Especial “brilli brilli”: Dentro del laberinto – Bowie, recuerdos de infancia y marionetas

El revival ochentero que hemos sufrido estos últimos años nos ha permitido recordar que era una época muy hortera, pero también un gran momento para ser una película de fantasía. La cantidad de propuestas que surgieron es buena muestra de ello, destacables muchas por su misticismo (Conan, Flash Gordon, La princesa prometida…) y la que nos ocupa ahora mismo, Dentro del laberinto, que además es una de las favoritas de mi infancia.

Sarah es una adolescente en plena edad del pavo con un exceso de imaginación. Sueña con reinos fantásticos en los que vivir mil aventuras, dónde cualquier cosa es posible. Cuando su plan para la tarde se fastidia al tener que hacer de canguro de su hermano pequeño, desea que el Rey de su mundo de fantasía se lo lleve y así poder estar tranquila. Como hay que tener cuidado con lo que se desea, a la bocazas de Sarah no le quedara otra que atravesar un mágico Laberinto para llegar a la corte del Rey de los Goblins y recuperar a su hermanito.

Dentro del laberinto es quizás la película más famosa del marionetista Jim Henson. Además de ser el creador de Los Teleñecos y colaborar durante años en Barrio Sésamo, Henson fue ante todo un amante de los niños. Creaba para ellos mundos imposibles con los que les invitaba a dejar volar su imaginación, convirtiéndose en un ídolo para muchos de los que fueron niños en los ochenta. La verdad es que Jim Henson molaba (mucho). Fue capaz de ser un gran educador para niños de todo el mundo, y de hecho aún lo sigue siendo, porque su obra permanece entre nosotros. Sus marionetas hacen creer en la magia, con un deje optimista que convierte al mundo en un sitio divertido y bueno para vivir.

El derroche de imaginación que despliega en Dentro del laberinto se utiliza hábilmente para crear un lugar mágico. El surrealista diseño, deudor de Alicia en el país de las Maravillas, te transporta a un mundo nuevo en el que cada giro guarda una nueva sorpresa en este peculiar laberinto. Nada (y todo) es lo que parece en la tierra de los Goblins, sirviendo de sustento para una aventura que hará las delicias de los más pequeños. Para el recuerdo quedan las discusiones con el gusano, el descenso al pantano apestoso, el mítico puzzle de las puertas o la hipnótica batalla final en el infierno de Escher.

El protagonismo absoluto recae en una bellísima y jovencísima Jennifer Conelly, que ya había turbado las fantasías de los adolescentes en Érase una vez en América. Aquí cumple perfectamente con lo que debe ser una adolescente rebelde y contestataria, sin por ello dejar de despertar los sueños efebófilos del antagonista (y de gran parte del respetable). Me parece curiosa como ha ido cambiando mi concepción de ella a medida que he ido creciendo. Cuando era pequeño, recuerdo que me parecía una tirana mandona que merecía todo lo malo que le ocurría, por tratar tan mal a su hermanito. Cuando crecí un poco más, me pareció una persona muy cercana a las chicas que veía en mi día a día, a la que me hubiera gustado conocer. Ahora ya mayor, me identifico con su “sufrimiento” al tener que cuidar de un churumbel al que no tiene por qué apreciar, especialmente en sus desvelos a la hora de arreglar los problemas ocasionados por hablar demasiado. Cosas de madurar, dicen.

Llevamos ya un buen rato hablando de la película y, si os fijáis, el brilli brilli no ha aparecido en ningún momento. ¿Destaca el mundo del Laberinto por su brilli brilli? El universo es colorista e imaginativo, con el toque artesanal de épocas en que el ordenador todavía estaba en pañales, pero no peca de excesivo ni hortera. Los diferentes lugares que Sarah visita en sus aventuras destacan si acaso por tener el toque exacto de surrealismo para captar nuestra atención sin por ello resultar cargante. Entonces, ¿dónde está el brilli brilli?

Evidentemente, en ÉL. EL REY.

David Bowie (y su paquetón) derrocha carisma y roba cada escena en la que aparece a base de una actuación cargada de toneladas y toneladas de brilli brilli. Es imposible no fijarse en él y quedarse prendado del Rey Goblin. No hay más que ver el éxito que tiene su presencia en cualquier reunión de cosplayers, incluso treinta años después del estreno de la película. Para muestra, un botón.

Toda la carrera del recientemente desaparecido artista es una de las mejores encarnaciones del brillibrillismo que no debéis dejar de visitar en profundidad. Vale la pena.

Concluyendo, que es gerundio. Dentro del laberinto  es una película hecha con mucho cariño (como todo lo que hacía Henson) que tiene la magia suficiente para maravillar al público infantil, al juvenil y al más maduro que todavía tenga capacidad de soñar. Constituye una invitación para soñar y sumergirse en un mundo fantástico y maravilloso. Y luego está Bowie, claro. Bowie.

 

 

  • Bellverona

    Recuerdo que el personaje de Bowie me aterraba. Para llegar a mi casa había que cruzar un pasillo muy largo con muros a los lados y ahí jugábamos mis hermanos y yo a imaginar que tocando los ladrillos apropiados se abría un laberinto mágico, es por este recuerdo mas que por la película en si que me entra nostalgia hablar de ella.
    Me gustaban las marionetas de Henson pero también me producían una sensación de miedo, no se por qué, cosas de niños, supongo.
    Qué guapísima me parecía Jennifer Connelly ahí, casi tanto como Brooke Shields a las que de jóvenes veía un cierto parecido.

    • http://meitnerio.blogspot.com meitnerio

      ¿Confundías a Connelly y a Shields? Más allá de ser unas bellezas muy jóvenes, no lo acabo de ver.

      La principal magia de la película es justo la que nombras, la capacidad de fascinar a los más pequeños para que se lancen a explorar mundos fantásticos a través de la imaginación. ^^ Pocas películas hacen eso ahora (creo).