Especial “Stephen King” (XIV): ‘Creepshow 2’ – Pesadillas en miniatura

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Y de nuevo volvemos a uno de los formatos que más éxito le han proporcionado al escritor de Maine. Con una imaginación desbordante, Stephen King nunca tuvo problemas a la hora de tener ideas. Desde muy temprana edad, y tras un gran número de rechazos, siempre ha encontrado en el relato corto una manera de sacar a relucir todas estas ideas que inundaban su cabeza, a la vez que lo ayudaban a formarse como escritor, y en fin… también pagaba las facturas. Se puede decir que la relación ha sido simbiótica, ya que el mismo formato se ha beneficiado del éxito del escritor, reavivándolo y poniéndolo de moda de nuevo, ya que que estaba bastante en desuso, en cuanto a ventas se refiere. Y algunos de estos relatos se han podido ver en pantalla grande, en películas/recopilatorios de los que ya hemos hablado con anterioridad.

Efectivamente, ‘Creepshow’ y ‘Los ojos del gato’ no serían las únicas obras que utilizarían pesadillas en miniatura para ser presentadas al gran público. Ni tampoco sería la última (hablamos siempre en torno al trabajo de King). Más adelante vendría otra secuela que utilizaría el nombre ‘Creepshow’, pero ni el escritor ni el director George A. Romero estarían presentes en el proyecto, (en esta película de la que hablamos hoy, Romero se encargaría del guión, dejando las labores de dirección a Michael Gornick). Tom Savini, que en ‘Creepshow 2’ encarna al “adorable” narrador, diría que la verdadera secuela se llamaría de otra forma. Pero de eso entraremos en detalles en el futuro. Centrémonos pues en esta nueva entrega de historias.

Encontramos similitudes con respecto a la original, como lo son las secuencias animadas homenaje a esos cómic que sirvieron de inspiración para todo esto, al igual que la presencia de un niño en el prólogo y los interludios, aunque esta vez no se trate de Joe Hill. Para la película se pensó originalmente en cinco historias siendo descartadas dos de ellas, por motivos de presupuesto; que son: ‘Pinfall’ y ‘Cat from hell’. No desesperéis, ‘Cat from Hell’ se utilizaría posteriormente para esa secuela no oficial misteriosa de la que hablaremos más adelante. Permitidme meterme de lleno pues, en cada una de las tres historias restantes.

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‘El viejo cabeza de madera’: Tocamos con esta, digamos, leyenda, un tema tan suculento como explorado anteriormente en películas de terror, incluso de la misma década. Los indios (o siendo más politicamente correctos, los nativos americanos) son conocidos, aparte de su ansia de cabelleras, por su naturaleza supersticiosa y su habilidad para contar historias. Sirva como homenaje pues este corto, aunque es cierto que simboliza la energía kármica con un símil poco sutil. Un antiguo “ente” se manifestará al producirse un atraco pasado de rosca y “cazará” a los autores de dicha afrenta. Venganza pura y dura, o el equilibrio restableciéndose en el universo. Sea como fuere, una manera muy gráfica y contundente de empezar con la película.

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‘La balsa’: se dice que es el mejor corto de lejos, y no seré yo el que lo ponga en duda. Como suele pasar en este tipo de casos, se sustenta en un relato con mucha fuerza, uno de mis preferidos de Stephen King, y que destaca en el recopilatorio en el que fue publicado (‘Skeleton Crew’ en ingles, que fue dividido en cuatro libros en España).

En el se cuenta la historia de supervivencia de cuatro chicos en busca de un suspiro en sus, más que seguro, ajetreadas vidas de adolescentes. Ese descanso es una escapada a un lago en el que flota una balsa, a la cuál se retan a llegar nadando. De lo que no eran conscientes era de la presencia de un ser sin forma que también vive en el lago y que lo único que busca es alimentarse. Una historia de terror que ahonda en ese tipo de miedos intrínsecos que todos descartamos por absurdos, pero que están ahí. Sea en un lago, el mar, o incluso un pantano (ya el hecho de que lo inaugurara Franco puede dar lugar a varios relatos), a todos se nos ha cruzado por la mente que la posible existencia de algo debajo del agua. El hecho de que en este caso sea algo sin forma no ayuda en absoluto, pues esto no es ‘Tiburón’, en el que sabemos a que nos enfrentamos. Es un ser del que no sabemos nada, ni lo quiere, ni como atacará, ni si se puede parar. Terrorífico. 

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‘El autoestopista’: No se trata de la historia de ‘La chica de la curva’ al uso. Es mucho menos sugerente y más directa. Con más sangre. Con más… de todo. Pero, curiosamente, con menos emoción. Aunque en este caso no es que sea necesario. Es un relato que nos conecta con el monstruo, en este caso. Digo monstruo refiriéndome al ser sobrenatural, porque lo que está claro desde un principio es quién es el malo en todo el embrollo. 

Por separado no dicen mucho, pero en conjunto sirven perfectamente como entretenimiento, siendo lo cutre y lo exagerado, de nuevo, marcas de la casa. Tres historias que entrelazadas nos harán pasar un rato muy ameno y que demuestran que el formato no está obsoleto en absoluto.

Ahora, si empezáis a hartaros de cine cutre que utiliza el nombre de Stephen King como reclamo, os aconsejo que os compréis un bozal, porque la siguiente entrega del especial os hará ladrar mucho. ¿O tal vez no?

Un saludo, cinéfagos. Hasta la próxima.