Escenas de cine – ‘Boyhood’: 12 años en 12 escenas (8)

Año 8.- It’s in the balance

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Leo que “El Álbum Negro” de los Beatles que Jesse le regala a su hijo Mason por su decimoquinto cumpleaños fue un regalo que el propio Ethan Hawke le había hecho a su hija mayor Maya por aquel entonces. El concepto de este álbum es simple, dejarte llevar de marcha por Paul, que George te hable de Dios, que John lo haga del amor y del sufrimiento o que Paul venga a decirte que tenemos que disfrutar de lo que tenemos ahora sólo tiene sentido, profundidad, cuando uno absorbe los mensajes de unos y de otros de forma balanceada, sin que uno llegue nunca a dominar sobre el de los demás. Hawke junta en un triple disco las canciones en solitario de los de Liverpool con una clara intención, conseguir que vuelvan a sonar como Los Beatles.

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Encerrada bajo esta originalísima creación encontramos una bella metáfora. Como Los Beatles, Jesse, Olivia, Mason y Samantha son cuatro y, como ellos, tras unos años de intensa convivencia, habrán de ver sus destinos separados. Primero es Jesse el que se marcha a Alaska; luego, Samantha se va a estudiar fuera; y, finalmente, será Mason el que habrá de hacerlo. Conforme avanza el metraje, como adelantábamos en la escena del séptimo año, vamos perdiendo la pista a los padres y a Samantha, para oír tocar a Mason en solitario. Pero el secreto está en el equilibrio, los logros de Mason no son comprensibles sin el apoyo y cariño brindado por su familia, como tampoco lo es el sacrificio y el esfuerzo de sus padres –el de Olivia se nos presenta más en primer plano– sin el porqué de la existencia de sus hijos.

Cuando uno se asoma a este tipo de creaciones y de escenas, es fácil de entender por qué las obras de arte más preciadas son aquellas concebidas para complacer los deseos del propio artista. La efusividad y el entusiasmo que Ethan Hawke logra mostrar al hablar de Los Beatles en esta escena hubieran sido difícilmente alcanzables si detrás de ella no se encontrara un auténtico fanático de la banda. Y es que, en esta secuencia –de nuevo en el interior de un coche–, Richard Linklater y Ethan Hawke no hacen sino transmitir metafóricamente sus pasiones, el arte y, en definitiva, su vida a Lorelei, a Maya y a los que tengan que venir después.