Recomendaciones de la estantería del fondo: ‘La tercera generación’ y ‘Night moves’

En la rueda de prensa de Nocturama (Bertrand Bonello, 2016) en la 64º edición del Festival de San Sebastián, el director Bertrand Bonello destacaba que sus personajes no eran terroristas sino que cometían un acto de insurrección. El significado de la palabra terrorismo es manipulado constantemente debido a la connotación de inmoralidad de la que se ha ido impregnando el término con el paso del tiempo. Así, toda agrupación del espectro político tergiversa el significado de terrorismo para sus fines políticos, ya sea calificando un acto de protesta o insurreccional como tal, o bien como falacia para igualar la acción represiva con la bajeza moral vinculada al terrorismo.

Las dos películas que recomendamos esta semana abordan el terrorismo tratando de representar dos realidades históricas y cinematográficas diferentes y acorde a la cronología en la que se sitúan. Para no confundir los términos, se entiende por terrorismo el uso de la violencia por parte de organizaciones cohesionadas que actúan en la clandestinidad con unos fines políticos e impactar en la opinión pública. En ambas películas encontramos dos agrupaciones cuyos objetivos son políticos y actúan de forma clandestina. No obstante, mientras que la película de Reichardt ahonda en las motivaciones y el drama de los personajes, destacando la pobre cohesión de grupo; la película de Fassbinder se acerca desde el extrañamiento y el humor para relativizar los límites del terrorismo y su instrumentalización. Dos enfoques opuestos que permiten reflexionar sobre el terrorismo, sus orígenes y sus motivaciones, así como las repercusiones individuales y colectivas de estas acciones.

La tercera generación (Rainer Werner Fassbinder, 1979)

Sinopsis: Comedia de humor negro que satiriza las peripecias de una banda de terroristas de Berlín, cuyos miembros pertenecen a las clases altas. (FILMAFFINITY)

¿Por qué verla? Porque plantea una mordaz tesis sobre cómo el terrorismo revolucionario de los años setenta de Alemania, iniciado por la banda Baader-Meinhoff – también conocido como Facción del Ejército Rojo o RAF–, con sus primeros miembros en prisión o muertos, ha evolucionado a una especie de juego de rol para pequeñoburgueses cuyas aburridas vidas son revitalizadas a través del cohesión psicológica otorgada por el terrorismo. Además, apunta la relación entre el Estado, el Capital y los terroristas, como se produce una simbiosis en torno al terror del ciclo acción-represión. La genialidad de Fassbinder se encuentra en el tono con el que envuelve el relato, donde la comicidad, la provocación y el extrañamiento crean una sensación de incomodidad y delirio que termina por explotar en sus últimos minutos donde los payasos-terroristas se materializan y revuelcan en su propio despropósito.

 

Night Moves (Kelly Reichardt, 2013)

Sinopsis: Un drama centrado en tres ecologistas activistas que quieren volar una presa. (FILMAFFINITY)

¿Por qué verla? En un tono muy alejado del de Fassbinder, Kelly Reichardt aboga por la humanización del individuo que atenta. No es un enfoque especialmente novedoso y su estructura es la clásica tripartición del relato en: preparación, ejecución y repercusión. Sí hay originalidad en el tema, ya que nos muestra las acciones de un grupo de ecologistas que pretender estallar una presa. A partir de las dudas y preocupaciones previas y posteriores al atentado, nos muestra la importancia de la cohesión en estos grupos y cómo se desencadenan acciones secundarias que perjudican al resto del grupo y ponen en peligro sus vidas. Pero Reichardt incide también en cómo recibe la sociedad el acto, cómo la acción es rechazada o produce indiferencia, el terrorismo como absurdo pese a que tenga un fin justo. La propuesta de la directora revela cómo la violencia se vuelve en contra, pero esta vez es la propia individualidad la que la reproduce y ejerce, mientras que el sistema presencia su victoriosa absorción del acto terrorista como un voyeur a través de un espejo.