Twin Peaks – De por qué “Twin Peaks: fuego camina conmigo” es necesaria y de qué podemos esperar en su tercera temporada

Twin Peaks – De por qué “Twin Peaks fuego camina conmigo” es apasionante y de qué podemos esperar en su tercera temporada

Estrenada en el festival de Cannes de 1992, Twin Peaks: fuego camina conmigo” supuso un fracaso por parte de crítica y público, nada sorprendente teniendo en cuenta los derroteros que había tomado la serie en la segunda mitad de su segunda temporada. Muchos fueron los fallos que se cometieron en torno a la franquicia de Twin Peaks, pero, desde luego, echando la vista hacia atrás, tomando esa necesaria perspectiva del tiempo que toda forma artística exige, “Twin Peaks: fuego camina conmigo” no fue uno de ellos.

Creada junto a Mark Frost, la naturaleza del resto de los trabajos que David Lynch ha regalado al mundo del cine, me hace pensar que el mayor responsable de la genialidad que acompañó al proyecto de Twin Peaks fue suya. Y el foco de interés de Lynch siempre fue un personaje por encima de cualquier otro, el de Laura Palmer. Su desidia por la serie comenzó en el mismo momento en el que los productores de ABC le obligaron a destruir, a mitad de su segunda temporada, el argumento en torno al que giraba toda su creación: ¿quién mató a Laura Palmer? Solucionado este misterio, no cabía forma alguna de seguir descubriendo al espectador la compleja personalidad de Laura Palmer y, de buenas a primeras, se hicieron necesarios nuevos personajes y nuevos hilos argumentales para mantener el interés de la audiencia. Lynch y, con él, la amplia mayoría de espectadores de “Twin Peaks” optaron por invertir su tiempo en otra parte.

La segunda temporada se acercaba a su fin y fue sólo entonces cuando el de Montana decidió volver por sus fueros, agarrar su varita surrealista y darnos una tremenda lección narrativa y artística en su capítulo final. Consciente de que “Twin Peaks” tocaba a su fin, podría haber solucionado todos sus misterios de un plumazo, lo que hubiera bastado, sin lugar a dudas, para sacar adelante un excelente capítulo. Afortunadamente, optó por lo contrario, por dejar todo final abierto. ¿Acaso existe herramienta más poderosa que la de la evocación? Las grandes piezas artísticas son aquellas que logran incitarnos a revolotear sobre ellas una y otra vez, las que hacen que nuestra imaginación flote por sus espacios, por sus elementos, tratando de descifrar unos mensajes que ni tan siquiera han de haberse escrito previamente. Y eso es lo que David Lynch nos ofrece en la temporada y media durante la que explora a su amada Laura Palmer: el arte de la evocación.

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El rodaje y escritura de “Twin Peaks: fuego camina conmigo” no estuvo exento de problemas. De un lado, las expectativas del público –Dale Cooper y las logias–; de otro, las exigencias de la crítica de Cannes –enamorarse de ella en un único visionado, mala receta para casi cualquier pieza de Lynch–; y, por último, en el otro extremo, se situaba aquello en lo que su director seguía creyendo, en Laura Palmer. Bien porque Kyle MacLachlan, así como tantos otros miembros del reparto –la nueva Donna sólo es una caricatura de aquella otra que habíamos conocido– no estaban disponibles, bien porque David Lynch miraba con la lupa del tiempo, su película se acabaría centrando en los últimos días de la vida de Laura Palmer.

La primera media hora trata el asesinato de Teresa Banks, tiempo que Lynch aprovecha para indagar y, cómo no, sembrar aún más preguntas en torno al nuevo gran misterio de “Twin Peaks”, las logias, y para sacar en pantalla a Dale Cooper, más por aquello de cumplir con producción que porque sea realmente necesario a los propósitos del director. Como en tantas otras ocasiones, el espectador acaba siendo presa de sus propias exigencias y, sólo cuando se desprende de Cooper y compañía, llega Twin Peaks y el espectáculo con mayúsculas.

El poder del cine sobre el resto de las artes es, seguramente, su mayor potencial realista; tal vez por eso, ni el omnipresente rostro sonriente de Laura Palmer, ni sus pisadas, ni las palabras que dejó escritas en su diario, nada nos la acercaba tanto como los pocos segundos de vídeo que James había grabado de ella y de su mejor amiga Donna pocos días antes de morir. El inquietante ambiente de la habitación roja no hacía sino alargar las sombras que rodeaban a su figura, su prima Maddie había anestesiado parcialmente su ausencia, pero seguíamos sin conocer a Laura Palmer.

