Historia vs. Ficción – María, reina de Escocia

La primera parada del viaje en el tiempo que les propongo esta vez es 1895. El cine apenas está tomando sus primeros biberones de mano de los Lumière. Tan sólo unos pocos afortunados han tenido acceso a lo que décadas más tarde será aclamado como el arte más completo de todos. Hasta entonces, muchas piedras habrán de colocarse para levantar a los altares ese infinito universo cinematográfico. Una de las que más ventanas creativas y narrativas abrirá será el empleo de los efectos especiales. Será precisamente este mismo año en que el cine se inventa, 1895, el que albergue la aparición de este recurso. En una película de 18 segundos, producida por el mismísimo Thomas Alva Edison y dirigida por Alfred Clark, María Estuardo es decapitada delante de los ojos del espectador. Un maniquí que sustituye en el instante preciso el cuerpo de la actriz –se rumorea que esta cinta fue también la primera que contó con actores profesionales– es el responsable de la trascendencia histórica de esta película. Es posible que, además, nos encontremos –y 18 segundos bastan– ante la primera pieza potencialmente criticable por este “Especial”, pues, como descubrirán más tarde, la destreza del verdugo de “La ejecución de María Estuardo” está más que sobredimensionada.

María Estuardo es, junto a Ana Bolena y a Isabel I de Inglaterra, una de las reinas más tratadas por el mundo del cine y, lógicamente, tampoco podía escapar a nuestro ojo crítico. Poderosa, desgraciada, vengativa, la tres veces viuda era, además, una de las mujeres más bellas de su época –hace unos años, de hecho, se filtró a la prensa la noticia de que Scarlett Johansson recrearía a la difunta Reina–. Estas condiciones hacen de María Estuardo un interesantísimo personaje dramático que sigue tan vivo como lo estaba en 1895. No en vano, a pesar de haber sido tratado por nombres como John Ford (“María Estuardo”, 1936) o Charles Jarrott (“María, reina de Escocia”, 1971), en el 2013 su vida fue nuevamente llevada a la gran y a la pequeña pantalla (“MARY Queen of Scots” y “Reign”, respectivamente) –de forma no muy apropiada en el último caso, según nuestros colegas de indiewire y próximamente podremos volver a acercarnos a ella de la mano de la directora Susanne Bier.

En cualquier caso, “María, reina de Escocia”, obra de Charles Jarrott, autor dos años antes de “Ana de los mil días”, es la pieza de disección que hemos escogido. Es el momento adecuado, asimismo, para elegir una banda sonora con la que amenizar el resto del post al lector. En este caso, hemos optado por una de las personalidades literarias más importantes de la historia escocesa, Robert Burns –no abandone Escocia sin haber antes degustado haggis presentados al ritmo de su más conocido poema–. Con “Lament of Mary, Queen of Scots”, Burns dio buena muestra de la alta consideración que guardaba por la figura de María Estuardo, cuyo desgraciado destino llora en esta canción con la que damos por fin comienzo a su historia.

María Estuardo (Vanessa Redgrave) es la primera hija legítima que le sobrevivirá a Jacobo V, rey de Escocia, que va a morir seis días después del nacimiento de ésta, signo premonitorio quizá de la desdicha que le acompañará a lo largo de su vida. Es entonces, el 14 de diciembre de 1542, cuando María se convierte en reina de Escocia. Retomemos “Braveheart” (Mel Gibson, 1995). ¿Recuerdan a Robert the Bruce, Robert I de Escocia? Robert the Bruce tuvo una hija, Marjorie Bruce, que se casó con Walter Estuardo, siendo esta unión la responsable de que la casa de los Estuardo llegará al trono escocés. Convencido de que los Estuardo terminarían como empezaron, con una mujer en el trono –hasta María Estuardo todo habían sido varones–, dicen las malas lenguas que el espanto que le supuso a Jacobo V la noticia del nacimiento de una hija fue lo que le llevó a la tumba. Aunque certero en sus convicciones –la reina Ana Estuardo le daría la razón en 1714–, su muerte hubiera sido, en tal caso, evitable.

