Polvo en Almería: Grandes Spaghetti Westerns (II). El Gran Silencio (Sergio Corbucci, 1968)

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Si en la anterior entrada hablamos de la importancia de Django y su estilo para acabar dando forma definitivamente al western italiano, ahora toca hacerlo de la que es considerada generalmente como la mejor película del director y la culminación de ese estilo determinante para el género. Esta obra supone por un lado un contrapunto al film que le hiciera famoso en el 66 y al tiempo una rara avis dentro de la filmografía del director.

El cine de Corbucci es ante todo heterogéneo, pues en él confluyen tanto esa forma personalísima de entender el oeste (a la que volvería un año después con menor fortuna en “El especialista” (1969)), como la aventura pura y dura de “Salario para matar” (1968) o “Los Compañeros” (1970)  y la comedia como medio de homenaje al género que le dio fortuna de “El blanco, el amarillo y el negro” (1975) o “Hijos del día y de la noche” (1972), todas ellas claramente diferenciadas, pero todas con el punto común de estar enfocadas desde la más pura exageración paródica, ya sea desde un punto de vista humorístico o no. El Gran Silencio, con una propuesta igual o más retorcida que sus compañeras si cabe, consigue desmarcarse del resto gracias a una mayor carga dramática –con visos de tragedia griega- y una profundización más compleja en la psicología de los personajes de los que no goza ninguna de las demás obras del director (en este sentido se le acerca si acaso “Los Despiadados” (1967), una obra considerada comúnmente menor pero que a mí personalmente me gusta bastante, por lo que volveremos  a ella más adelante), conformando así su película más seria.

Ambientada en la nevada ciudad de Snowhill, nos cuenta la historia de un pueblo asfixiado por el cacique local, hasta el punto de que muchos de sus ciudadanos se han visto obligados a robar para poder subsistir. Aprovechando esta situación, el cacique, que es la máxima autoridad en este pueblo en el que no hay ley, pone precio a sus cabezas al tiempo que mantiene en nómina a los cazarrecompensas para que puedan hacer de las suyas gracias al marco legal que les ampara. Mientras tanto, el presidente ha prometido una futura amnistía general como prueba de que el salvaje oeste llega a su fin y ésta ha desencadenado una cacería de hombres impropia del oeste civilizado que se avecina. Para poner fin a esta caza indiscriminada, el gobernador envía a un sheriff que pueda controlar la situación en Snowhill. En este contexto de violencia y corrupción hace acto de presencia el protagonista Silencio, que tendrá como objetivo vengar una muerte injusta perpetrada por uno de estos cazarrecompensas.

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“El gran silencio” es en cierto modo un western crepuscular, pues su discurso principal se basa en el fin de la era de los pistoleros y del viejo oeste frente a la llegada de la civilización y el progreso, una nueva época en la que los protagonistas de aquel salvaje oeste difícilmente tendrán cabida, estando destinados a desaparecer. Pero a diferencia de otros westerns crepusculares, que suelen acercarse a esta época con la mirada nostálgica del perdedor y la esperanza de un futuro mejor para aquellos que consigan adaptarse y redimirse, cansados de tanta violencia y muerte -como podría ser, por ejemplo “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968), donde Jill espera con ilusión la prosperidad que traerá consigo la llegada del ferrocarril al tiempo que el héroe acepta con resignación su lugar en el mundo en ese futuro que se aproxima a pasos agigantados, en una retirada que no sabemos dónde le llevará-, “El gran Silencio” no es sino una cara oculta y negra de ese crepúsculo, una visión violenta, cruel y desesperanzada en la que no hay redención posible salvo la muerte.

Pero además de ser un western crepuscular, este italowestern tan bien considerado es una evolución de lo ya mostrado en “Django” dos años antes por su director, pues ambas -al igual que ocurrirá con “El Especialista” un año después-, trabajan sobre una misma idea (la llegada de un pistolero inexpresivo y parco en palabras a un pueblo de ambiente hostil, sin que en un principio conozcamos los motivos que le han llevado hasta allí) y presentan no pocos elementos comunes: –SPOILER– la violencia campa a sus anchas en el pueblo en cuestión hostigada por la autoridad local, la presencia de una mujer será el detonante de los acontecimientos, la tortura del protagonista condicionará el desenlace final, entre otros –FIN DEL SPOILER-; pero en esta evolución podemos apreciar una mayor elegancia en cuanto a la dirección, un acertado desarrollo del guión que, aunque sigue teniendo un par de fallos destacables, no contiene momentos de relleno como sí pasaba en “Django” (la trama del general mexicano interpretado por José Bódalo aburre y no aporta demasiado) y una atmósfera y ambientación más densas y realistas que las de su anterior obra, por no hablar de la muy acertada planificación de la violencia, que no llega a convertirse en el auténtico baño de sangre injustificado de aquella, consiguiendo con todo ello un film repleto de momentos destacables, escenas de gran lirismo y una profundidad superior al resto de su filmografía.

