‘La sindrome di Stendhal’ – Síndrome de Argento, el dolor de la belleza

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‘Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba por así decir. Había alcanzado este punto de emoción en que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, caminaba con miedo a caer’.

Stendhal y Florencia permanecerán ligados eternamente. Porque hablar de Florencia conlleva el recuerdo del escritor y su conmoción ante la icónica basílica Santa Croce. Una experiencia tan intensa que su descripción serviría como base, mucho tiempo después, para la identificación del síndrome que llevaría su nombre. El que se conoce también como ‘síndrome de Florencia’, por cuanto los turistas que arriban a esa increíble ciudad quedan expuestos a tal ‘sobredosis de belleza’ que aquellos con una sensibilidad mayor no les quedaría más destino que el colapso.

Y si lo anterior es un mal de viajeros –como curiosidad, recomiendo revisar otros síndromes extraños que pertenecen a este grupo, como los de París y Jerusalén- entonces, es inevitable preguntarse qué sucede no sólo con los florentinos sino que con los italianos en general. Me refiero a que si estos desde la cuna son estimulados por la estética más elevada, ¿existirá la posibilidad de que algunos puedan sufrir el citado síndrome? ¿o se mantienen inmunes dada su refinada cotidianeidad?

Y qué mejor que encontrar la respuesta en un italiano. Y no uno cualquiera, estimados, porque se trata de uno de enorme culto: el mismísimo Dario Argento.

Recuerda el director que era aún un niño cuando vivió el relato de Stendhal. Eso sí, el gran detalle es que sucedió en Atenas: en el preciso momento en que ascendía por las escalinatas del Partenón. Allí se descompensó tanto que perdió por horas el contacto con sus padres. Un suceso que lo marcaría por siempre. Así, no sorprende que ya adulto se obsesionara con la publicación ‘La sindrome di Stendhal’ (1989), inspirándose en ella para una nueva película. Para el guión tuvo una colaboración de lujo porque contó con la experta asesoría de la propia autora del libro, Graziella Magherini. Quien, como psiquiatra del Hospital Santa María Nuova de Florencia, ha debido atender diversos casos de turistas abrumados por síntomas tales como elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones luego de su inefable encuentro con el arte.

Sin embargo, a pesar los numerosos casos reportados por la citada Dra., su propuesta de síndrome no ha sido aceptada oficialmente por la comunidad médica -la que espera aún ‘evidencias más sólidas’-. Por esto, las esperanzas de reconocimiento están cifradas en la actual eclosión de las neurociencias; en particular, en la multidisciplinar ‘neuroestética’. Porque a través del estudio de las bases neurales para la contemplación y la creación artística se pudiera abrir la comprensión hacia los mecanismos cerebrales de las ‘víctimas de Stendhal’.

La ‘Medusa’ de Caravaggio. Híbrido de mujer y monstruo, personificación de la ‘belleza atroz’

La ‘Medusa’ de Caravaggio. Híbrido de mujer y monstruo, personificación de la ‘belleza atroz’

No obstante aquello, ¿será alguna vez factible la comprensión cerebral de la víctima Dario Argento?… Pocos aventurarían una respuesta. Por lo mismo, no nos queda otra que decir: ¡que avancen las neurociencias, y que a nosotros nos den cine! Que ningún examen de resonancia nuclear magnética puede arrojar tanto como la obra del director. En particular, la película que aquí nos convoca: ‘La sindrome di Stendhal’ (Id, 1996) – en español, ‘El síndrome de Stendhal’ o ‘El arte de matar’ -. La cual, a pesar de toda su belleza y madurez conceptual, se sitúa en su filmografía como una obra de bajo perfil. Tal vez por constituirse en la que menos tiene del Argento conocido y, por transitividad, la que menos tiene de giallo– con permiso de Mario Bava para tal homologación- con todas las luces y sombras que implica esa carencia. Las luces, porque al beber también de otros géneros: thriller policial y surrealista, exhibirá una mayor fortaleza en la trama que las típicas giallo – sí, lo sé, no se necesita mucho para eso; luego veremos que tiene más méritos -. Las sombras, no para mí sino tal vez para los admiradores puristas de este director, porque se pudiera extrañar la impronta característica de alto gore y mayor efectismo audiovisual.