Pero el caso es que los padres de Jacobo V eran Jacobo IV, rey de Escocia, y Margarita Tudor, la hermana mayor de Enrique VIII. He aquí, en este matrimonio, la causa de una de las enemistades más grandes de la historia inglesa, la de Isabel I (Glenda Jackson) de Inglaterra y María Estuardo. Enrique VIII, como ya hemos explicado más que de sobra, subió al trono en el puesto de su hermano Arturo, que había muerto prematuramente sin descendencia. El conflictivo monarca tenía, además, una hermana mayor, Margarita, y una menor, María, además de otros tres hermanos más pequeños que murieron antes de cumplir los 4 años de edad. Terminada la línea sucesoria de Enrique VIII, la herencia del trono inglés había de seguir después la de Margarita, que llevaba directamente a María Estuardo. La muerte de María I, la hija de Enrique VIII con su primera mujer, en 1558 dejó como sucesora al trono a Isabel I, cuya presencia no era reconocida como legítima por los sectores más católicos de Inglaterra ni de Europa, ni por supuesto por María Estuardo, quien se creía merecedora de tales privilegios.

Mini-Especial Historia vs Ficción María reina de Escocia - Miguel García Boyano

El regente encargado de suceder a Jacobo V al frente de Escocia fue el Conde de Arran, protestante, bajo cuyo mandato se firmó el tratado de Greenwich, por el cual María Estuardo se casaría al cumplir los diez años de edad con el primogénito de Enrique VIII, el príncipe Eduardo. Sin embargo, pasaron los años y las relaciones entre Francia y Escocia se estrecharon, al tiempo que las históricas rencillas con Inglaterra volvieron a florecer, lo que supuso la ruptura del tratado de Greenwich y el compromiso de María Estuardo con el joven Francisco (Richard Denning), el hijo primogénito de Enrique II, rey de Francia, a cuya corte pasaría a vivir la jovencita de cinco años.

Avanzamos a 1559. Enrique II muere en una justa y su hijo Francisco, de dieciséis años de edad, sube al trono. Tan corta edad explica que fueran en realidad los hermanos Carlos (Raf De la Torre) y Francisco de Guisa (Vernon Dobtcheff), tíos de María, los que se encargaron de dirigir su reino en el breve periodo durante el que éste se dilató. María de Guisa, madre de María, regente de Escocia desde 1554 y que se había servido durante años de las tropas francesas para mantenerse en el poder, muere en julio de 1560. Meses más tarde, en diciembre, muere Franscisco II, culpa de un absceso cerebral; si bien, en el filme, la noticia de la muerte de María de Guisa se solapa con esta otra desgracia. Además, la introducción del mismo sitúa estos acontecimientos en 1558, denominando ya como rey al marido de María Estuardo, lo cual es un error de bulto –por serle totalmente innecesario a la ficción–. Con esta muerte, el poder pasaba a manos de Catalina de Médici (Katherine Kath), la madre de Enrique II, con la que María mantenía una muy mala relación; ella, en cambio, había de poner rumbo a Escocia.

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María Estuardo fue descrita como una de las mujeres más bellas de su época. Era alta y de piel clara; sin embargo, sus ojos eran marrones y su pelo, castaño, descripciones no atribuibles a Vanessa Redgrave.

 María Estuardo llegaba a Leith (Edimburgo) en agosto de 1561, sin haber recibido salvoconducto alguno por parte de Isabel I para navegar por aguas inglesas, en una expedición liderada por su futuro marido, Jacobo Hepburn, IV conde de Bothwell (Nigel Davenport), cuyo barco, a pesar de lo que hace pensar el filme, no fue secuestrado por los ingleses. A su llegada a Escocia, convierte a su hermanastro, Jacobo Estuardo (Patrick McGoohan), I conde de Moray, líder de los lores protestantes, en su principal consejero. Tiene lugar por aquel entonces, además, la Reforma protestante en Escocia, llevada a cabo por John Knox (Robert James). Todo son, por tanto, dificultades para María Estuardo, ferviente católica, que, desde un punto de vista político, se equivocará en la tolerancia que muestra desde un primer momento hacia el protestantismo, religión profesada por sus grandes opositores, entre los que se incluía, y a la cabeza, la reina de Inglaterra, Isabel I.

