Recomendaciones de la estantería del fondo: “La jungla en armas” y “Niágara”

Dentro de los grandes directores del Hollywood clásico, Henry Hathaway no tiene el reconocimiento de otros pese a trabajar con las grandes estrellas del momento (John Wayne, James Stewart, Marylin Monroe, Gary Cooper, Tryone Power, etc.) y demostrar con sus obras su pericia narrativa y técnica cinematográfica. La polivalencia sería una de sus características, moviéndose por todos los géneros desde el cine negro (Envuelto en la sombra, 1946) hasta el de aventuras (Tres lanceros bengalíes, 1935)  y, sobre todo, el western (Valor de ley, 1962; La conquista del Oeste, 1969).

La jungla en armas (Henry Hathaway, 1939)

Sinopsis: En 1906, el ejército norteamericano abandona Manila, dejando a un grupo de oficiales para proteger a la población nativa de los feroces invasores musulmanes. El doctor Bill Canavan y un par de mercenarios intentarán contrarrestar el sabotaje del suministro de agua del puesto. (FILMAFFINITY)

¿Por qué verla? Partimos de que es una película propagandística del imperialismo estadounidense, que en Filipinas se dirigió desde la llamada “política benevolente”, y de la que se hace gala en este filme. Tras la guerra hispanoamericana (1898), los revolucionarios filipinos mantuvieron una guerra contra sus supuestos liberadores estadounidenses desde 1899 hasta su rendición en 1902. Sin embargo, la pacificación del vasto archipiélago (con más de 7000 islas) y su colonización fue más lenta y ardua, ya que las islas del sur (Mindanao) estaban pobladas por los moros, la etnia musulmana que durante tantos años había combatido a los españoles a través de la piratería. La película de Hathaway se sitúa en 1906, en ese proceso de conquista en la que se interpreta la política benevolente en contraste con la radicalizción y el fanatismo de los moros. No falta las alusiones a la fe como fuente de resistencia y de valor frente a los obstáculos, así como, la oferta de independencia de los filipinos, que debían ganársela por sí mismos –“si este es vuestro país debéis protegerlo”– y el reconocimiento de la policía filipina como elemento indispensable para su independencia. En este sentido, llama la atención el colonialismo lingüístico que muestra el filme, pese a que se hablen tres idiomas (inglés, tagalo y, esporádicamente, español), el inglés ejerce su poder en las escenas relevantes sin importar quién sea el emisor ni el receptor. Pese a sus defectos propagandísticos, Hathaway destaca por su pulso narrativo y el tono exótico-aventurero que ofrece un territorio como Filipinas, además de contar un Gary Cooper emulando de nuevo al héroe justo y bondadoso americano.

 

Niágara (Henry Hathaway, 1953)

Sinopsis: Aprovechando un viaje a las cataratas del Niágara, una mujer infiel (Monroe) proyecta matar a su marido (Cotten) con la complicidad de su amante. (FILMAFFINITY)

¿Por qué verla? Una película hitchcockniana donde las pulsiones sexuales confunden la percepción de los acontecimientos, donde Marylin Monroe es un destello de locura en la mente de Cotten y una imagen perpleja para Peters, donde el color y la luz son utilizados con elegancia y coherencia para narrar y sugerir los instintos carnales y oscuros de la condición humana. Además, de la utilización de las localizaciones, de unas cataratas contextuales con uso narrativo cíclico, del sonido que conduce al delirio y del silencio filmado que denota la finitud de la obsesión, del sexo y la locura. El silencio como ausencia de la vida.

 

  • loula2

    La primera, a pesar de su carga propagandística, tiene su interés.
    La segunda es inolvidable!! No sólo por una Monroe inquietante y bellísima, también por las escenas en las cataratas, y un Cotten perfecto, como siempre.