En cuanto a ser ‘la película menos Argento’, aclaro que es sólo en la superficie. Puesto que aquí lo encontramos revelándonos su preciado secreto: aquella vivencia de niño que cruzaba el resto de su creación como encriptados fragmentos, pero que aquí se desarrolla como un todo unitario.

Y aviso, para quien no la haya visto aún, dado que la sorpresa en este género vale oro, que sólo hasta aquí se podrá leer y todavía llegar inocente al visionado.

El argumento. La detective Anna Manni, interpretada por Asia Argento, ha sido designada para investigar una serie de violaciones perpetradas por un sicópata. El asunto se ha complicado bastante porque éste ha dado un pasó más allá en su crueldad: ha comenzado a asesinar. Como si esto fuera poco, Anna tiene otro gran desafío, uno interior: lidiar con el enorme sufrimiento que le provocan las fuertes sensaciones del síndrome de Stendhal…

Un problema que pudiera parecer algo extemporáneo. Porque hablamos de un síndrome que pareciera encontrarse en franco peligro de extinción. Esto porque, desde hace un buen tiempo, la inclinación a la belleza viene siendo ferozmente combatida presentándola como asunto propio de una cursilería demodé. La vergüenza de lo bello- como lo identifica, y a lo que se revela tan intensamente, el poeta Gonzalo Rojas en su ‘Adiós a Hölderlin’

Y -perdónenme- feísmo por doquier. Preconizado por aquellos avanzados en la escala evolutiva de la apreciación estética: la belleza ya es historia – con nietzcheana convicción-. Y en la irreversible y triste ausencia, ¡refocilémonos todos en la sensibilidad ramplona! Que así, qué bien que estamos: el feísmo es cool and trendy… ‘y cómo eleva el hype’ …

Porque en una cultura que reprime y hace escarnio de lo bello: ¿qué tan valorada puede ser esta obra?, pronóstico reservado. Parafraseando la tan manida excusa amorosa diría: ’no es la película, son los espectadores.’

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Se requiere empatía. Para aceptar que, en el universo de Argento – y en el de Stendhal, por supuesto- la belleza no va inocua por la vida. El contacto con la perfección estética es una experiencia que invade, enajena y transforma. Hablamos de un placer con importantes efectos secundarios, porque lo bello va traicioneramente unido al terror y la náusea.

La escena del museo. Argento ha sido el único director al que se le ha permitido la filmación en tal espacio: la Galleria degli Uffizzi –orgasmo de privilegio-. A mi juicio, una de las escenas más exquisitas y oníricas que nos ha entregado el cine. Una protagonista con una hipersensibilidad o disposición hiperestésica: el color, la forma, el sonido, el tacto. Todo agrede. Y confunde; el sonido del color, el aroma de la forma.

Porque sucede la amplificación del impacto externo en cada uno de los sentidos. Una imaginación vívida que fusionará al espectador con la obra artística contemplada. Y en aquella unión, el conflicto. Un problema de continente y contenido- o expresado con mayor lirismo: agónica claudica el alma ante la inmensidad de lo sublime.

Y habiendo arribado a este punto del sentir, nuestra protagonista no resistirá más y desvaneciéndose ingresará en ‘La caída de Ícaro’, obra pictórica de Brueghel. Momento mágico, perturbador y poético.

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Y, posterior a la experiencia, nuevamente Stendhal:

 ‘Mis sentimientos son tan profundos que rayan en la tristeza. Todo habla directamente a mi alma. Si tan sólo pudiera olvidarlo’.

Anna vuelve en sí del trauma, con la secuela de la amnesia- en una variante disociativa-. Y es en esta etapa en dónde se encontrará más vulnerable al daño cometido por el objeto de su búsqueda: nada menos que el temido sicópata, Alfredo Grossi, interpretado magníficamente por Thomas Kretschmann. Quien, con ese radar propio de los de su especie, será capaz de detectar el más mínimo movimiento sináptico en su potencial víctima. Nada será ajeno a su retorcida mirada. Y el factor común de todo depravado: la extrema frialdad, pero, además, un privilegiado saber de la naturaleza humana. Conocen a sus víctimas mucho más de lo que ellas quisieran y, lo que es peor, mucho más de lo que ellas se conocen a sí mismas:

‘Te observé…
mirando esas pinturas. Tuviste esa sensación,
 ¿no es así? Tuviste esa sensación’.

