Escenas de cine – ‘Boyhood’: 12 años en 12 escenas (9)

Año 9.- I just wanna be able to do anything I want

Escenas de cine – ‘Boyhood’ 12 años en 12 escenas-26

De entre los muchos aspectos que me llaman la atención del proceso creativo de Richard Linklater, me gustaría rescatar uno de ellos para la escena del noveno año de “Boyhood”. Uno de los puntos en los que el director y guionista tejano se separa de la gran mayoría de sus colegas es a la hora de dar voz a sus personajes. No hay prisa por hacerlo, ni tampoco una violenta voluntad de autoría en ello. Aquellos amantes de la genial trilogía de “Antes de…” sabrán ya de antemano que los guiones de las dos secuelas fueron escritos a seis manos por Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy. En “Boyhood”, en una lección de humildad e inteligencia, en aras de un mayor realismo, pediría a su magnífico elenco actoral que adaptara el lenguaje del guión al suyo propio. Además, como ya explicamos en la última de las escenas analizadas, los actores eran invitados a tomar parte en la escritura de las escenas del guión, como hacía Ethan Hawke con “El Álbum Negro”. Ellar Coltrane, quien da vida a Mason, también haría lo propio a petición del director. Linklater tenía pensado rodar una escena romántica de chico-conoce-chica para el año siguiente, así que no se le ocurrió otra idea que pedir a su joven estrella que tomara notas siempre que tuviera la ocasión de experimentar esta situación en la vida real. Coltrane le hizo caso, y el resultado es la escena que hemos escogido.

El calor de la noche abraza a Sheena (Zoe Graham), cuya preciosa sonrisa inunda nuestras retinas e, instantáneamente, conquista el corazón de nuestro protagonista. El primer plano que Linklater le regala no da lugar a equivocaciones, en una perfecta velada que los ojos de Sheena atentan con convertir en onírica, Mason encuentra a su primera alma gemela. Las confesiones que, sacadas de lo más profundo de su adolescente corazón, Mason le/nos revela no tienen precio.

El desconcierto (“I just feel like there are so many things that I could be doing and probably want to be doing that I’m just not”), los temores (“I mean, I guess it’s… just being afraid of what people would think. You know, judgment”) y la rebeldía (“I just wanna be able to do anything I want, because it makes me feel alive. As opposed to giving me the appearance of normality”) más adolescentes se confunden en el discurso de Mason, capaz de despertar en Sheena una cómplice sonrisa que nos permite recordar el atractivo que palabras y motivos tan rompedores suscitan en tan convulsa etapa. De los ruidos y el jolgorio de la fiesta pasamos a la intimidad de esta escena, donde Sheena asiente y explora una y otra vez en los pensamientos de Mason. La declaración de amor que aquí nos brinda Linklater es tan evidente como sutil y delicada. Nada desentona en ella. “You’re kinda weird, you know that” –le profesa ella–. Poco después, lo hace Mason: “I really like talking with you. I don’t usually even try to like vocalize my thoughts or feelings or anything. Just, I don’t know, it just never sounds right. Words are stupid”. La pasmosa naturalidad con que fluyen el discurso y los sentimientos de Mason y Sheena hace que nos volvamos a rendir una vez más al método Linklater. Lo ha vuelto a conseguir.

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