Momentos de cine: ‘Deprisa, deprisa’ – la musa del cine quinqui

Deprisa, deprisa

Carlos Saura abandonó en 1980 el cine metonímico o metafórico que había trabajado durante la Dictadura y que mantuvo durante los primeros años postfranquistas con filmes como Cría cuervos… (1976), Elisa, vida mía (1977), Los ojos vendados (1978) y Mamá cumple 100 años (1979). Con Deprisa, deprisa (1981) recupera la naturaleza documentalista de Los golfos (1960), considerada precedente directo del cine quinqui y con la que se “anuncia un nuevo y romántico Saura.”[1]

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El filme que nos ocupa retrata la vida de unos delincuentes comunes de los arrabales de Madrid creados tras el éxodo rural del desarrollismo.

Paisajes que resaltan lo marginal y solitario del moderno forajido

 

Pablo, “El Mecas” y Ángela conforman el trío protagonista al que se une Sebas para dar varios “palos”, ganar algo de pasta y poder vivir deprisa y bien sus vidas. El cine quinqui se dirigía a aquello que el nuevo marco normativo de la España democrática desenfocaba, aquello que “tenía poco que ver con la oficial exaltación de la (pos)modernidad.[2]

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Saura observa a sus personajes interactuando con su espacio y entre ellos, hay pequeños detalles de denuncia pero no es lo que más preocupa al director.  Hay una renuncia explícita a ciertos códigos del cine quinqui: el sexo, la violencia exacerbada, las familias desestructuradas e, incluso, el machismo. Sus personajes obviamente se comportan dentro de un marco heteropatriarcal, la única forma que tiene Ángela de participar en los atracos (lo público) es disfrazándose de hombre, pero lo más importante es la mirada de/sobre ella.

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laschicasbuenasvanalcieloMientras que el cine de Eloy de la Iglesia mantiene el binomio carpetovetónico puta/santa, no digamos en el resto del cine quinqui, aquí Ángela se descubre como heroína irreductible capaz de expresar sus deseos por sí misma y de emprender su propio camino cuando es necesario. deprisa,deprisa-joancrawford
springbreakersshoot01 springbreakersshootDestaca Hopewell que la historia de Deprisa, deprisa es una doble historia de amor.[3] La textual entre Pablo y Ángela y la de Saura con sus personajes, en especial, Ángela. Saura habla por medio de su objetivo, los primeros planos a Ángela no tienen por qué estar correspondidos por un contraplano de Pablo.

Incluso vemos secuencias en las que el grupo realiza una acción y Ángela es el foco del cuadro. La mirada de Ángela responde también al hilo musical, al flamenco pop que resuena en cada plano del filme como si la voz de Saura hablara a través de las declaraciones de amor incondicional de Los chunguitos. Un amor no correspondido, que llena de melancolía y angustia unos planos cargados de por sí con la pasión de unos jóvenes amantes condenados a la tragedia.

¿Pero y si todo esto no es más que la puesta en escena de la mujer protagonizando el relato y nuestro extrañamiento lo convierte en una relación sexual heteronormativa?

¿Diríamos lo mismo si esos planos pertenecieran a un actor o si se tratara de una directora?

Tendríamos que replantearnos mil y una películas al respecto, aconteceríamos al final de las musas como las concebimos.deprisa-deprisa-reicabeza

[1] HOPEWELL, J.: El cine español después de Franco, El Arquero, Madrid, 1989, p. 268.

[2] BENET, V. J.: El cine español. Una historia cultural, Paidós, Barcelona, 2012, p. 401.

[3] Ibídem.

Las imágenes pertenecen a Deprisa, deprisa (Carlos Saura, 1981), Spring Breakers (Harmoni Korine, 2012), C’era una volta il West (Sergio Leone, 1968), Perros Callejeros (José Antonio de la Loma, 1977), Los placeres ocultos (Eloy de la Iglesia, 1977), Colegas (Eloy de la Iglesia, 1982), Carne trémula (Pedro Almodóvar, 1997), Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954), Mélancolie (Constance-Marie Charpentier, 1801) ft. Neon Genesis Evangelion: The end of Evangelion (Hideaki Anno, 1997).

  • https://twitter.com/SrRojo Marcos Oteiza

    “La mirada de Ángela responde también al hilo musical, al flamenco pop que resuena en cada plano del filme como si la voz de Saura hablara a través de las declaraciones de amor incondicional de Los chunguitos. Un amor no correspondido, que llena de melancolía y angustia unos planos cargados de por sí con la pasión de unos jóvenes amantes condenados a la tragedia”.

    Me encanta esa interpretación, teniendo en cuenta la importancia que da Saura a la música en su cine. Como ya te he comentado, veo en el personaje de Ángela un doble acercamiento, primero el de la musa y mujer que obsesiona al director y a la que le dedica toda su atención sacando de foco la acción principal, y segundo el de una especie de alter-ego del propio Saura, que al igual que Ángela se ve envuelto en estas desventuras quinquis sin ser su ecosistema natural y acaso sabiendo inconscientemente que esta situación no va a durar demasiado. Esta segunda lectura de alguna forma justifica (o más bien anticipa) la forma en la que Saura se desentendió del género y de los actores de la película en cuanto la terminó -algo que sin embargo no queda claro en el final de Ángela, totalmente abierto y hermoso en su desoladora ambigüedad-.

    Al hilo de esto último, el video este que te he puesto tiene una declaración, no sé si de Saura, que me ha molado bastante:

    “Fíjate que hay un personaje que me parece fantástico, (…) esta muchacha que no va a la cárcel y que no va a ser castigada, está mucho más castigada que si hubiera ido a un reformatorio o a la prisión. A mi lo que me parece que es tremendo es que esta muchacha está en la vida, y que a lo mejor está aquí al lado nuestro, en Madrid, en cualquier esquina.”