Y qué más sabemos de nuestro psycho Alfredo, que tras la fachada de un hombre sumamente cortés y atractivo se esconde un sádico de tomo y lomo que en el culmen de su perversión criminal alcanza una gran excitación contemplando manar la sangre de las mujeres violentadas:

‘Quiero verte, como esta mañana… con los labios sangrando. Moría por besar tu boca, tus sangrientos labios’.

oh, parafilia inspiradora…

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Y a raíz de la vejación sexual y la pérdida de memoria, nuestra protagonista ha fracturado su identidad; y, en ese angustiante vacío, emergerá un nuevo yo. Y no será uno cualquiera, no. Será nada más ni nada menos que el de una killer. Porque Anna Manni no es un ser de medianías –no hay posibilidad con su condición sensible-. Y qué más artista que el que es capaz de reinventarse a sí mismo – aún en la patología- . El yo como obra de arte superior. De la femineidad lánguida, cual musa Botticelli, dará paso a una energía muy masculina: una suerte de heroína vengadora, en extremo combativa. Y no sólo eso, más adelante se travestirá blondamente, a lo femme fatale. El cabello será un gran símbolo de transformación- qué sintomático en nosotras-. Interesante el efecto que provocará tal cambio en el resto: un mundo de hombres. Una película en donde podemos distinguir tres fases y tres personalidades muy distintas en cada una de ellas -claramente delimitadas por la situación capilar de la protagonista-. Es más, pudiera sintetizar las etapas como La Belle Dame Sans Merci, Kill Bill y Verónica Lake –qué progresión, ¿no?-. Un trastorno esquizoide severo que haría las delicias de la más prestigiosa sociedad de psiquiatría.

Anna Manni, un lienzo de horror y belleza

Anna Manni, un lienzo de horror y belleza

Una película de gran interés discursivo. La locura. Escenas que pueden ser reminiscencias de ‘Psicosis’ (Hitchcock, 1960), ‘Repulsión’(Polanski, 1965), ‘Vértigo’(Hitchcock, 1958), ‘Vestida para matar’(De Palma, 1980)– quién da más -. El atormentado mundo interior. El precio de una sensibilidad mayor que no será otro que la enfermedad. Porque quien más siente, accederá al placer más grande y, a la vez, al dolor más horrible. Y el sufrimiento como germen de violencia- la escalada hacia otros y a la autoagresión.

Y cómo se integra esta violencia en una creación con marcada vocación esteticista. En esta oportunidad fue el talento del maestro de fotografía, el gran Giuseppe Rotunno quien mantuvo moderación en el expresionismo característico del director. Porque lo habitual en él es el plano detalle, los cuerpos femeninos desnudos y victimizados, el subrayado del sonido, el azul-rojo como dialéctica cromática. Sí, porque hemos de reconocer que Argento estiliza la violencia. Y si la violencia tiene una estética, asumimos también que puede haber goce artístico visionándola. Para esto se requiere una cuota alta de cinismo y distanciamiento. ¿Y la ética?, ¿hay lugar para el cuestionamiento ético cuando se trata del placer en el arte?…

Por otro lado, la película plantea otro aspecto importante de la violencia: la que viene desde la misma obra artística. Una violencia subterránea, y por lo mismo, sumamente peligrosa. Es la agresión sicológica sobre el espectador sensible ejercida desde el mismo objeto portador de la anhelada perfección. Es decir, lo perfecto violenta lo imperfecto, por su sola existencia . Impactos que pueden desestabilizar los psiquismos más lábiles. Y llevado esto a la experiencia del cine, a más de alguno le habrá sucedido el comenzar íntegros una película para finalizar convertidos en la patética versión de sí mismos por visionados que son auténticas violaciones. En mi caso, tengo una bien memorable, que tal vez me atreva a revivir y la comente más adelante – para quien disfrute de la crónica roja .

