Momentos de cine: “Scarface” – ¿la América de Trump? xdxdxd

Con el advenimiento de Mr. Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la crítica cultural ha decidido que el cine se puede supeditar a la elección de un presidente u otro. ¿Tendríamos un “cine de la era Clinton (vol. II)” si Hillary hubiese ganado las elecciones? ¿Habría discursos tan críticos y agresivos si la política demócrata hubiera seguido siendo la directora? Tuvimos un cine de la era Obama, curioso porque se entremezcla con producciones de la era Trump y viceversa, síntoma del cacao formado por enfrascar el cine en categorías tangentes a él.
En la edición de Dirigido Por… de Enero de 2017, Quim Casas dedica el artículo de opinión a valorar cómo puede afectar la presidencia de Trump a la industria hollywoodiense. En ella reflexiona sobre lo que podríamos (re)ver en las pantallas durante los próximos años:

¿Volverá la antigua y desnortada épica con actores que representen el concepto de macho alfa que el nuevo presidente ha exprimido durante su campaña, consciente de que esa imagen de protector masculino es muy rentable y la virulencia, en tiempos de crisis, puede a las buenas formas? ¿Proliferarán las películas con villanos mexicanos y heroicos agentes del departamento de inmigración? ¿Aparecerán nuevas producciones en la línea de Estado de sitio (Edward Zwick, 1998), un film pre-11/S que mostraba la ciudad de Nueva York convertida en gran campo de concentración, con los musulmanes recluidos en guetos tras la amenaza de un ataque terrorista islámico?[1]

No han pasado ni seis meses y desde el ámbito cultural se ha lanzado una campaña sobre la América de Trump, desde filmotecas hasta la prensa especializada o no. El presidente estadounidense parece ser un antes y después inmediato, pero como también afirma el propio Quim Casas

Tampoco el cine estadounidense fue mejor o peor con Bill Clinton que con George Bush Jr., ni el mandato de Barack Obama sirvió para nada a la causa afroamericana en las pantallas, con la excepción de 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013) y El nacimiento de una nación (Nate Parker, 2016)[2]

Por lo tanto, ¿a qué se está jugando? Los estudios culturales suelen pecar de un defecto grave en cuanto a hermenéutica: la inmediatez de la interpretación de los textos y su contexto. Siempre es conveniente echar un ojo atrás y reflexionar cómo en el pasado se ha interpretado erróneamente fenómenos coetáneos, por ejemplo, el desarrollo del movimiento obrero: su vaticinada desaparición en el nuevo milenio en contraste con la repetición de patrones decimonónicos de este en la actualidad. En este caso, la urgencia de crear un fenómeno alrededor de Trump puede ser insuficiente para entender el cine hollywoodiense contemporáneo, además de ser un enfoque reduccionista y oportunista.

Pese a sus problemas de base, algunos ya han sacado a relucir esta nueva “era”, aunque no se puede negar que afectará al cine de Hollywood, incluso se ha aprovechado películas de producción anteriores a la llegada de Trump a la presidencia para explicar el fenómeno. La era Obama ft. Trump. En este cajón de sastre en el que se convierten las compilaciones de películas enmarcadas en eras políticas haciéndolas coincidir con tiempos culturales, proponemos ir más allá con Scarface, el terror del hampa (Howard Hawks, Richard Rosson, 1932).

La historia de Tony Camonte, un secuaz de mafioso que cree en los anuncios publicitarios de neón, que cree que el mundo es realmente suyo y lo consigue. Camonte se hace con el control de todas las bandas mafiosas de la ciudad, lo que supone una guerra entre estas, tiroteos callejeros constantes y una alarma social notable. A algunos no les temblaría el pulso al hacer comparaciones entre el mafioso y el magnate, incluso de cómo su narcisismo le hace creer que “The world is yours”, pero con una inversión, su nombre es el que corona la torre homónima. Así, funciona la lógica dentro del discurso de la “América de xdxdxd”.

