George A. Romero: ‘La noche de los muertos vivientes’ (II) – El egoísmo (y el racismo)

George-romero-noche-muertos-vivientes-II-robert-fonoll4

Seguimos con el análisis de ‘La noche de los muertos vivientes’ (George A. Romero, 1968). Tras saber el camino que llevó a su concepción y cómo cambió la idea del zombi, ahora vamos a centrarnos en las cualidades que la han convertido en una obra inmortal. Primero, tenemos una buena historia de muertos que se comen a los vivos. Pero, además, se utiliza esto para reflexionar sobre la naturaleza humana. Veamos si sobrevivimos a la larga noche.

Renovando el terror clásico

El final de los años 60 y el inicio de los 70 fue una época de cambio para el Cine, donde los grandes estudios perdieron control para dejar más libertad a los autores. Siendo de 1968, ‘La noche de los muertos vivientes’ es fundamental en esta evolución, sobre todo dentro del género que provoca pesadillas.

En la película, encontramos características del terror clásico. Sólo empezar, la aparición del primer zombi andando por el cementerio recuerda a un monstruo de la Universal, como podría ser la momia o la creación de Frankenstein. No es casualidad, el propio Bill Hinzman afirmó que se inspiró en Boris Karloff para su papel. Cuando Barbra (Judith O’Dea) llega a la casa, podemos llegar a tener la sensación de que está encantada, incluso tenemos caja musical como en ‘The Innocents’ (Jack Clayton, 1961). Además, en ciertos momentos, la iluminación expresionista nos traslada a los films alemanes del cine mudo.

George-romero-noche-muertos-vivientes-II-robert-fonoll

Pero es que la obra también presenta nuevos elementos que serán usados posteriormente por otros directores. Ya no tenemos a un hombre que debe salvar una mujer, tal vez con la ayuda de un experto en monstruos. Tenemos un grupo reducido que debe sobrevivir, aunque van cayendo poco a poco. La escena de la niña con la pala podría pertenecer a cualquier slasher futuro. Y es que ésta fue de las primeras películas en mostrar explícitamente asesinatos violentos. Ya hemos tratado la modernización del zombi, así que no es necesario volver a ello. Aunque sí atendremos a esa imagen inolvidable de la mujer desnuda, signo de que el Código Hays ya había llegado a su final.

La casa

De las seis películas de zombis que ha hecho Romero, las tres primeras son las que más me gustan. Al pensar en ello, me di cuenta de que éstas tenían en común que sucedían en un espacio cerrado, mientras que las más recientes transcurrían en zonas abiertas. Por eso, cuando escriba sobre estas cintas, dedicaré un espacio al escenario donde se sitúan.

La casa de ‘La noche de los muertos vivientes’ ya forma parte de la historia. Su piso superior no tiene mucha importancia, sólo sabemos que hay un cadáver. En cambio, en la planta baja tiene lugar toda la acción. Todos relacionamos zombis y sellar ventanas con tablas y un martillo. Ahí se produce la lucha; no sólo de vivos contra muertos, también entre los humanos. El sótano es a la vez el lugar del miedo y de la protección. Ahí sucede la escena más terrorífica —la niña zombi—, pero también resulta ser el único lugar seguro de la casa.

Quiero destacar el aumento progresivo del peligro. Al principio, la radio falla por un problema técnico, algo normal. Después, un hombre ataca; ya hay peligro, pero puede tratarse de un simple loco. Sin embargo, cada vez hay más atacantes. Finalmente, y en distintas emisiones, sabemos por la radio y la televisión que el fenómeno ocurre en todo el país.

He llegado a la conclusión de que el género me gusta tanto porque una historia de zombis es una historia de supervivencia continua. Esto implica mucha acción y emoción: disparos, carreras, muertes, etc. Por este motivo, el género es ideal para los videojuegos. Por eso, cuando se hace bien, tienes una película para disfrutar al máximo. Y si, además, a la supervivencia le añades una reflexión social, como hace nuestro director, te queda algo disfrutable a la vez que profundo.

El egoísmo

Como hemos dicho, esta película no es simplemente un grupo de personas disparando a unos muertos vivientes. Romero aprovecha la historia para fijarse en la naturaleza humana, concretamente en el egoísmo.

Ante un apocalipsis zombi, los vivos están más preocupados de ser líderes y de que se haga lo que ellos quieren en vez de afrontar el problema. Se pelean entre ellos mientras fuera de la casa hay multitud de zombis que se los quieren comer. De hecho, es llamativo que de los siete supervivientes que hay en la casa —contando a la hija de los Cooper—, sólo tres mueren a manos de los ghouls, los otros cuatro son asesinados o mueren por errores humanos. Esta idea se sintetiza en el diálogo entre el matrimonio Cooper:

—Déjalos estar arriba. Déjalos. Demasiadas maneras de que esos monstruos puedan entrar. Veremos quién tiene razón.
—Eso es importante, ¿verdad?
—¿Qué?
—Tener razón. Que todos los demás se equivoquen.

Los seres humanos somos destructivos. Nos es más fácil criticar lo malo que valorar lo bueno. Preferimos imponer lo nuestro a aceptar lo de los demás. Es difícil crear una gran amistad, pero se necesita muy poco para crearse un enemigo. Además, la patrulla del final está muy contenta con su trabajo de matar.