Y a propósito, un hecho intrigante que mueve a morbo –y, por lo mismo, puede ser bastante incómodo de señalar, pero tengo que hacerlo- es Argento dirigiendo a su propia hija como víctima de violación –y, aún más, por partida doble-. Es inevitable preguntarse si en ese momento …

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Porque tenemos el antecedente de Asia Argento habiendo cumplido recién dieciocho años y aceptando el desafío de hacer un desnudo ante las cámaras y nada menos que para su padre en Trauma (Id, 1993). Un compromiso del cual se arrepintió intensamente en el momento de filmación, con crisis de llanto en el set. Sin embargo, al final se logró la escena. Lo que motivó el orgullo de Argento por haber doblegado la voluntad de su hija –y en forma rotunda, si ella siguió desnudándose para él, como sucede en esta película-. Creo que las lectoras no podrán menos que solidarizar con la, entonces, novel actriz. Un requerimiento de pesadilla. Angustiante situación de meta-casting.

Y no es sólo el tema del parentesco. En esta película se repite aquel hecho al cual este director nos tiene tan ‘acostumbrados’, que es la mujer como víctima de violencia:

 ‘Me gustan las mujeres, especialmente las hermosas. Si ellas tienen un buen rostro y figura, preferiría observarlas a ellas siendo asesinadas que a una mujer fea o a un hombre. Y no tengo que justificarme ante nadie. No me importa lo que nadie piense al respecto…’

Indudablemente los roles femeninos suelen ser los más interesantes en la filmografía de Argento. Dinámicos, en fluido trasvasije de víctima a victimaria. Porque la mujer es un ser complejo y de cualidad arcillosa en sus manos. La eleva a un pedestal para allí someterla a los peores flagelos. En relación a esto, sería interesante  diferenciar si la atención a la belleza de las mujeres agredidas se relaciona con un mero vehículo de placer estético para visionar la violencia, como él declara, o si es ensañamiento, precisamente, debido a su belleza ¿Revanchismo no consciente? Quién puede saberlo. Los misteriosos engranajes mentales suelen mover a autoengaño.

Por otro lado, un factor presente, y que es común con el resto de su obra, es la concepción de la familia como lugar incómodo. En este caso, como un espacio de incomunicación que acentúa la sensación opresiva en la protagonista. Porque Anna se encuentra absolutamente sola -qué tristeza cuando la mayor cercanía que se tiene con otro ser humano sucede exclusivamente en la consulta del psiquiatra-. Sin embargo, nuestra protagonista pronto descubrirá que se encuentra muy cerca de quien menos lo espera, Alfredo, el sicópata: porque él también ama el arte.

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Una película atmosférica. Al desasosiego logrado con los aspectos visuales como el claroscuro tenebrista en los ambientes de ataque del sicópata, movimientos de cámara hitchcocknianos como refuerzo a la sensación de descontrol e irrealidad, se suman los elementos auditivos como las torturantes onomatopeyas que emanan desde las mismas obras en plena crisis de Stendhal. Y aquí me detendré un poco para destacar a Morricone como el genio detrás la magnífica banda sonora. Porque en su aclamado trabajo no se suele reconocer su brillante desempeño para ‘La sindrome di Stendhal’ –qué injusto cuando la subvaloración de una película tiende a arrastrar a la musicalización al mismo destino-. Aquí la fórmula será aparentemente simple y a la vez tan compleja. Que no es otra que un patrón de ocho notas repetido una y otra vez, en infinitas variaciones, y, como era de esperar, abduciendo a los espectadores en el más hipnótico trance. Porque así, sin querer, vamos adentrándonos en el peligroso espacio mental de Anna. Decir que me ha sorprendido aún más el ejercicio de disfrutar la banda sonora aislada de la película y advertir las diversas sensaciones que se van sucediendo. La escena de Anna sumergiéndose en la obra de Brueghel no sería lo mismo sin aquel fondo musical. Qué maestría la de Morricone expresando con total perfección la sensación de vértigo. Y alucinación, tensión, angustia, horror, locura… El sonido acompaña con gran precisión cada momento de la historia. Bellísimo.