No hace falta que les vuelva a introducir a Lord Dudley, supongo, y es que recordamos que en torno a él giraba “Elizabeth” (Shekhar Kapur, 1998). Como explicábamos, la muerte de su esposa en extrañas circunstancias, allá por septiembre de 1560, impidió que su romance ilegítimo con Isabel I pudiera llegar a mejores términos. Lo que no mencionamos entonces es que la Reina Virgen le propuso como pretendiente a María Estuardo, tal y como narra la película. Las intenciones de la maquiavélica Reina tenían como fin controlar el gobierno de Escocia manejando a su antojo al futurible Rey consorte. Un plan cuanto menos pretencioso que le valió a Lord Dudley el título de conde de Leicester. Y, aunque cierto, hubiera sido, por simple, poco creíble para el espectador, motivo por el cual el guión de esta cinta decidió dar una vuelta más de rosca, suponiendo que lo que Isabel I pretendía realmente es que cayera enamorada del atractivo e incompetente Lord Darnley (Timothy Dalton). Sin embargo, aunque María Estuardo, conocedora del romance de Lord Dudley con su prima, no quiso saber nada de él, no es cierto que conociera a su segundo marido, Lord Darnley, gracias a las maquinaciones de Isabel I. Lord Darnley y María Estuardo eran ambos nietos de Margarita Tudor, lo que aumentaba las posibilidades de que su descendencia heredara la corona inglesa, por lo que hubiera sido un sinsentido para Isabel I promover esta unión. De hecho, ya le había conocido mucho antes, en febrero de 1561, en Francia. Si bien es cierto que su idilio se desarrolló años más tarde, durante la primera mitad de 1565, contrayendo matrimonio en julio de ese mismo año, tampoco tuvo nada que ver en todo ello el Conde de Bothwell.

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De arriba abajo y de izquierda a derecha, Isabel I, Lord Dudley, Sir William Cecil y John Knox.

 Este matrimonio enfureció a las fuerzas protestantes escocesas, dado que Lord Darnley profesaba también la fe católica. El Conde de Moray y los suyos aprovecharon las ambiciones de poder del consorte y los celos que guardaba hacia David Rizzio (Ian Holm) –nada se ha reportado, en cambio, de un posible encuentro sexual entre ambos–, el secretario privado de la Reina, para iniciar una conspiración contra María Estuardo, que estaba embarazada de seis meses. En marzo de 1566, David Rizzio era asesinado tal y como se expone en esta película. Lord Darnley demostró de nuevo no ser hombre de palabra cambiando de bando dos días más tarde –no la misma noche–, momento en el cual escapó junto a la Reina de su propio palacio al castillo de Hermitage. No tardo, sin embargo, mucho en volver al palacio de Holyrood, apenas unos días, dando a luz allí mismo el 19 de junio al futuro rey Jacobo VI de Escocia; se equivoca, por tanto, en este punto la cinta. El papel del Conde de Bothwell en la resolución de este asunto fue crucial, lo que le permitió ganarse tanto la confianza como el corazón de la Reina.

María Estuardo se había vuelto a enamorar, lo que, con sus antecedentes, era un problema. Nada podía salir peor que su matrimonio con Lord Darnley –debió pensar–. Inocente criatura, la Estuardo. A pesar de la gravedad de la sífilis que su marido sufría –precio que hubo de pagar por sus conocidas juergas nocturnas–, la Reina, los nobles protestantes y especialmente el Conde de Bothwell decidieron acabar tempranamente con su vida. Una noche de febrero de 1567, mientras María Estuardo asistía a una boda, Kirk o’Field, residencia de Lord Darnley, saltaba por los aires. Su cuerpo apareció, sin embargo, sin señales de haber sido consumido por el fuego en un jardín cercano y con claros signos de estrangulamiento, lo cual se recrea a la perfección en “María, reina de Escocia”.

