Momentos de cine: ‘Vivir su vida’ – Retrato de una musa

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Jean-Luc Godard hace algo más que una revisión de la ancestral historia del descenso a los infiernos de una chica joven con un sueño. El francés llega al alma, como bien dice en una descripción/fábula al comienzo del filme, tanto de la protagonista como del espectador (el que se ofrezca a ello, claro) y, sobre todo, es un retrato, como el oval, de un amor y una obsesión. El retrato de Anna Karina. El retrato de una puta.

La influencia de la literatura en la Nouvelle Vague es una de sus características más reconocibles, junto a las referencias al cine y otras artes en sí. Desde su primera película, este rasgo está presente en Godard con la mítica escena entre Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en la que hablan sobre Faulkner y leen Las palmeras salvajes: “¿Entre el dolor y la nada qué escogerías?” En esta ocasión es Edgar Allan Poe el elegido para un ejercicio de metanarrativa, si ya lo es de por sí el relato corto del norteamericano, Godard da un paso más haciéndolo suyo, siendo pintor, malherido y autor.

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El relato reflexiona sobre la pintura, el amor, la muerte, la obsesión y la locura. Godard lo introduce en este relato de una joven que no sabe cómo vivir su vida, pero que de un modo u otro la acaba viviendo ella misma – como Joe en ‘Nymphomaniac’ – con un objetivo pero sin forma de alcanzarlo. Aquí se anticipa a los hechos, nos descubre el final, mientras reflexiona sobre la literatura, la pintura y la imagen del cine, si bien, en el capitulo anterior, nos muestra directamente un diálogo filosófico digno de otro ‘Momentos de cine’. Como autor inspiradísimo por su musa, y con una bellísima fotografía en blanco y negro, responsabilidad de un Raoul Coutard que debería ser mencionado al nivel de los grandes directores de la “Nueva Ola”, filma su Retrato Oval. Al mismo tiempo, capítulo a capítulo, Nana (Karina) ha sido desprovista de sus capas exteriores hasta llegar a su interior, extraída en estos planos cargados de la cautivadora belleza y viveza del rostro de Anna Karina. Porque como escribía Poe, el pintor mataría de amor obsesivo a su amada reflejando la vida en su cuadro; como Godard lleva a su personaje a una tragedia inevitable y predestinada, atrapando la vida en este blanquinegro retrato de un numen.

  • Loula2

    Siempre he pensado que para poder disfrutar bien de una película de Godard hay que poner la cabeza y los sentidos en modo “dejarse llevar”. Y eso implica entrar en un juego en el que hay que fijarse bien en los detalles.

    Y sin esa actitud por parte del espectador, puede resultar cargante, pomposo y pesado. Pero si le pillas el tono, resulta muy interesante.

    En el momento que has elegido, Anna Karina demuestra con su expresivo rostro toda una gama de sensaciones y sentimientos. El momentazo es ella!!

    • Pedro Carracedo

      Sabia yo que tu no faltabas a este momento 🙂

      Ay, Godard! A mí me encanta, entiendo que haya gente que le resulte como una patada en sus genitales pero supone tanto para el cine que me resulta imposible desprestigiarlo (que no criticarlo). Todas sus pelis, al menos las que he visto, han ganado con una segunda vez. Si vas a pelo con él, puede descolocarte mucho, pero en cuanto le coges el tono, como dices, te enamora. O puede que nunca se lo cojas y te parezca un cine absurdo, banal, inverosímil o como quieras calificarlo.

      Vivir su vida es tan bella, que puede producir el famoso Síndrome de Stendhal del que nos habló ya una vez aquí Andrea.