Brilli brilli: ‘La calle 42’, de Lloyd Bacon

Tras la llegada del sonoro al Cine y el exitazo de El cantor de jazz (Alan Crosland, 1927), las grandes productoras tomaron buena nota y empezaron a darle cañita al género musical, explotándolo de forma que llegó a no dar más de sí (como hacen siempre… ya vemos que esto no es cosa de los últimos años), con lo que el público dejó de responder por puro cansancio y falta de originalidad, provocando que la Warner quedara al borde de la bancarrota. Ya no había chispa en lo que se veía en pantalla y todo pintaba fatal en plena Gran Depresión americana

Y es en ese momento cuando llega una nueva película titulada La calle 42 (42nd Street, 1933), dirigida por Lloyd Bacon, ayudado especialmente Busby Berkeley como coreógrafo (que ya estaba trabajando para la Warner con otros títulos), para revolucionar el género y traer nuevos aires, nuevo brilli brilli, a las pantallas y a  las caras de los espectadores que tanto necesitaban evadirse de la realidaden aquella época.

La película cuenta cómo es el montaje del musical Pretty lady, dirigido por Julian Marsh (Warner Baxter), quien reconoce sin pudor ser un auténtico tirano con su equipo, y más si tiene poco tiempo para montar una obra, como es el caso. Además, está enfermo y sufre habituales depresiones, con lo cual su mala leche se verá incluso aumentada. Alrededor de Marsh veremos a quien financia la obra, un millonetis (Guy Kibbee) prendado de una de las estrellas del momento (Bebe Daniels) y a la que concederá cualquier capricho, así como a un elenco que hará lo posible por sobrevivir al montaje y a ser posible llegar a ser estrellas del escenario sea como sea o intentar cumplir sus propios sueños.

Entre los actores del reparto destacan la estrella de la época Dick Powell y la debutante Ruby Keeler (quien era pareja de Al Jonson en aquel momento) como la chiquilla que desde abajo acaba convirtiéndose en gran estrella (como lo fue la propia Keeler), así como Ginger Rogers, en un papel minúsculo (por cierto, la actriz entró en el rodaje gracias al director inicialmente previsto Mervyn LeRoy, con quien estaba liada).

La calle 42 empieza con unos planos que nos sitúan a la perfección: Nueva York desde el aire y seguidamente caemos de lleno en esa calle donde estaremos metidos hasta el final de la película, viendo los escarceos amorosos entre unos personajes y otros mientras el musical que preparan sigue su curso. Si bien en esos momentos no hay mayor complicación visual, es en los planos dentro del teatro donde más destaca el trabajo de Lloyd Bacon, quien como ya he dicho un poco más arriba fue quien sustituyó a Mervyn LeRoy, debido a una enfermedad de éste. No podemos saber cómo habría quedado la película con LeRoy tras las cámaras, pero quizá podamos hacernos una idea de ello viendo Vampiresas 1933 (Gold diggers of 1933), película que rodó el mismo año y con prácticamente el mismo reparto. Personalmente, y aunque la de LeRoy es también considerada un clásico del género, a mí me aburre soberanamente, a pesar de tener algún toque de buena comedia… pero poco más.

En cuanto a la historia de La calle 42, no es un derroche de divertimento pero al menos se lleva bien, aunque como digo donde más  se disfruta el trabajo de dirección es en los travellings y las grúas que viajan sobre las butacas del teatro, hacia y desde el escenario. Como la película se hizo un año antes de que llegara el Código Hays con su censura, se goza en pantalla con algunos datos, comentarios o situaciones que pueden considerarse irreverentes para la época, mostrando arribismos, crítica social, sexualidad… Lo cual hace que en este sentido la película también tenga su mérito para ser recordada.

Ahora bien, lo realmente bueno y lo que ha conseguido que la película sea tan recordada y que recaudara tanto dinero (se hizo con apenas 450.000 dólares y consiguió más de dos millones) es lo que ofreció el coreógrafo Busby Berkeley. Y eso se ve en los últimos veinte minutos de película, donde toda la historia de los personajes ha quedado completamente apartada para centrarnos en unas coreografías totalmente imposibles y mágicas, caleidoscópicas, llenas de piernas y figuras geométricas, transaparencias, superposiciones y lentejuelas (en definitiva, brilli brilli) que nunca podrían verse si uno se encuentra en el propio teatro y que el Cine hace posible que todos veamos. Tres canciones finales (creadas por Harry Warren y Al Dubin) que nos llevan desde primeros planos de quienes estén en escena hasta un Nueva York lleno de personajes, vehículos, ¡caballos! y muchas historias de las que ninguna, y digo ninguna, se quedará sin contar. Y todo sobre el escenario, traspasando límites de todo tipo. Busby Berkeley, todo un genio, un auténtico mago.

[En el siguiente vídeo se puede ver parte de todo ese espectacular baile final, con el que es inevitable quedarse con la boca abierta]

  • RobertFonoll

    Este es uno de los musicales de la época que quiero ver, igual que ‘Vampiresas 1933’ que también mencionas. Dices, más o menos, lo que espero de ella. Que no sea gran cosa, pero sí entretenida y con buenos números musicales. Ya veré.
    Saludos, Jon!

    • Kaabee

      Buenas RoFo! Pues sí, entretenidilla es. No esperes la repanocha en cuanto a argumento pero tiene alguna que otra situación simpática. En cuanto a “Vampiresas 1933”, tiene algo más de canciones, pero como comento, no me ha parecido muy allá.

      Hay que esperar al final en ambas pelis para quedarse boquiabierto con el saber hacer de Busby Berkeley, siendo todo el trozo final de “La calle 42” el que me gusta, con diferencia, más.

      He visto que el bueno de Berkeley dirigió una peli de cine negro, queriendo demostrar así que sabía hacer algo más que fantásticas coreografías. No recuerdo ahora su título, pero a ver si de una forma o de otra puedo verla. Y ya puestos a ver si hay suerte y puedo hacer lo mismo con otra de Mervyn LeRoy titulada “Soy un fugitivo”, que dicen que es una de las cumbres del género (o subgénero) carcelario. Y eso que es de aquellos primerizos años 30…

      ¡Saludetes!

      • RobertFonoll

        Lo tendré en cuenta, ¡muchas gracias!

        Pues la de “Soy un fugitivo” yo la he visto y sí que es buena, creo que a ti también te gustará.
        De LeRoy he visto ésta y “Hampa Dorada” con Edward G. Robinson, ambas buenas aunque considero superior la que protagoniza Paul Muni.

        ¡Saludos!

      • Kaabee

        ¡Ostras, Hampa dorada! La vi hace una eternidad (o más), cuando en TVE amaban un poco el Cine y se podían ver clasicazos de todo tipo (aunque fuera a altas horas de la noche). Tengo únicamente el recuerdo de que me gustó la peli… A mí es que claro, este tipo de pelis también es fácil que me guste :p