Especial “brilli brilli”: ‘Un, dos, tres… Al escondite inglés’ – subversión audiovisual

Hace unas semanas os recomendábamos un par de películas cuyo eje transversal era el terrorismo, la comedia La tercera generación y el drama Night Moves. Un, dos, tres… Al escondite inglés (Iván Zulueta, 1969) podría acompañar en una delirante doble sesión a la película de Fassbinder debido a su acidez y contestataria visión del mundo. Empezar hablando de terrorismo en este especial puede parecer sorprendente, pero ya avisamos del eclecticismo de nuestra propuesta. La película de Zulueta es un atentado contra el poder, saliéndose por la tangente academicista y preparando su propio camino que pasaría a la historia con Arrebato (1979). No obstante, sería Pedro Almodóvar el que continuara una senda donde radicalidad y subversión se dan la mano en películas como Pepi, Luci, Bom… y otras chicas del montón (1980) o Laberinto de pasiones (1982), incluyendo dobles y espejos.

La película de Zulueta, con Jaime Chávarri como guionista ad hoc y José Luis Borau como director de cara a las autoridades,[1] puede leerse como la  sublimación de una generación en pie de guerra. Desde que el PCE abandonara la lucha armada a principios de la década de los cincuenta, la oposición antifranquista cambiaría de rumbo con la aparición del eurocomunismo como doctrina alternativa al socialismo soviético y la reconciliación nacional como política interna, el aumento de la protesta social universitaria y obrera, así como el surgimiento de un protosistema de partidos supondrían un punto de inflexión en esta oposición ecléctica: la vieja y nueva oposición. Los sesenta presentarían la consolidación de los movimientos sociales y la protesta estudiantil, los hijos de la guerra tomarían el mando de la nueva oposición, la clase media y europeísta influida por distintas doctrinas, desde nacionalismos hasta el maoísmo, pasando por el catolicismo o el marxismo-leninismo; se enfrentaba al revisionismo de los partidos tradicionales produciendo un abundante número de siglas. Estos fenómenos desembocan en 1969, con el mayo francés resonando y la nueva oposición en auge, la Dictadura decidió establecer el Estado de excepción, por lo que la Escuela Oficial de Cinematografía queda clausurada tras numerosas limitaciones prácticas ejecutadas como comenta Jaime Chávarri en esta entrevista.

Con esta contextualización solo pretendemos aplicar las condiciones sociopolíticas que nos permiten comprender este filme como pop político subversivo, una especie de Spring Breakers (Harmony Korine, 2012) antifranquista. El movimiento hippie, la psicodelia, los ácidos y demás son los lugares comunes en esta década de los que, obviamente, vemos su reflejo en la película, pero no es lo que nos interesa para este texto. Preferimos centrarnos en torno a la pregunta ¿dónde radica la subversión del filme?

Euro(peísmo)visión

La España franquista de los sesenta había evolucionado en comparación con el estereotipo franquista falangista o nacionalcatólico del que se hace saña, en concreto, la sociedad adquirió pautas de comportamiento consumistas y característica de una sociedad liberal que, sin embargo, quedaba lastrada por unas instituciones e ideología hegemónica represivas y moralistas. Si bien, las medidas liberalizadoras y leyes como la de Prensa (1966) permitieron esta apertura, el régimen se dirigía a un callejón sin salida, el de su (auto)demolición controlada. Junto a esta ambivalencia se sitúa la protesta social (armada o no) que se comenta más arriba y de esta unión surge la subversión de Un, dos, tres… al escondite inglés. Por otro lado, las instituciones anhelaban su apertura al mundo, entrar en la Comunidad Europea se convirtió en una prioridad, pero esta vetaba su acceso (aunque sí consiguieron formar parte de organizaciones supranacionales). En este caso, la sociedad sí había conseguido evolucionar más rápido que las instituciones, la mentalidad española urbanita, universitaria y joven tendía al europeísmo, pretendía ser una sociedad más liberal, democrática y alcanzar un estatus más alto que el de sus padres. Esta es la conjunción que se halla en el filme, lo viejo y lo nuevo trasladado a la forma fílmica, lo viejo situado en el tema elegido para Mundocanal –así es llamado Eurovisión en el filme–, ‘Mentira, mentira’, “de corte melódico pero moderno”. Que no os engañen, es un tema tradicional, rancio, es la esencia del régimen, algo que los protagonistas no pueden permitir, ya que ellos emulan lo nuevo.

Mientras el movimiento estudiantil se ponía en marcha, la Unión Europea de Radiodifusión celebraba la primera edición de Eurovisión y, aunque España no participaría por primera vez hasta 1961 con Conchita Bautista, el 28 de octubre de 1956 comenzaban las emisiones regulares de televisión. Hasta 1968, las canciones que representaron a España fueron baladas de temática amorosa desde Conchita Bautista hasta Raphael. No obstante, la triunfadora Massiel lo haría con una canción pop ‘La, la, la’ y su temática se desmarcaba del amor como eje central para cantarle a la vida. Pero Zulueta y sus amigos jóvenes, modernos y europeístas, entienden que este pop edulcorado y yeyé no tiene cabida, menos aún si esto sirve para que el régimen se anote un tanto y conjugue modernización/aperturismo con su estética en blanco y negro.