Por si las sospechas que podían existir acerca de la muerte de su marido fueran pocas, unos meses después, María Estuardo se casaba con el Conde de Bothwell. Aunque en esta obra no se le ofrece la oportunidad, más tarde la Reina trataría de excusar su error asegurando haber contraído este matrimonio para salvar su honor, tras haber sido violada por el Conde de Bothwell, de quien se había quedado embarazada. Esta inverosímil historieta culminaba con un desgraciado aborto que eliminaba, para su desgracia, prueba alguna al respecto. El Conde de Bothwell, por su parte, arrojaba un poco más de luz al asunto divorciándose de su mujer, Jean Gordon, apenas unos días antes de la boda. Conviene mencionar un pequeño fallo respecto a este personaje; en la película, María Estuardo se sorprende cuando descubre que el que sería más tarde su tercer marido se ha casado con Jean, lo cual no tiene mucho sentido, dado que ella misma fue testigo visual de su boda.

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De arriba abajo y de izquierda a derecha, Lord Darnley, el Conde de Bothwell, el Conde de Moray y David Rizzio.

 

La boda se celebró por el rito protestante, lo que, unido al divorcio del Conde de Bothwell, hizo que María Estuardo se ganara la enemistad de los únicos que hasta entonces la habían apoyado, los católicos. Su caída sólo fue cuestión de tiempo. Un mes después de la boda, en junio de 1567, los lores escoceses se levantaron contra su Majestad en Carberry Hill. La Reina perdió la batalla y acabó encerrada en el castillo de Loch Leven. El 24 de julio era obligada a abdicar a favor de su hijo, cuya regencia llevaría a cabo su hermanastro, el conde de Moray. El Conde de Bothwell, por su parte, era castigado con el exilio y, tal y como narra esta cinta, terminaría sus días enfermo mental y en una prisión danesa. Tras un año encerrada en Loch Leven, María Estuardo consiguió escapar. Las fuerzas del ejército que consiguió reunir no fueron suficientes como para volver a ocupar el trono de Escocia y apenas logró huir al norte de Inglaterra. En este filme no se habla de la batalla de Carberry Hill, ni del año que María Estuardo pasó en Loch Leven y mucho menos de su huida. En lugar de relatar los acontecimientos tal y como se desarrollaron, el guión de John Hale opta por no alargar más un ya de por sí extenso metraje y por simplificar los hechos. Así, los lores escoceses toman prisionera a la Reina sin batalla de por medio y, aparentemente, en el curso de no más de un día ésta acaba viéndose obligada a abdicar y a exiliarse en Inglaterra.

La ilusa de María Estuardo creía, efectivamente, que su prima Isabel I, con la que había mantenido una histórica enemistad, le ayudaría a reconquistar su trono. Y, aunque no hubo encuentro de por medio para debatir tal ayuda, la postura de la Reina inglesa quedó clara. Astutamente, le ofreció ayuda siempre y cuando la Justicia declarara a la Estuardo inocente del asesinato de su segundo marido. En este punto, la película da un gran salto en el tiempo y nos ofrece las consecuencias de tan severa condición.

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La prueba sobre la que giró el juicio fueron las famosas cartas que se nos presentan en un cofre de plata en la cinta y con las que el hermanastro primero e Isabel I más tarde amenazan a María Estuardo. Éstas eran ocho cartas y algunos sonetos sin firmar que, supuestamente, le había escrito al Conde de Bothwell. Mucho se ha debatido históricamente acerca de la verdadera autoría de las mismas, pero el caso es que le sirvieron a Isabel I para retener indefinidamente a su prima en Inglaterra bajo custodia –ni mucho menos hablamos de la prisión de la Torre de Londres– y, así, anularla sin llegar a eliminarla del todo, lo cual podría haberle traído innecesarias enemistades.

