Preestrenos: ‘Moonlight’ – Las edades de Chiron

De aquí a unos años, ciertas películas estrenadas en festivales de EEUU de corte independiente y meses antes de la temporada de premios, suelen tener muchas oportunidades para llegar a aparecer en la lista de nominaciones de los Oscars, entre otras muchas nominaciones de premios. Ya pasó hace dos años con Whiplash‘ (Damien Chazelle, 2014) o el año pasado con La habitación‘ (Lenny Abrahamson, 2015), dos de las películas recientes con mayor tirón entre crítica y audiencia sin estar respaldadas por ninguna productora potente. A estas alturas, ya parece ser que es algo que se está tomando como norma. Moonlight‘ (Barry Jenkins, 2016) es otro de esos casos, que por cierto, ha llegado a alzarse ni más ni menos que con 8 nominaciones a los Oscars de este año, y son de las potentes. De hecho, era algo bastante previsible cuando no ha sido hasta hace unas semanas que la película conseguía llevarse el Globo de Oro a la Mejor Película Dramática.

SinopsisChiron es un joven afroamericano con una difícil infancia, adolescencia y madurez que crece en una zona conflictiva de Miami. A medida que pasan los años, el joven se descubre a sí mismo y encuentra el amor en lugares inesperados. Al mismo tiempo, tiene que hacer frente a la incomprensión de su familia y a la violencia de los chicos del barrio. FuenteFilmaffinity.

La película adopta una narración lineal aunque dividida en tres partes, que cuenta los avatares a los que Chiron, nuestro protagonista, se debe de enfrentar durante sus primeros años de vida. Como si de un tríptico abstracto se tratara, los hechos cotidianos de Chiron son expuestos de manera cruda pero que no dejan ni huella ni consiguen que el espectador sienta cierta empatía, a excepción de ciertas escenas y con un ligero levantamiento del drama más interno y personal hacia el último tramo final, cuando el protagonista se desnuda íntimamente con una frase lapidaria que fija las intenciones de la propia película.

I. LITTLE (PEQUEÑO)

El primer bloque representa la inocencia e ingenuidad que supone y conlleva la niñez. Si a esto le sumamos un entorno poco propicio para crecer y avanzar dignamente en la vida, ya queda todo dicho y retratado. En esta primera parte, de hecho, nos encontramos con el personaje interpretado por Mahershala Ali, el cual a pesar de llevar una vida bastante alejada de lo que se entendería por legal, con Chiron logra encontrar ese paréntesis que le falta en su vida, erigiéndose como un padre para él e intentando “educarlo” en ciertos aspectos para que la vida en un futuro no se le haga tan cuesta arriba y como un intento de enmendar propios errores cometidos por él en su pasado. Se intuye, a su vez también, una reinterpretación del complejo de Edipo pero a la inversa, sintiendo en este caso amor por esa idealización de la figura de un padre y un odio tremendo hacia la madre que se irá gestando poco a poco e inconscientemente y que acabará por desgastar la relación entre madre e hijo con el paso de los años. Un niño criado en un mundo de adultos nunca es un buen comienzo, y esta afirmación es algo que se va a plasmar continuamente durante casi todo el metraje, explorando las numerosas aristas del carácter de nuestro protagonista.

II. CHIRON

Todo lo que Chiron absorbe de pequeño es lo que en su segunda parte él va a intentar reprimir, sin expresar absolutamente ningún sentimiento, ya sea de amor, de tristeza o rabia. Es decir, que todo lo que el personaje de Mahershala Ali le inculca en sus primeros años, Chiron se lo termina comiendo y tragando para sí mismo, llegando al punto crítico en el que la cuerda acaba por reventar. Esto le dará a nuestro protagonista cierta libertad para rebelarse contra el sistema que le rodea y contra su forma de vida hasta entonces establecida, eso sí, con ciertos pasajes que van muy unidos a lo que simboliza la pubertad o adolescencia y con los que nuestro protagonista entrará en sintonía y determinará su vida para siempre. En su caso, la adolescencia pasa a ser una extensión de su niñez, en la que sigue estancado dentro de una sociedad en la que le es imposible gritar a los cuatro vientos lo que de verdad siente y padece.

III. BLACK (NEGRO)

Chiron crece y se convierte en el macho alfa de las apariencias. Los años ya han transcurrido, pero las heridas no cicatrizan, y ni su ambiente familiar sigue siendo el adecuado ni su vida actual a priori parezca que haya mejorado, aunque sí que es cierto que hay atisbos de haber dejado su pasado bien enterrado. Lo que él no se espera es que un ligero giro del destino le trastocará su “perfecta” rutina y volveremos a ver al Chiron asustadizo, lleno de temores y complejos, con la única excepción de que la experiencia le ha dado razones para no achantarse a la hora de expresar su verdadera naturaleza. Siendo consciente de ella, la película nos da a entender que lo que Chiron, a pesar de haber dado un gran paso adelante después de tantos años, siente ya no tiene demasiado sentido y que la marca que su breve existencia le ha dejado, la llevará siempre estigmatizada internamente, como un círculo vicioso en el que jamás encontrará una salida y con el que tendrá convivir irremediablemente hasta el final de su días. Quizás esa sea la verdadera tragedia de la película. De hecho, es en esta última parte en la que, como ya he dicho anteriormente, la película consigue cotas de cierto virtuosismo dramático.

Guión aparte, técnicamente es una belleza, y es interesante el juego del color en la película, utilizando una gama de tonos pastel para explicar parte de su infancia, mientras que para desarrollar las partes de la adolescencia y la edad adulta esos tonos pastel van perdiendo muchísima más luz y vida, acorde a cómo se va sintiendo el protagonista durante su vida. ¿Lo malo? Su excesiva frialdad y que compite contra La La Land (Damien Chazelle, 2016) en la próxima ceremonia de los Oscars, la cual le conseguirá comer mucho terreno en cuanto a nominaciones se refiere. Veremos.