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En cuanto a las debilidades de la obra, dos me parecen las más notorias- y no quisiera hablar de esto, porque cuánto quiero a esta película, pero honestidad ante todo- La primera, al inicio de la historia. Me pareció algo inusual que el personaje de Asia Argento en su look de virgen medieval fuera también una detective proactiva – y tanto que se desempeña en una división que maneja casos de alto riesgo-. Todavía más –para callarnos la boca, como si supiera-, su jefe comenta que es la mejor evaluada. Es que esa aura de pasividad y de tendencias contemplativas es perfecta para el síndrome de Stendhal, pero no lo es para su perfil laboral. La segunda, la perplejidad de sentir que la película debió terminar con lo que sucede inmediatamente después de la segunda violación de Anna. Porque allí alcanza una gran intensidad y, luego, con la apariencia de no haber motivo para continuar la historia, viene una pérdida de tensión que se recupera hacia el final.

No obstante, lo referido acerca del momento de cuándo debió terminar la historia es la impresión que tuve la primera vez. Porque en los sucesivos, y espaciados, revisionados he visto que el problema fundamental no está ahí. Es más, la existencia del último tercio ahora me parece plenamente justificada. Porque decía al inicio: una obra de ‘madurez conceptual’. Argento ha sido brillante en su concepción original: los giros argumentales son impulsados por dos violaciones. Esto da una evolución en la protagonista, con un resultado de las tres personalidades mencionadas más arriba. Si graficáramos esto, obtendríamos una curva de líneas quebradas muy interesante para un estudio psiquiátrico. Pero esto es cine. Y un quiebre no bien resuelto es sinónimo de ruido. Como así tuve la impresión en el paso de Kill Bill hacia Verónica Lake gatillado por la segunda violación- y lo relacionado a ella. La construcción del personaje con esa larga peluca rubia me pareció bastante burda para alguien tan sensible como Anna -hubiera preferido una femme fatale menos ‘maqueteada’- . Sin embargo, advierto que esto lo digo desde la distancia de la lógica. Y debo estar en un gran error esperando aquello de alguien que vive en una distorsión mayor. Tal vez, por lo mismo, Argento nos muestra aquellas transformaciones radicales, sin sutilezas, como quien juega con un interruptor de luz. Porque la esperada y agradable fluencia en el relato de un cambio probablemente fuera incoherente con la situación de trauma y descontrol sufrida por la protagonista.

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Y lo cierto es que las discutibles debilidades no logran empañar la maravilla del todo. Porque nos encontramos ante una película que gana en cada visionado. Plena de riqueza simbólica: el cuerpo como soporte creativo, las heridas y la alba blusa ensangrentada, la importancia del Miguel Angel desnudo… Es así, como he tenido el placer de ir descubriendo aspectos previamente ignorados, modificando mi percepción original. Como la justificación del tercio final. Aquí, en el personaje de Verónica Lake, tenemos la personificación de la belleza atroz, la ‘Medusa’ de Caravaggio. Porque Anna ya no será más víctima, nunca más será depredada por el arte. Porque ahora ella es arte.  La genialidad de Argento cerrando el círculo.

Sin duda, la obra más valiente y jugada del director. Porque aquí se nos ha develado sin máscara, venciendo el temor de todo artista: revelarse a sí mismo. Porque la tensión permanente del individuo creativo se debate en torno a cómo resolver la imperiosa necesidad de comunicar con el también profundo deseo de ocultación del yo. Y en esta superación, accedemos a un ejercicio de deconstrucción fílmica, que no ha sido otro que la deconstrucción de sí.