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Llegados a este punto tengo que tragarme mis palabras: en su día despotriqué a gusto contra ella en cuanto surgía la ocasión, y en una segunda revisión en mejores condiciones y con un conocimiento más amplio del género he podido apreciarla mejor que como lo hice entonces. No es una obra perfecta, se le pueden achacar alguna que otra deficiencia de guión y argumento, lastrados por la incapacidad para contar historias de Corbucci, pues por un lado el segundo es demasiado simple y por otro, el primero cuenta con algún que otro momento bastante incongruente y difícilmente salvable desde mi punto de vista. Sin embargo, en su haber tiene varios puntos positivos además de los ya mencionados: la actuación de Klaus Kinski, que encarna a uno de los mejores villanos de todo el western italiano, la banda sonora de Morricone (más propia de los thrillers a los que pondría música más tarde y por tanto más convencional y alejada de sus melodías del oeste, pero por ello mismo, más acertada, pues este no es un western polvoriento al uso) y su final, porque hay que tenerlos bien puestos para acabar la película como Corbucci lo hace (teniendo en cuenta el cine de la época y la deriva que seguía el Eurowestern por entonces), no en vano se filmó un final alternativo que no llegó a incluirse en la película.

Todos estos elementos antes mencionados conforman una buena y muy personal muestra de Spaghetti Western que no debe dejar pasar nadie que quiera conocer el género y al que recomiendo deis más de una oportunidad, pues tiene elementos muy interesantes y más de una lectura de las que pueden parecer a simple vista en un primer acercamiento al mismo.

“Il Grande Silenzio es un canto lúgubre, calmado y poético, cuyo silencio final redime la obra de un autor inclasificable, que permitió al spaghetti-western convertir el caos temático y contextual en autoría reivindicable.”

Angel Sala.
Revista Nosferatu nº 41-42.

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Nota a tener en cuenta para el disfrute del personal: ALÉJENSE de la versión doblada, que además de la penosa calidad de las voces (muchas de ellas completamente desconocidas), decide reinterpretar a su antojo líneas enteras de diálogo, cambiando el sentido de las mismas o haciendo que estas carezcan incluso de él. Lo mejor es verla en italiano –los diálogos son mejores que en la versión inglesa- subtitulado (y cuidando también con los subtitulos que se eligen, porque algunos son una simple trascripción del doblaje español).

  • Eduard Sans

    Brutal, no la conocía y ya tengo ganas de verla. Siento debilidad por los westerns crepusculares :). Este especial promete!

  • eluyeni

    Es un peliculón, y el rollo de la amoralidad, lo deprimente, la nieve, Kinski en plan Kinski, los silencios, la fotografía… Muy buena, de la crema de este director. Ojo además no sólo con los doblajes. Y si se la van a agenciar para su colección, háganse con una edición guapa, en condiciones de formato (miren bien esto) para verla bien en pantallaco grande (la nuestra creo que era cutre transfer). Y por supuesto, prescindan siempre que puedan del doblaje, en italiano se entienden bien y los subtítulos valen para apañarse.

    Un saludo.

    • Jordi Vilàs

      Yo tengo una edición de esas que regalan y es cutraca de la hostia, un transfer de esos que usted dice…

      Saludos.

    • Carlos Canchado

      Pues sí, es una obra con bastantes matices, como ya digo, más de los que pueden parecer a simple vista. Y si usted, un apasionado del cine de género italiano (ese Poliziotteschi le pierde) está de acuerdo conmigo yo ya me doy con un canto en los dientes.

      Pronto traeré por aquí una joya no demasiado conocida de Castellari, que tanto le gusta: Johnny Hamlet (Quella sporca storia nel west). Y lo mismo hablamos de Keoma, pero hasta que no la vuelva a ver no podré decantarme por si me gusta o le tengo manía.

      Un saludo.

  • Jordi Vilàs

    De nuevo me arrojo a sus pies señor Canchado, gran post.

    He venido con la intención discutirle algo, pero no puedo, a ver si en el próximo….

    Saludos 😉

    • Carlos Canchado

      Ya será menos, señor Vilàs! Busque entre sus argumentos y dispare a matar, que yo ante la adversidad me crezco!

      Muchas gracias no ya por las buenas palabras -que también- sino simplemente por el hecho de leerme, hace que el esfuerzo merezca la pena. Solo queda seguir mejorando, esperemos estar a la altura de las circunstancias! 🙂

      Un saludo!

  • Julio_Alberto

    Nada que objetar sobre este clásico.
    Por cierto, la obsesión por Corbucci por cortar dedos y articulaciones siempre me ha parecido muy “cool”.
    Felicidades por la reseña.

  • maltese

    Felicidades, Carlos…..con reseñas así, auguro un buen futuro a este blog!! Un saludo…

  • Pedro Carracedo

    Ya me había conquistado esa imagen de Kinski, tras leer sobre ella, está ya en mi pc. Tendré cuidado con los subtítulos, sabes de sobra que en italiano la iba a ver.