De modo que, el peculiar grupo de terroristas pop surge debido a lo que representa la canción seleccionada para Mundocanal, otra balada tradicional incapaz de conectar con la juventud vanguardista. Por lo tanto, su objetivo es boicotear a todos los grupos que son designados como representantes para el festival: Los Pop-Tops, Los Ángeles, Los Buenos, Ismael, The End, Shelly y Nueva Generación, Fórmula V, Los Beta, Los Íberos, Henry and The Seven y Los Mitos. Grupos de moda entre la juventud española que representan lo más cool¸ los sonidos de una nueva etapa del rock y del pop con influencias de los Beatles, del British pop, de la psicodelia, sonidos procedentes del funk, el groove y el soul. (Pincha aquí para escuchar la OST completa de la película).

Como nota discordante, Ismael, folclorista español y cantante protesta que residió en París desde principios de los sesenta hasta 1969, interpreta ‘La tarara’. La canción emerge de entre unas ruinas laberínticas en las que dos de los protagonistas buscan al cantautor, este desaparece convirtiéndose en un maniquí para después reaparecer sentado en una cama mientras toca su guitarra. Es el único cantante que no es agredido, el escenario evoca una especie de resistencia, clandestinidad, marginalidad y honestidad que lo hacen inofensivo a los ojos de los boicoteadores, aceptando además, que han sido engañados por otro de sus compinches que les dio la pista falsa sobre la elección de Ismael como el representante español. Pero lo predominante son las canciones con letras en inglés e incluso la participación del grupo The End, el único cuya lengua materna es la inglesa. El resto de OST fue realizado por Vainica Doble que, posteriormente, lanzarían uno de los temas de la película con el nombre ‘A la sombra de un banano’.

La inclusión de estos minutos musicales son influencia directa de las producciones de Richard Lester con los Beatles: ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y ¡Socorro! (1965). Los videoclips no son insertados tan solo como minuto de gloria del grupo de turno, sino con un sentido narrativo al estilo de las películas de los Beatles: al final de la canción alguno de los protagonistas intoxica, envenena o lanza una granada a la banda.

Terrorismo

Tras el nacimiento de ETA en 1958 y su primer atentado en 1961, la lucha armada volverá a la palestra en el territorio español y tendría en los años 70 su fase de apogeo a razón de la Nueva Izquierda Radical que se extendió por toda Europa. El terrorismo explícito se encuentra en los atentados contra los grupos, estos grupos pertenecen a la institución electora, es decir, la televisión pública, en la que Zulueta y el reparto trabajaban en el programa Último grito (1968-1969). El programa de breve emisión, era un ejercicio de estilo y ya ponía en práctica los recursos narrativos y formales que se muestran en este filme. La televisión pública como difusor de las ideas del régimen y herramienta propagandística contra la que luchan los protagonistas, con alusiones directas hacia el NO-DO, la destrucción de un televisor y el desdoblamiento de José María Íñigo en él mismo y Rosco, el serio presentador contra el desenfadado joven (solo hay que prestar atención al vestuario).

José María Íñigo y Rosco (José María Íñigo) en 1, 2, 3… al escondite inglés/Sexilia y Queti (Cecilia Roth) Laberinto de pasiones

Pero la subversión del film se expande más allá del acto violento contra los grupos musicales y el boicot a Mundocanal. Esta radica en las formas, en una narración influida por el collage, el inserto de gags extrínsecos al relato, el uso de negativos y los filtros que innovan en la utilización del videoclip primitivo del que hacía uso Lester en las películas de los Beatles. Este montaje abrupto permite la intertextualidad y la metafílmica, con señoras en sus visillos comentan aspectos de la película o una familia decente cenando y cuyo padre encuentra pelos de su hijo “hippie” en la sopa, formando una serie de insertos que revientan la continuidad narrativa del filme e, incluso, rompiendo la continuidad de estos gags desvelándose en dosis a lo largo del metraje.

Para finalizar, la representación de toda esta burbuja psicodélica que irradia juventud y brillismo está siendo boicoteada por el propio Zulueta. Él es el primer terrorista contra su propia obra, sus personajes son infantiles, tienen berrinches y celos entre ellos, son niños jugando contra aquello que no les gusta, como ocurre en La tercera generación (Rainer Werner Fassbinder, 1979) o en Nocturama (Bertrand Bonello, 2016) la rebeldía es cosa de la clase media. Los artífices de la película se parodian a ellos mismos, de ahí que los nombres de los protagonistas sean el nombre o el apellido de los actores, salvo Gasset que iba a ser interpretado por Antonio Gasset.

[1] El Sindicato de Espectáculos, dirigido por José Antonio Bardem en ese momento, no había concedido el título de director a Iván Zulueta, condición imprescindible para que pudiera aparecer como director en los créditos, en https://ivanzulueta.net/articulos-propios/el-buen-gusto-vs-mundocanal/

  • Jordi Vilàs

    Bravo, un texto genial y muy instructivo, me lo he pasado pipa.