‘Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera’ – La siesta más preciosa de tu vida

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A la sombra del especial de Semana Santa y su avalancha de películas religiosas, aprovechamos también para repasar esta otra propuesta, llena de religiosidad y reflexión.

En un idílico paraje de las montañas de Jusan hay un lago onírico y recóndito. Un templo se mece sobre sus aguas. Un monje y su pupilo habitan en él, imbuidos de atemporalidad y solemnidad. De la ciudad llegan una madre y su hija enferma, que deberá quedarse en el templo para recobrar la salud. Esta aparición romperá la tradicional paz y espiritualidad que habita el templo, forzando a todos sus habitantes a adaptarse y evolucionar.

La película está dividida en cinco capítulos muy claros. Cada uno de ellos pertenecientes a una estación del año, una clara alegoría de los diferentes momentos en la vida de una persona.

Si conocemos la filmografía de Kim Ki-duk, podremos observar que sus películas están repletas de cruenta acción y montajes frenéticos. ¿Cómo explicar entonces una película realizada a base de tomas largas y lentas, con especial fijación por la serenidad de un paisaje que nos invita a sentarnos en el preciosista lago y contemplar el devenir de los personajes? Los diálogos se reducen a la mínima expresión y la comunicación se produce a base de gestos y miradas. La fuerza visual que desprende la película se llena con imágenes simbolistas que explican las enseñanzas budistas, ya desde las propias puertas del templo (que no delimitan nada, y lo delimitan todo, atravesarlas pasa a ser una cuestión de voluntad y disciplina), hasta las mismas piedras, cargas en el alma impuestas por la vida y nuestros actos. Este maravilloso poema conduce a la meditación y a la paz interior, pero ahonda también en los contenidos morales (la culpa, el arrepentimiento, la expiación, la violencia, el dolor, la recuperación del sosiego espiritual).

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Las puertas no delimitan espacios físicos sino mentales.

Kim Ki-duk ha escogido a actores muy diferentes para representar al mismo personaje a lo largo de las diferentes etapas de su vida, reservándose para sí mismo la fase final de superación y dominio del cuerpo en soledad. ¿Un intento de alegoría de que todos nosotros somos parte de la historia de la vida?

Esta película de bellísima factura quiere invitar al espectador a un viaje contemplativo sobre la vida…. Una invitación que aburrirá solemnemente a quién no quiera participar en el viaje. Su lentitud y espiritualidad es caldo de cultivo para bostezos y somnolencias de aquel que no esté predispuesto para el misticismo.

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Purgando los errores cometidos (pobre gato).

Se propone una búsqueda de la introspección, de la búsqueda de paz con uno mismo, desde el punto de vista del budismo. La ausencia de diálogos y la abrumadora abundancia de simbolismos no impiden a esta película trazar las vicisitudes de una vida en cuatro estaciones que sigue, aun cuando nosotros no estemos en ella. Su total falta de ritmo y de trama conjunta convierte a la película en un hipnótico ejercicio narrativo que basa su mensaje en la iconografía, obliga al espectador a estar atento y a querer seguir la película. Su visión debe ser activa, buscando captar todos los matices que se nos ofrecen y apreciando la belleza y la solemnidad de las obvias (y no tan obvias) enseñanzas que allí yacen. Incluso para el espectador ávido, puede no ser tarea fácil.

Podemos observar las bases del budismo y sus consejos para afrontar la vida. De niño, el joven monje disfruta causando daño, pero aprende (a las malas) que causar daño no es bueno. Cuando llega el verano, el joven no puede controlar sus instintos y acaba abandonando el templo. El maestro parece recordarle que no viva con miedo a perder lo que desea, pues el miedo conduce a la ira, la ira al odio y el odio al sufrimiento… Cada personaje que aparece se convierte en símbolo de un momento o una enseñanza a comprender y apreciar por parte del autor. Incluso los policías estarían representando la culpabilidad del protagonista por haber abandonado su “yo” interior, arriesgándose a ver el mundo exterior por no poder controlar los instintos carnales. El final es un emocionante recordatorio de que, aunque nosotros no queramos, la rueda de la vida gira y, sin quererlo o esperarlo, nos hemos acabado transformando nosotros en maestros, guiando a pequeños retoños, enseñándoles a vivir.