Numerosas conspiraciones que tuvieron a ambas primas por protagonistas se desarrollaron a lo largo de las siguientes dos décadas; la del duque de Norfolk, por ejemplo, de la que ya hablamos en “Elizabeth”. La última de ellas, en 1586, fue la llamada “Conspiración de Babington”; en ella, María Estuardo llegó a firmar un consentimiento para el asesinato de su prima. Esta rúbrica fue la excusa que, finalmente, permitió a Isabel I ordenar la ejecución de María Estuardo. En ningún momento le ofreció el perdón a cambio del arrepentimiento y, mucho menos, en persona, dado que, de hecho, nunca se llegaron a ver las caras.

Siguiendo los pasos de tantos personajes ya desgranados en esta sección, María Estuardo fue decapitada el 8 de febrero de 1587, a los 45 años de edad. Para la ocasión eligió vestir de rojo, color de los mártires católicos, a quienes pretendió emular. Sus últimas palabras fueron, efectivamente, “In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum”. La Ficción, sin embargo, se va a separar de la Historia al recrear el letal golpe recibido por la Reina. Al igual que Alfred Clark en 1895, Charles Jarrott optó por ocultar el patetismo que envolvió la muerte de María Estuardo, dado que, desde un punto de vista artístico y funcional, podría haber ensombrecido la elegancia con que está rodada esta película. Ahora bien, hay que recalcar que el verdugo encargado del fatal acto era bastante inepto y necesitó hasta tres hachazos para llevarlo a cabo del todo.

– Conclusiones:

Una de las frases más repetidas por María Estuardo a lo largo de su vida cautiva fue “In my end lies my beginning”. Al igual que Ana Bolena, su gran consuelo era su hijo, a través de quien estaba convencida de que los Estuardo terminarían reinando sobre Inglaterra. Y así fue. A la muerte de Isabel I en 1603, Jacobo VI de Escocia se convertía en I de Inglaterra, dando justificación así a la causa de su madre.

Decíamos previamente que “María, reina de Escocia” erraba en su narración de dos encuentros ficticios entre su protagonista e Isabel I, puesto que nunca se llegaron a cruzar en el camino. En vida, al menos, y es que en 1612 Jacobo I ordenaba exhumar el cadáver de su madre y enterrarlo en la Abadía de Westminster, como correspondía a los monarcas. Su cuerpo descansa desde entonces apenas a unos metros del de su prima y mayor enemiga en vida, Isabel I. Mi última parada es el 2011, año del estreno de “Anonymous” (Roland Emmerich). ¿Recuerdan quién interpretaba en esta obra a Isabel I? Supongo que, a veces, la realidad supera a la ficción.

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PROXIMA PARADA: “La reina Victoria” (Jean-Marc Vallée, 2009) el 28 de julio.

  • loula2

    Qué buen trabajo de caracterización de los actores!! Esta versión no la he visto, pero queda apuntada ya mismo.
    Por cierto, me encanta el detalle del Dancing Queen de Abba. 🙂

    • Miguel

      Pues espera a ver “La reina Victoria”, la caracterización en ella es sublime si atiendes a los retratos de los personajes, salvo en el caso de la protagonista, como en este caso.
      Esta película es, junto a “Braveheart”, la película que recomendaría ver a quien vaya a hacer turismo por Escocia en sus vacaciones.
      ¿No te ha gustado más la última canción del post? La pasión con la que canta este grupo la historia escocesa es capaz de hacértela presente, de darle trascendencia a hechos de hace siglos. Nada fácil.

      • loula2

        Pues si, y la rubia tiene una voz a lo Bonnie Tyler muy apropiada.
        La verdad es que lo de los post con ambientación musical me encanta!! Y es un acierto mezclar temas de distintas épocas.