Recomendaciones de la estantería del fondo: ‘Gantz’ y ‘El guerrero Samurái’

El libro de la Selva, La bella y la Bestia, la Cenicienta…estos últimos años, Disney se ha lanzado a adaptar sus clásicos a películas de acción real. Esta línea de negocio viene precedida por el exitoso ejemplo de las adaptaciones a acción real proveniente de Japón, dónde casi cualquier anime de éxito tiene su versión de actores reales. Se podría considerar como parte del ingente merchandising que rodea a cualquier serie conocida. Como producto concebido para llenar un simple nicho de mercado, se encuentra un rasgo común entre casi todas las adaptaciones: son muy malas. Entre el horterismo japonés y la cutrez de un reducido presupuesto, expulsan a cualquier espectador no motivado a toda velocidad. Curiosamente, esto no les impide llenar taquillas en número similar al de las grandes producciones de Hollywood.

A priori no parece un punto de inicio muy prometedor para unas Recomendaciones de la Estantería del fondo. Pero no todo está perdido. Entre el marasmo de producciones de cuestionable calidad, encontramos dos películas que sorprenden por su buen acabado, su calidad en la adaptación y, sobretodo, el respeto por una historia original de primera calidad. Tanto Gantz como El Guerrero Samurái  son propuestas muy reivindicables y entretenidas. Constituyen una experiencia diferente a casi cualquier cosa que el espectador medio está acostumbrado, además de tratar al fan con un respeto inhabitual.

GANTZ (Shinsuke Sato, 2011)

Argumento: Kei y Masaro son arrollados por un tren. Lo próximo que ven es que están en una habitación, que no están solos y que una bola gigante que preside el espacio les invita a participar en un juego macabro. Nunca hemos visto un purgatorio así: con trajes y armas especiales, los personajes deberán enfrentarse a todo tipo de amenazas. El ganador se llevará un premio nada desdeñable: volver a la vida. (FILMAFFINITY)

Lo mejor: Su hipnótica estética, a medio camino entre un videojuego impostado y las influencias de Matrix y sus derivados, lo que se nota tanto en los trajes y las armas de los protagonistas como en el particular diseño de los enemigos a batir. La confusa trama sabe captar la atención y dejarte con ganas de más. Además, se rebaja la ultraviolencia explícita del manga sin por ello dejar de ser espectacular con ganas.

Lo peor: La cantidad de veces que dan ganas de atizar al personaje principal para que se desempane de una vez. A pesar de que está rebajada, puede ser muy bruta para muchos estómagos, con brazos y vísceras volando aquí y allá.

El Guerrero Samurái  (Keishi Ohtomo, 2012)

Argumento: Kenshin Himura (Takeru Sato) es un famoso samurái conocido por su destreza con la katana y su frialdad a la hora de matar. En el pasado estuvo al servicio de los Ishin Shishi, un grupo de patriotas que luchaban para devolver el poder al Emperador, librando cientos de batallas y cobrándose muchas vidas. Pero tras terminar todos los enfrentamientos, jura no volver a matar y decide pasar al anonimato para dedicarse a viajar por el país como un vagabundo ayudando a quien lo necesite, como penitencia por todas las muertes que provocó. Diez años después, en 1878, Kenshin llega a Tokio donde conoce a Kaoru (Emi Takei), quien le invita a quedarse en su dojo hasta que decida volver a vagabundear. Sin embargo, el pasado que Kenshin intentó dejar atrás pronto volverá para cobrarse venganza contra él. Adaptación del manga de Nobuhiro Watsuki. (FILMAFFINITY)

Lo mejor: La recreación del Japón de los Meiji está sorprendentemente cuidada, así como la traslación de unos personajes de características muy marcadas sin caer en el horterismo en ningún momento. Esta película de japoneses voladores goza de tener unas coreografías de acción más que buenas, con un ritmo y una variedad muy destacables. Ideal para dos horas de espadazos y diversión.

Lo peor: Como siempre en las películas orientales, los actores no son todo lo expresivos que nos gustaría, especialmente en una versión doblada con poco acierto. Además, tiene dos momentos pretendidamente poéticos que… bueno…Por suerte, pasan rápido.