda, del tiempo… No obstante, el segundo gran protagonista de “Twin Peaks” no se nos va a pintar como un ser despreocupado, frío o torpe, ni mucho menos. Y es que, dentro de esas nimiedades de su día a día a las que parece dar tanta importancia, es capaz de transmitirnos la inocente mirada de un niño hacia el arbolado paisaje de Twin Peaks, su violento entusiasmo por la tarta de cereza o su infinita pasión por el café –negro como la medianoche en una noche sin luna, eso sí.

Twin Peaks –Dale Cooper, la garmonbozia y el eterno dilema-2

Heredero de George Bailey (James Stewart en “¡Qué bello es vivir!” [Frank Capra, 1946]) o de Atticus Finch (Gregory Peck en “Matar a un ruiseñor” [Robert Mulligan, 1962]), Kyle MacLachlan no sólo logra dotar a su personaje de bondad, ternura y honestidad, sino de unas cotas de optimismo y entusiasmo inalcanzables para cualquiera del resto, ficticios o reales. Y lo va a hacer a la velocidad del rayo. Su pulgar hacia arriba nos dice todo lo que necesitamos saber de él –y de nosotros mismos también–. Su virtuosa personalidad está tan arraigada en nuestra naturaleza humana que no disfrutar de su presencia en pantalla es harto complicado. “¿Sabes cuál es tu único defecto?” –le pregunta Audrey Horne retóricamente– “Que eres perfecto”. Ni más, ni menos. He aquí el primer gran elemento sobre el que se sostiene la trama de “Twin Peaks”: la eterna búsqueda de la perfección por parte del ser humano.

Antes de que Dale Cooper sea presentado al espectador, tanto en la serie de televisión como en “Twin Peaks: fuego camina conmigo”, un crimen se ha cometido. La cortina que esconde estos asesinatos se va desplegando y el miedo y los vicios de Laura Palmer y del resto de habitantes de Twin Peaks van saliendo a la luz, mientras el interés del espectador no hace sino crecer al compás. Porque, como diría más tarde Windom Earl, Twin Peaks era un lugar aburrido hasta que sus habitantes abrazaron el poder que los espíritus de la logia negra les habían otorgado, ese poder llamado libertad.

Twin Peaks –Dale Cooper, la garmonbozia y el eterno dilema-3

Esta libertad, el desconocimiento, daba lugar al fallo y, cada caída, al crecimiento de los espíritus de la logia negra. La turbulenta vida de Laura Palmer, llena de malas decisiones, era fuente de alimento constante para el malvado BOB y para el enano (el problemático brazo de Mike) –espíritus que capitalizan los males de la logia negra–. Esta peculiar dieta, representada como maíz guisado, tiene un nombre que se nos revela en “Twin Peaks: fuego camina conmigo”: garmonbozia.

Dale Cooper y Laura Palmer son los indiscutibles protagonistas de Twin Peaks. De la serie y de la película. Tanto como la logia blanca y la negra, o el amor y el miedo –las dos formas de abrirse paso hacia las logias–, o BOB y Leland Palmer, o Mike y su brazo, o el Ben Horne que fuma puros y el Ben Horne ecologista, o Josie y Harry… O también la garmonbozia y el Meals on Wheels. Y así podríamos seguir indefinidamente, para simplemente concluir que la verdadero protagonista de “Twin Peaks” no es más que esa eterna dicotomía que el cine, el arte y la vida nos han servido desde que el hombre es hombre: la eterna lucha del bien contra el mal.

Twin Peaks –Dale Cooper, la garmonbozia y el eterno dilema-4

  • Kaabee

    Un análisis cojonudo de una de las series de mi vida (nuestras vidas). Llena de tantos momentos y personajes inolvidables.

    ¿Dónde está Bob?

    Coño, qué miedo.

    • Miguel

      ¡Gracias!

      ¡Y es BOB, no Bob! Beware Of BOB! Es una amenaza en sí mismo. De hecho, puede que esté en ti, o en mí, o quién sabe.

      • Kaabee

        Tikismikis…