¿Y quién era Laura Palmer? Gracias a “Twin Peaks: fuego camina conmigo”, por fin lo descubrimos. Era la niña de Leiland y Sarah; la mejor amiga de Donna y una hija más de su padre, el Dr. Hayward; era la tierna amante de James o la divertida novia de Bobby; la mejor compañía de Johnny, el hijo retrasado de los Horne, y también la del desgraciado Harold Smith. Laura era la reina del baile, una sonrisa eterna, una inocente alma cuidadosamente protegida por su ángel guardián. Pero Laura era también la cocainómana, la prostituta y, sobre todo, la niña de la que su padre había abusado desde los doce años. Sólo cuando las sombras acaban por copar del todo nuestras retinas y la agridulce Questions In A World Of Blue de Julee Cruise termina por remover nuestras entrañas, entendemos cuán tormentosa era, realmente, la vida de Laura Palmer. Todo resquicio de felicidad de la joven, BOB lo había tornado en inseguridad y en tiniebla. Y, así, sólo dos acabarían por ser las posibles vías de escape de la pobre Laura: someterse o morir.

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Laura escoge luchar contra BOB; paradójicamente, su mejor baza es dejar que éste la asesine. El epílogo de “Twin Peaks: fuego camina conmigo” es, sencillamente, magistral. En él, volvemos a ver al agente Dale Cooper que, de pie, al lado de Laura Palmer presencia la llegada de un ángel que, presumiblemente, llevará a nuestra protagonista, de una vez por todas, a la logia blanca. Coop y Laura han envejecido, concretamente, son veinticinco años más viejos desde la última vez que nos despedimos de ellos y, por fin, han logrado su objetivo. Twin Peaks queda, de este modo, concluida.

Laura se lo advirtió al agente más especial del FBI y, a la luz de los acontecimientos, también a cada uno de sus espectadores en el último capítulo de la serie: “I’ll see you in 25 years”. Pero, ¿qué ha ocurrido entre medias? Hasta ahora, sólo nuestra imaginación ha podido rellenar este hueco. Los evidentes paralelismos entre el personaje de Dale Cooper y la figura de Cristo me hacen pensar que, emulando a éste último, el primero decide abrazar el pecado (BOB) para así lidiar y liderar la definitiva batalla contra el mismo, batalla de la que, sin duda alguna, a la vista de la, ahora sí, eterna sonrisa de Laura Palmer, saldrá victorioso.

– Venga, ¿y para la tercera, qué?

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Esta interesantísima lucha es precisamente lo que, me supongo, nos ofrecerá “Twin Peaks” a partir de 2017. Una tercera temporada que, seguramente, será más oscura y reflexiva que las dos anteriores y en la que, quizá, se acaben por despejar esas dudas hasta ahora irresolubles acerca del funcionamiento de las logias, del anillo o del significado de los búhos –que no lechuzas, por mucho más poético que resulte su nombre para los traductores de la serie al español–; eso sí, tratándose de Lynch, es seguro que otras nuevas las acabarán sustituyendo.

No nos acompañarán ni BOB –al menos su rostro–, ni el Major Briggs, ni Pete, ni Andrew, ni tampoco la señora del leño; todos sus intérpretes nos han ido dejando y, salvo en el caso de BOB, la ficción acabará abrazando, probablemente, a la realidad. Atendiendo a los gustos de Lynch y a los de sus más adeptos seguidores, así como a las necesidades narrativas y a lo poco que se ha desvelado hasta el momento, el agente Cooper, Audrey Horne, Bobby Briggs, Lucy y Shelly Johnson serán los principales encargados de acompañarnos de vuelta a los bosques de Twin Peaks. La incorporación más esperada al reparto de “Twin Peaks” es, por el momento, la de Amanda Seyfried, cuyo personaje podría ser la hija del agente Cooper y de Annie Blackburn, aunque todo no dejan de ser meras especulaciones. Pero, si de algo pueden estar seguros, es de que la tercera temporada de “Twin Peaks” seguirá teniendo por seña de identidad la evocación y, como principal protagonista, a Laura Palmer.