Recomendaciones de la estantería del fondo: ‘Pánico en las calles’ y ‘Un rostro en la multitud’

Que Elia Kazan era uno de los directores clásicos de Hollywood con más renombre, eso es indiscutible. Pero es que además el director, a su vez, sabía conjugar a la perfección géneros tan aparentemente desiguales como lo eran el cine de catástrofes, el cine negro o el cine social. Y siempre con una credibilidad apabullante. En esta ocasión, os traigo dos de sus películas “menos” mencionadas y vistas, y en las que el ser humano, como individuo, juega un papel necesario e importante. Mientras que la primera consiguió alzarse con el Oscar a la Mejor Historia, la segunda estuvo nominada a la categoría de Mejor Director en el Sindicato de Directores (DGA) y desde el 2008 pasó a conservarse en la Biblioteca del Congreso. 

PÁNICO EN LAS CALLES (ELIA KAZAN, 1950)

Sinopsis: Una noche, en los barrios bajos de Nueva Orleáns, el rufián Blackie y sus amigos matan a un inmigrante que les había ganado jugando al póker. A la mañana siguiente, el doctor Clint Reed del Servicio de Salud Pública confirma que el muerto tenía la peste negra. Para evitar una epidemia que tendría efectos catastróficos, Clint y el capitán de policía Tom Warren tratan de encontrar y aislar a los asesinos. La operación se lleva a cabo en secreto, por miedo a que la población sea presa del pánico. Disponen sólo de 48 horas para conseguirlo. Fuente: Filmaffinity.

Lo mejor: Como ya he citado anteriormente, sin duda, lo mejor reside en esa amalgama de géneros tan bien ejecutada. El cine de catástrofes, contenido, eso sí, casa con ese cine negro tan académico que (casi) siempre bordaban en aquellos lejanos años 40 y 50. La película, en su estreno, fue un fracaso absoluto de taquilla, aunque la crítica opino unánimemente en aseverar que la propia iba sobrada de fuerza visual y narrativa suficientes para contentar a la audiencia de aquella época. Su Oscar así lo atestigua también.

Lo peor: Un reparto ligeramente desatinado, que a pesar de no molestar en exceso, sí que se resiente al observarse una convivencia entre actores más curtidos y actores amateurs, siendo el caso de Jack Palance concretamente, en su primera aparición pública, el que más chirría debido a una sobreactuación digna de ser vista. Bueno, quizás hasta eso tenga encanto, quién sabe…

UN ROSTRO EN LA MULTITUD (ELIA KAZAN, 1957)

Sinopsis: Una cadena de televisión convierte en estrella televisiva a un vagabundo. La sorprendente reacción del público hacia el personaje cambiará su vida por completo, convirtiéndolo en una víctima de los medios de comunicación. Fuente: Filmaffinity.

Lo mejor: Como ya hiciera años atrás Frank Capra en su estupendísima Juan Nadie‘ (1941), la historia, en esta ocasión, resulta todo lo contrario: Elia Kazan retrata la vida de nuestro protagonista de una manera mucho más oscura y pesimista, en definitiva, mucho más cruda y realista que las fábulas bienintencionadas de Capra. Lo que el director muestra es un auténtico totalitarismo por parte de los medios de comunicación, y como estos, a su vez, pueden comenzar creando para posteriormente terminar destrozando la vida de una persona que no sabe nada de la vida, por mucho carisma que ésta tenga. La crítica especializada, en esta ocasión, fue un poco más tibia, pero reconoció y alabó la maravillosa actuación de Andy Griffith. Como dato curioso, resaltar la opinión que François Truffaut vertió en la revista “Cahiers du Cinéma“, en la que destacaba, sobre todo, la grandeza y la belleza del trabajo de Elia Kazan.

Lo peor: Me resulta complicado encontrarle algún defecto, pero quizás por decir algo, sea ese exagerado histrionismo del que adolece el personaje encarnado por Andy Griffith. Ese sería uno de esos puntos que me agota en muy pocas y contadas ocasiones. Por lo demás, sigue siendo una crítica a la mass media que escuece y que, sin duda, se encuentra demasiado vigente en la actualidad.