El origen del camarote de los Marx (¡y dos huevos duros!)

Irving Thalberg era uno de los jefazos de la MGM allá por los años 30.  Era un tipo duro, muy trabajador, listo y perfeccionista. Todas esas cualidades le llevaron a contratar para la major a los Hermanos Marx, que habían finalizado su contrato con la Paramount. Entre otras películas que tenía previstas para 1935, una de ellas estaría protagonizada por estos geniales locos que hacían reír a todo aquel que pillaran por delante. Se trataba de Una noche en la ópera y la dirigía Sam Wood. Es a esta película a la que pertenece el vídeo de arriba, siendo no una de las mejores escenas rodadas por los Marx, sino una de las escenas más divertidas y recordadas de toda la Historia del Cine.

Ahora bien, ¿cómo surgió? ¿Estaba en el guión originalmente? ¿Fue fruto de la locura de estos cuatro hermanos? (que por cierto eran cinco en total, ya que además de Groucho, Chico, Harpo y Zeppo, estaba Gummo). Pues un poco de todo…

Cuando entregaron el primer borrador de Una noche en la ópera a los Marx y a Irving Thalberg, los primeros pensaron que era algo formidable y el segundo pensó que no era para tanto, simplemente era algo bueno y nada más. Para que mejorara y fuera redondo, lo que debían hacer era ir de gira teatral con ese guión, hacerlo con público en directo y ver si funcionaba. Así que eso hicieron.

Ciertamente, comprobaron que no todo era formidable en el guión y que algunas cosas no eran tan buenas, habiendo partes que no obtenían ni una sonrisa, con lo cual la solución fue eliminarlas del guión. Ahora bien, algunas otras partes que los Hermanos Marx habían improvisado sobre la marcha, terminaron entrando en el guión final, como es la escena que nos ocupa: la del camarote.

Inicialmente la escena consistía simplemente en que un grupo de tipos se amontonan en un camarote sin razón aparente para ello. Al público no le hizo gracia y la escena fue eliminada, pero los Marx, a quienes gustaba mucho, decidieron darle una oportunidad y hacerla, improvisando. A su modo…

Groucho, que debía ordenar la cena a un camarero mientras le empujaban a un rincón del atiborrado camarote, dijo:

– Y un huevo duro…

Harpo hizo sonar su bocina.

– Que sean dos huevos duros -dijo Groucho.

Con esto, el público se echó a reír partiéndose de risa y he ahí que quedó una escena para la posteridad.

Gracias Groucho.
Gracias Harpo.
Gracias Chico.
Gracias, Hermanos Marx.
Por esta escena y por todas vuestras películas y locuras.

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PD: Esta genial anécdota la puedes encontrar, querido cinéfago o cinéfaga, en el no menos genial (y divertido y enternecedor) libro de memorias de Harpo, ¡Harpo habla! (editado por Seix Barral). Sin duda, una lectura muy recomendable.

PPD: La misma escena en versión original…

  • Loula2

    Muy bueno, Jon!!
    El de los Hermanos Marx es un humor sin caducidad, y sus películas puedes verlas repetidas veces y siempre te hacen reír. Muy grandes!!

    • kabe

      Ya te digo loula! estoy completamente de acuerdo contigo. Esta escena y muchas otras permanecen en la memoria de todos, y nunca nos cansaremos de recordarlas y revivirlas. Eran y siguen siendo únicos!

  • andreakaleidoscope

    Gracias Jon por traernos esta genial escena. Los hermanos Marx son eternos y como fan del cine clásico me alegro cada vez que se lo recuerda.

    • kabe

      De nada Andrea! Tú lo has dicho: son eternos y como buenos “fanes” que somos, no podían faltar en este blog cinéfago. Si no lo has hecho, aprovecho para re-recomendarte el libro autobiográfico de Harpo, así como los escritos por Groucho. Impagables!
      Saludetes!