Preestrenos: ‘La luz entre los océanos’ – (Agri)dulce luz, (agri)dulces océanos

“Es más facil perdonar una vez que llevar contigo eternamente el rencor y el resentimiento.”

Pequeña joyita que llega a nuestras salas este viernes. Estrenada en el último Festival de Venecia, la crítica la recibió tibiamente, aduciendo que pecaba de un brutal academicismo y de una sensiblería muy pegajosa. Y lo cierto es que puede llegar a pecar de ello, no lo niego ni discuto, pero no es nada diferente a lo que ya nos tiene acostumbrados los grandes melodramas de la época dorada de Hollywood. Además, el reparto lo compensa y con creces.

Sinopsis: Australia, 1926. Un bote encalla en una isla remota y a su encuentro acuden el farero Tom Sherbourne y su joven esposa Isabel. En el interior del bote yacen un hombre muerto y un bebé que llora con desesperación. Tom e Isabel adoptan al bebé y deciden criarlo sin informar a las autoridades, pero el destino les deparará un fuerte revés. Fuente: Filmaffinity.

Derek Cianfrance ya venía de rodar su ópera prima, la estupendísima Blue valentine (2010), y la arriesgada Cruce de caminos” (2012), dos ejemplos más cercanos al indie de manual que del convencionalismo más formal. Ese mismo año, la productora Dreamworks adquirió los derechos de esta novela homónima, escrita por M. L. Stedman, sin saber aún quién sería la persona que la dirigiría. Gracias a la petición de Steven Spielberg, que quedó impresionado por la ópera prima de Derek Cianfrance, logró que este último fuera finalmente el que se pusiera tras las cámaras. Un gran acierto, al ser uno de esos directores que conoce a la perfección la esencia del drama más puro, confeccionando una radiografía de las relaciones muy minimalista y emotiva.

Otros nombres potentes que acompañan a la película, son el del compositor Alexandre Desplat y el del director de fotografía Adam Arkapaw. En el ámbito de la banda sonora, los retazos otra vez a ese clasicismo tan añorado vuelven a aflorar en cada escena, con ciertos a ecos a La chica danesa” (Tom Hooper, 2015), una de sus últimas composiciones y por la que, injustamente, no llegó a obtener nominación alguna en los Oscars del año pasado. Por otro lado, la fotografía es lo más llamativo de esta producción. Filmada en Nueva Zelanda y Australia, los planos nos recuerdan por momentos a la pintura romántica de finales del siglo XVIII – principios del siglo XIX, siendo Friedrich uno de sus máximos exponentes. Lo que Friedrich plasmaba en sus obras era el vacío y la impotencia del individuo frente a la grandeza de la naturaleza, atrayéndose inconscientemente hacia el infinito y perdiéndose en el horizonte. Esta película, sin duda, muestra eso, un vacío constante entre tanta “supuesta” y grandilocuente belleza que les rodea a los protagonistas. Los ojos de Alicia Vikander lo atestiguan.

La historia tiene varios puntos de vista distintos, haciéndonos de esta manera partícipes de lo que siente cada uno de los personajes, primeramente enfocándonos hacia la pareja compuesta por Michael Fassbender Alicia Vikander, e inevitable no empatizar más debido a que son pareja en la vida real, para pasar a centrarse en la tragedia del personaje encarnado por Rachel Weisz, la cual lo tenía bastante complicado, pero al final termina consiguiendo sacar adelante un personaje difícil con suficiente dignidad.

Este triángulo se basa en una complicidad y una química que termina traspasando la pantalla, con numerosas escenas repletas de primerísimos planos que logran, a su vez, transmitir la angustia del drama vivido por los propios personajes, pero es lo que transmiten los dos personajes principales lo que mantiene al espectador en vilo y con una lágrima asomando en más de una ocasión. De hecho, por momentos, hace que parezca que asistas a una especie de pequeñas piezas teatrales artificiales pero creíbles, o dignas, en todo caso. Nicholas Sparks, a ver si aprendemos un poquito…

Por desgracia, me temo que terminará por ser una de esas obras que acabe quedando en el olvido, pasando por las salas sin pena ni gloria. Competirá por hacerse con el premio de mejor drama de época con Loving” (Jeff Nichols, 2016) este viernes en nuestra taquilla, aunque en su caso, Jeff Nichols parte con más ventaja, ya que su película desde su pase en el Festival de Cannes ha ido recogiendo elogios y aplausos. Por lo pronto, son igualmente dos grandes propuestas.

 

  • loula2

    Fassbender es uno de esos buenos actores a los que el cumplir años les va a hacer mejorar en su carrera. Es decir, creo que tiene potencial de gran actor, casi al estilo Daniel Day Lewis (para mi sigue siendo el mejor actor vivo), pero le hace falta ese papel pistonudo que lo termine de confirmar. Y eso que en Shame estaba genial….