Y siendo una de sus obras más bellas– y ‘bello’ no siempre es ‘perfecto’ y la anhelada perfección puede no ser atractiva- es una de la más crueles, sino la más. Porque sería vergonzoso infantilismo medir lo despiadado según la cantidad de hemoglobina derramada – que en este caso no es poca-. Porque la crueldad tiene su sofisticación. Y dentro de esto, no hay nada que sea tan elegante y, a la vez, tan aterrador como el estado de locura. Aquí, la violencia se evidencia en la sangre de los cuerpos, pero eso no es más que el correlato material de la gran violencia. Así como la ‘gran belleza’, existe la ‘gran violencia’. Y ambas se concatenan. La agresión se da en el terreno mental y el origen es la abstracción: el ser atrapados por una imagen, devorados por una idea. Que es la forma ejercida por el arte para tomar posesión nuestra, perpetrando, de esta manera, su mayor crueldad: la fagocitación de los espectadores sensibles. Porque miramos, pero en la más absoluta inconsciencia. Nuestra mirada nos pierde. Y ante la belleza nos rendimos.

Como sucede ante su final. Mi primera impresión fue la de una extraña familiaridad. La revelación vino en un revisionado, años después: la disposición de los personajes evoca una obra artística de gran belleza plástica- que, obviamente, no nombraré-. Y para quien haya empatizado con todo el desarrollo de la historia, qué conmovedora escena al terminar. Una actuación inolvidable, porque ¡cuánta entrega la de Asia Argento! -por siempre Anna Manni.

Después de todo, qué duda cabe. Belleza sin dolor no puede ser belleza.

  • http://gravatar.com/harrypowell Jordi Vilàs

    Jooooder. Plas,plas,plas(aplausos de admiración). Peazo de post, una maravilla. No nos hagas esperar tanto para el siguiente, sinvergüenza!!

    • Andrea K.

      Qué gran halago me has dado, Jordi. Y, viniendo de un maestro como tú, me has hecho el día (y los siguientes, muchos más). Los aplausos vayan para ti , y para quienes me hayan leído, porque estoy consciente que fue un post muuuuy extenso. Al terminarlo, incluso recordé cuando pedías disculpas en ‘The innocents’, grandísimo post, placer de lectura. Así es que sé que me entiendes. El amor no se contiene.

      • Jordi Vilàs

        Siempre son de agradecer los piropos, y el que tú me brindas viniendo de quién viene lo agradezco mucho más aún. Pero yo de maestro ná de ná, siempre me consideraré un aprendiz; y no es falsa modestia, lo digo con la mano en el corazón. Los que me conocen un poco ya saben que nunca estoy del todo satisfecho con lo que hago ni con lo que sé. Debería esforzarme mucho más y debería saber mucho más, muchísimo más, pero soy algo vaguete. ¿Para qué engañarnos?Tan sólo rindo como es debido cuando algo me gusta muchísimo y creo que eso se nota en mi vida diaria, y por supuesto también se refleja en mis posts. Pero repito: ¡¡gracias por el piropo!!

        Por cierto, para que lo sepas, tu artículo(éste), ha superado las 140 visitas. Que no es moco de pavo. Por algo será.

        Ah, y para terminar: los dos tenemos tendencia a “enrrollarnos” como una persiana, pero cuando es necesario, y en este caso lo era. Además por muy largos que sean los posts, si son tan buenos, tan interesantes y tan amenos como éste, vas leyendo y sin darte cuenta te lo has tragado de pe a pa con una sonrisa en el rostro 😉

        Un abrazo!!

  • Loula2

    Muy interesante!! Y completamente de acuerdo en cuanto a lo que comentas: es triste que la belleza se considere a veces algo cursi y clásico, pasado de moda en cierto modo y elitista; y el feísmo se vea como algo cool y rompedor, popular y unificador.
    En cuanto a la relación de Asia Argento con su padre, tiene que ser curioso que con 18 añitos te saque desnuda tu papi en una película….

    • Andrea K.

      Has dado en el clavo Loula2: la valoración de la belleza tiene un estigma de elitismo y el feísmo es democrático. Por lo demás, se tiende a confundir bello con ‘bonito’, el que sí se puede prestar a cursilerías. Y lo de Asia desnudándose ante su padre es fuerte de ver. Para quien no haya visto la película ya en el tráiler se puede apreciar lo difícil que debe haber sido, aunque, como mencioné, el gran paso al respecto ocurrió en ‘Trauma’.

      Y ahora entiendo el porqué todos en el blog están enamorados de ti :), te has pasado con leer el post completo. Saludos.