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El nuevo maestro y su alumno

Como cualquier obra que intenta adoctrinar o mostrar un modo de ver la vida, es fácil considerar que el punto de vista mostrado es erróneo, no estar de acuerdo con él (a más de uno, esta película le dará ganas de matar monjes) o simplemente no apreciar la sutileza de la búsqueda del “yo interior”, y considerar por ello que la propuesta es detestable. Es obvio cuando ello no es acorde con nuestros ideales, pero eso no debe hacernos olvidar el bello simbolismo que impregna toda la película, concibiendo cada plano como una obra pictórica con la que abstraerse en el que se aprovecha para reflejar acertadamente una compleja ideología. Lo que más me ha gustado ha sido el terrible “invierno” (sobrecogedor) y la tierna “otra vez primavera”, que nos recuerda que la vida no deja de ser un ciclo sin fin. Aunque el final pueda parecer catastrófico no es más que la vuelta al principio, el joven aprende y purga sus pecados, por la fuerza, pero aprende, el maestro ha fracasado y ya nada le queda por hacer en esta vida, pues ahora es el turno del joven, que ya ha aprendido, de enseñar. Si no os habéis dormido antes, seguro que lo apreciaréis.

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No estoy dormido, no estoy dormido…

En resumen, la película más particular de Kim ki-Duk es una propuesta de factura impecable, con unos paisajes envidiables y una espiritualidad inusual. Nos introduce en un paraíso oculto de meditación y muestra magníficamente tanto la aparición de las obsesiones  como la falta de paz espiritual que conduce al daño y al dolor. Es capaz de invitarte tanto a la meditación como a las mejores siestas. Vedla sólo si sabéis qué vais a ver y estáis seguros de que queréis verlo.

  • Loula2

    Pues la he visto dos veces!! Y no sólo no me dormí, sino que la segunda vez que la vi, pasado más o menos un año, le encontré un significado distinto.
    Es una película para desconectar y centrarte en lo que tiene la vida de espiritual, y disfrutar de unas imágenes que transmiten unas veces paz y otras desasosiego.
    Me parece interesante intentar verla sin prejuicios ni prisas….

  • ccbaxter

    En mi ciudad hay una taberna cuyo nombre es reflejo del título de esta película, digo yo que al dueño le gustó y no se quedó dormido…

    Saludos.

  • Jordi Vilàs

    Gran peli y gran reseña!!

  • andreakaleidoscope

    Esta película la vi hace mucho tiempo y hace poco la revisioné, confirmando la primera impresión que me dejó: una película muy bella que me infringió bastante sufrimiento.

    Con respecto a tu crítica, me has dejado una sensación de ambivalencia.Cuando afirmas que es un maravilloso poema concuerdo absolutamente. Pero luego, dices que su “lentitud y espiritualidad es caldo de cultivo para bostezos”. Aquí me parece una observación que deja entrever una actitud obsecuente hacia quienes no disfruten de un cine contemplativo.
    Entiendo que la crítica se dirige hacia un público con gustos heterogéneos, pero si a alguien la poesía le produce bostezos, ¿será necesario tanto mimo?

    Lo otro, aquello de que el visionado de esta película puede no ser fácil. Que requiere un estado de alerta, de un espectador activo, precisamente, creo que es lo contrario. Esta obra es un ejercicio de contemplación. Y en la contemplación no hay esfuerzo, es un fluir. Todo acto volitivo es salir de aquel estado.

    Daniel, a pesar de no coincidir totalmente con tu abordaje, te agradezco mucho que criticaras esta película.

    • andreakaleidoscope

      Disculpen, donde dice infringió debe decir infligió.

    • http://meitnerio.blogspot.fr Daniel Carbajo

      Para mí es una película en la que realmente, pasan tan pocas cosas, que es necesario querer estar atento para no distraerte con cualquier otra cosa.
      Ahora bien, si disfrutas con el cine contemplativo, te lo pasarás en grande con ésta, claro.