Momentos de cine: ‘Plan diabólico’ – Señor, este cuerpo no es el mío

Una rara avis en la filmografía del prolífico y legendario director John Frankenheimer, y a su vez, una de sus películas menos comprendidas en un principio por parte de la crítica y del público. De todos modos, con el tiempo, fue adquiriendo una posición demasiado destacada dentro de esa etiqueta tan mencionada a veces, que es la de culto. Con esta película se conforma y termina, junto con El mensajero del miedo‘ (1962) Siete días de mayo‘ (1964), su trilogía sobre la paranoia, en las que se impregna de una estética surrealista muy lograda y bastante perturbadora. Dos obras, por cierto, injusta y lamentablemente olvidadas. Basada en una novela de David Ely, la película no hace más que desentrañar ese ideal que tenemos, excesivamente obsesivo en ocasiones, de la “eterna juventud”, una quimera que aquí se pone a disposición de nuestro protagonista, un soberbio Rock Hudson. La película se estrenó en el Festival de Cannes de aquel año y consiguió recibir una posterior nominación a los Oscars por la maravillosa fotografía, compuesta por James Wong Howe. Desde el 2015, la Biblioteca del Congreso de EEUU conserva la película debido a su importancia cultural e histórica. 

La película se centra en el renacimiento de Arthur Hamilton, un hombre agotado y asqueado de su vida monótona, que consigue ponerse en contacto con una misteriosa organización. Esta organización le facilita a nuestro hombre una imagen e identidad nuevas, lo que hará que viva la vida desde otro punto de vista, eso sí, con sus numerosas consecuencias. Lo que en un principio surge como una pura idealización, se acaba tornando en una angustiosa pesadilla, que más que darle alas le acaba atando de pies y manos.

Este momento que he elegido es uno de los más significativos por lo que representa. Nos encontramos en el punto álgido de la nueva vida de Arthur. En ese punto en el que se encuentra con la confianza y seguridad necesarias para poder hacer frente a esa nueva vida. En ese punto en el que encuentra un sentido pleno a su nueva existencia. En ese punto en el que el “carpe diem”, básicamente, es la máxima prioridadArthur conoce a Nora y tras varios encuentros, cierta tarde se une a ella en una especie de bacanal, bajo la atenta mirada del dios Dioniso o Baco, como prefiráis llamarlo, y es en esa liturgia cuando nuestro protagonista conseguirá alcanzar un estado místico, que como ya digo, terminará por dar sentido a todo su mundo. La escena en cuestión es ligeramente larga, pero se agradece observar el arrojo y la valentía del director a la hora de rodar semejante escena en plenos años 60 y bajo suelo americano. De hecho, se asemeja más a una estética más cercana a la nouvelle vague o, si me lo permitís, a la de un neorrealismo italiano. En fin, un derroche de maestría y con los mismísimos bien puestos.

  • loula2

    Vaya, no conocía esta película. Tengo que verla ya!! Gracias por el descubrimiento, Rafa 😊

    • Rafa 2.0

      Es bastante desconocida, sí, y mira que yo soy muy fan del director. Pues no la conocía. A mí me la recomendaron hace unas semanas y oye, qué gozada, ¡qué gozada! No te defraudará. De nada, loula!

      Un saludito!