¿Pero por qué hemos elegido este momento de Scarface? Si la América de Obama se ha caracterizado, entre otras muchas cosas, por los disturbios raciales y la intención de limitar el mercado legal de armas. Trump apoyado en una política antiinmigratoria, proteccionista y pro-armas, pretende distender el debate en torno al uso de armas. Scarface tiene ciertos elementos de panfleto con unos títulos de inicio que apelan directamente al espectador sobre qué hacer ante el crimen organizado, sobre la acción ciudadana frente al tráfico de armas. En definitiva, en mantener el orden público. Pero esto no era cosa de Hawks, sino de los censores que aplicando el Código Hays veían en la película una heroización del gánster que no podía permitirse.

Tras la justificación de la película, nos metemos en la piel de Toni, la historia de ascensión y caída de un mafioso de Chicago. No estamos ante la versión posmoderna del mafioso familiar como Tony Soprano. No, Hawks sitúa al mafioso en el ámbito del mal, no hay cabida para bondad, aunque sí hay debilidades en él, hay matices y comprensión, no enjuiciamiento –para eso ya estaba la censura–. No estamos ante un personaje plano, lo que lo distancia a su vez de lo panfletario.

Por el contrario, la escena que destacamos es muy sencilla. Una reunión entre varios sectores sociales preocupados por la violencia en las calles. El editor de un periódico, el jefe de policía, y el comité ciudadano, incluido el ciudadano inmigrante –un detalle enriquece el discurso– con una disposición concreta en la escena: en el centro el director del periódico moviéndose a sus anchas por la habitación, recriminando actitudes y proponiendo medidas; al lado, sentado e inamovible, el jefe de policía, sobrepasado por la situación, cansado e invadido por preguntas de fácil respuesta; y frente a la mesa del despacho, el comité de ciudadanos que apela a la protección de los niños, la indefensión de la ciudadanía ante la inoperancia política y la defensa de la ley.

En esta secuencia, la concepción panfletaria de los títulos iniciales se convierte en cine, en acción y discurso. Podríamos intuir que el director del periódico es un trasunto del director del filme, lo que al principio eran alegatos por la acción ciudadana ahora lo son a través de un personaje, palabra e imagen se mimetizan. De este modo, el (los) director(es) defiende(n) su producto de las críticas moralistas y mentes cerradas que son incapaces de analizar el texto y subtexto. Además, se levanta de su púlpito –el único personaje que lo hace– para buscar soluciones al problema, poniendo en jaque tanto a la policía, como a los políticos (los ausentes en la escena) y a la ciudadanía que se escuda en su debilidad para actuar. “¿Qué puedes hacer tú?” dicta el último título inicial, eso es justamente lo que hace el director recriminar la actitud pasiva del espectador contra la injusticia y adaptad la ley. A continuación, el ciudadano inmigrante defiende esta acción con un marcado acento italiano, el ejemplo de buen ciudadano estadounidense, sin importar su procedencia, acata la ley y la enarbola contra la delincuencia de su pueblo. Y si para ello hay que declarar el estado de excepción, se hace, si por menudencias se ha declarado en otros estados, ante un significativo problema de orden público es obligación política. Porque, al fin y al cabo, toda la escena gira en torno al poder de la ciudadanía y de poner en funcionamiento las herramientas disponibles y necesarias para que la democracia funcione, aunque se daba restringir en ciertos términos.

¿Dónde está el problema? Pues que la escena es una inclusión ajena a los realizadores del filme, es un inserto de la censura para que el espectador rechace las posturas gansteriles y asuma una actitud activa frente a los problemas sociales. Por lo que encontramos una digresión del director, lo que parecía un trasunto del director cinematográfico es una invasión de la censura en lo fílmico, apoderándose de la película para determinar el mensaje por encima de las imágenes y evitar la ambigüedad.

En definitiva, estamos ante una película de la era Obama Trump realizada en 1932, en este caso sí que podemos hablar de Howard Hawks como “El visionario director de Scarface, el terror del Hampa”, mi único deseo es que en próxima ediciones en Blu-ray (o el futuro soporte en que se haga) esta leyenda encabece la portada.

[1] CASAS, Q.: “La pesadilla Trump”, Dirigido por…, nº 473, Enero, 2017, p. 9.

[2] Ibíd.