También se muestra la necesidad de las personas de tener un líder. No podemos decidir entre todos; hay algunos que buscan que otros les digan lo que tienen que hacer y hay las personas que toman las decisiones. Eso sí, hay que saber elegir bien. Las apariencias engañan y transmitir liderazgo no implica ser un buen líder. Ben y Harry luchan para ser los líderes. ¿Planta baja o sótano? Aunque Ben (Duane Jones) no sea muy simpático, habla con más seguridad, mientras que Harry (Karl Hardman) parece más irritable. Por eso Tom (Keith Wayne) elije al primero, llevando a su novia Judy (Judith Ridley) con él. Incluso Helen Cooper (Marilyn Eastman) confía en Ben antes que en su marido. Pero se equivocaron de líder.

El racismo (accidental)

‘La noche de los muertos vivientes’ se estrenó seis meses después del asesinato de Martin Luther King Jr. Teniendo en cuenta su final, muchos encontraron en el film un mensaje contra el racismo. Pero lo cierto es que el final hubiese sido igual con un actor blanco que con uno negro. De hecho, Romero, cuenta que el 4 de abril de 1968, día del magnicidio, fue el día en que terminaron de editar la obra. Russo y él iban conduciendo hacia Nueva York cuando se enteraron por la radio de la noticia. Es decir, la película se terminó antes del asesinato, cualquier relación es por casualidad.

Y es que el papel de Ben se escribió sin pensar en ningún color, de hecho iba a ser para el amigo Rudy Ricci. Cuando finalmente se contrató a Duane Jones, los autores creyeron que lo más moderno era no cambiar nada del guión. Precisamente, sólo Duane creyó que le deberían dar importancia al hecho de que fuese negro. Además, temía que pegar a una chia blanca en pantalla le llevase problemas. Ahora, Romero reconoce que le hubiese gustado hacer más caso al actor, en el sentido de que Ben es un personaje enfadado y en la película esto no tiene mucho motivo. El director cree que si hubiesen pensado más en que Ben al final era negro, su enfado podría provenir del hecho de pertenecer a una minoría y todas las dificultades que ello conlleva.

George-romero-noche-muertos-vivientes-II-robert-fonoll2

La muerte final no es por una cuestión de raza, sino de ironía. El personaje decide que lo mejor es no bajar al sótano y esperar al equipo de rescate. Tras lograr sobrevivir a esa horda de muertos vivientes durante toda la noche —en el sótano—, es ese equipo de rescate el que lo mata. Toma la decisión incorrecta y su decisión lo mata. Cooper tenía razón.

Por cierto, todos los implicados en el film coinciden en alabar las grandes cualidades de Jones, tanto como actor como persona. Su muerte por paro cardiorrespiratorio a los 51 años en 1988 dejó un gran vacío en sus compañeros.

Eso sí, aunque el mensaje que algunos le han visto sea accidental, hay aspectos reales y voluntarios que pueden enmarcarse en la lucha contra el racismo. Porque no hay mejor mensaje que poner a un actor afroamericano como protagonista y, además, convertirlo en líder, esto en medio de una segregación racial y una lucha por los derechos. Además, la década de los 60 estuvo llena de disturbios debidos a la lucha racial. Podríamos encontrar similitudes entre la multitud de ghouls que asaltan la casa y la multitud de manifestantes que asaltan locales durante las manifestaciones.

Zombi icónico

Aunque en las películas de Romero aparecen centenares y miles de zombis, y todos presentan las mismas características, siempre hay uno que destaca. En este caso, creo que no me equivoco si digo que S. William Hinzman es el muerto viviente que todos recordaremos. Para empezar, porque es el primero. Después ya vendrán las hordas y será imposible distinguirlos, pero ese hombre andando torpemente por el cementerio siempre será reconocible. Además, sigue apareciendo el resto de la película y encabeza la invasión de la casa.

George-romero-noche-muertos-vivientes-II-robert-fonoll3

Es justo mencionar aquí también a Karen Cooper (Kyra Schon), la niña que seguro que causó pesadillas a más de uno y una.

Cameo

George A. Romero es de esos directores a quienes les gusta aparecer brevemente en sus obras con un cameo. En su opera prima, lo podemos ver como reportero en Washington D.C.

Conclusión

Para resumir, tenemos un director que con su primera obra revolucionó el terror y prácticamente creó un subgénero. ‘La noche de los muertos vivientes’ utiliza una apasionante historia de supervivencia para explorar la terrible naturaleza humana y, por si fuera poco, nos regala un nuevo monstruo cinematográfico.

El problema de triunfar al principio es que el éxito inicial te persigue el resto de tu carrera. Algunos creen que Romero no volvió a hacer nada que se acercara al nivel de su opera prima. Además, la maldición del terror es que, una vez triunfas en él, es difícil escapar del género y no quedar encasillado. Nosotros vamos a seguir mirando su filmografía para ver qué más aportó al cine George A. Romero. Y, la siguiente parada, nada tiene que ver con el terror.

Especial “George A. Romero” en ‘El Club de los Cinéfagos Muertos’

Presentación

‘La noche de los muertos vivientes’ (I)