Polvo en Almería: Grandes Spaghetti Westerns (I) Django (Sergio Corbucci, 1966)

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El término Spaghetti Western supongo que sonará en mayor o menor medida a todo el mundo. Hay que destacar -para quien no lo sepa- que no se trata sólo de “películas del oeste italianas rodadas en Almería”, el Spaghetti no es sino una desvirtuación del género más genuinamente americano, un oeste más sucio, violento y amoral. Son obras feístas en las que las fronteras entre buenos y malos se difuminan, la música estridente cobra especial importancia, los caracteres de los personajes se exageran (siendo en muchos casos estereotipos llevados a la hipérbole) y sus motivaciones se reducen a “venganza” y “dinero”, no existiendo justicia si no la que los protagonistas entienden por ella y que ellos se encargan de imponer a golpe de revolver. Los italianos, siguiendo los pasos de los españoles y alemanes (que habían producido westerns unos años antes), tomaron el ejemplo más puro de cine norteamericano y lo violaron, derivando en una evolución del por entonces agotado western hollywoodiense, evolución que, mal que pese a algunos, consiguió insuflar algo de vida al género original, que ya empezaba a dar tímidos visos de cambio con obras como “Vera Cruz” (Robert Aldrich, 1954) o “Los siete magníficos” (John Sturges, 1960). La trilogía del dólar de Sergio Leone -“Por un puñado de dólares” (1964), “La muerte tenía un precio” (1965) y “El bueno, el feo y el malo” (1966)– cambió el oeste para siempre. Después llegaría Sam Peckinpah con su “Grupo Salvaje” (1969) y nada volvería a ser como antes.

Creo que es justo reivindicar el papel del Italowestern en el cine, un género tan menospreciado por público y crítica. Menospreciado con razón, porque de entre las más de quinientas películas que se rodaron entre 1963 y 1978 -año en el que el filón se agotó definitivamente-, pocas son las que de verdad merezca la pena destacar, pues no se pueden obviar los fallos de guión, la poca originalidad de la historia, el bajo nivel interpretativo, el paupérrimo montaje y el escaso presupuesto, constantes presentes en mayor o menor medida en una gran cantidad de ellas. Las que se salvan -unas 60 y eso siendo generoso-, excepto las de Leone y alguna más no son películas geniales, pero si os gustan el cine de género italiano, los paisajes de Almería, los duelos al sol, la música “estilo” Morricone y “La muerte tenía un precio”, disfrutareis a buen seguro con ellas.

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Sin embargo, y aunque no se puede entender el Spaghetti sin él, creo que recordar a Sergio Leone en esta selección sería hacer trampa, por un lado porque la calidad de su cine está bastante por encima del resto y por otro porque sus obras forman parte de la cultura popular y son sobradamente conocidas por todo aficionado al cine en general y obligatorias para cualquier seguidor del western que se precie. De Leone y su cine ya se ha escrito largo y tendido y tiene su lugar reconocido en la historia del cine y el beneplácito de los críticos (muchos de los cuales le vapulearon en su día), así que en un principio obviaremos la filmografía del autor de “Hasta que llegó su hora” (Sergio Leone, 1968). Sea como fuere, no puedo olvidar mencionar que cualquiera de sus cinco western entrarían sin duda entre estas recomendaciones.

Dentro de western italiano hay una serie de directores que con mayor o menor fortuna le dedicaron parte de su carrera cinematográfica, pero quizás el que mayor relevancia tenga después de Leone sea Sergio Corbucci. Aparte de ser el que dedicó más parte de su carrera al género de todos (con hasta doce títulos), su principal valor radica en que él no siguió del todo el camino marcado por Leone como sí hicieron claramente otros grandes del género como Sergio Sollima, Tonino Valerii o Giulio Petroni, consiguiendo con ello marcar su propio camino, camino que después seguirían otros.

Así pues, me gustaría empezar este recorrido por esas compañeras de tardes soleadas de verano en Extremadura con una mención especial a “Django”(Sergio Corbucci, 1966) que, aunque no se encuentre entre mis favoritas, si creo que es justo empezar por ella, debido a su especial relevancia dentro del oeste italiano.

Afeando el western mediterráneo.

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“Django” nos cuenta la historia de un misterioso pistolero que porta un misterioso ataúd camino a un misterioso pueblo enfangado en el que misteriosamente no queda nadie salvo las putas del Saloon y el barman de turno a causa del odio visceral que enfrenta a dos bandas rivales: los mexicanos capitaneados por el general Hugo y los sádicos racistas-fanáticoreligiosos-kukuxklaneros comandados por el general sudista Baxter (aquí Corbucci toma un planteamiento prestado de “Por un puñado de dólares” para después hacer lo propio con “La muerte tenía un precio” en la pugna por el botín). En su camino, Django salvará la vida a María de los hombres de Baxter y la llevará al pueblo, trayendo consigo el conflicto y la desgracia. “Django” no es sólo la película italiana que en más de una ocasión ha podido inspirar a Tarantino (esa oreja cortada, ese “Desencadenado”), sino que es, junto con “La muerte tenía un precio” la obra más importante a la hora de definir lo que sería el Spaghetti Western. Su éxito sentaría precedentes en el resto del género de una forma muy distinta a como lo hiciera la película de Leone, que dos años antes daba el pistoletazo de salida definitivo. En este punto se encuentran dos formas de hacer y entender el cine totalmente opuestas.

Leone, por su parte era un perfeccionista incansable (esto se complicaría con los años, no viendo la forma de acabar sus últimas películas al no quedar nunca contento con el montaje), sus guiones están trabajados hasta el punto de que llegaba a colaborar con distintos guionistas a espaldas de los guionistas originales, y sus obras tiene una capacidad narrativa excepcional -consigue reducir al mínimo el uso del diálogo y aun así logra una definición perfecta de los personajes- y un dominio del tempo personalísimo, por no hablar de su gusto por el detalle y de esa forma de poner la cámara que nos legaría planos antológicos.

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En el otro extremo esta Corbucci: directo y ramplón a la hora de contar historias, su cine -un tanto irregular y centrado sobre todo en la acción- va al grano, alejado de sutilezas y ejercicios de estilo (con algunos zooms propios de vídeo casero de familia de vacaciones en la playa o de blaxploitation setentero de mala muerte que duelen), con una limitada habilidad en la escritura de guiones, dando lugar a tramas que no siempre consiguen mantener el ritmo durante toda la película -cosa que no ocurre con aquellas películas de su filmografía que están guionizadas por otros- y con una definición a brochazo gordo de los personajes y sus motivaciones. Pero aun con sus defectos, su cine tiene algo que le hace destacar: una violencia excesiva, esa atmósfera malsana y el ambiente de sordidez e irrealidad que lo impregna todo, la mezquindad de los protagonistas y sobre todo de los malos, rayando el absurdo y una capacidad innata para crear momentos que impacten al espectador y consigan trascender las deficiencias técnicas y narrativas antes mencionadas. Es por tanto un cine netamente efectista.

“Django” es una película icónica, probablemente toda una obra de culto para muchos, pero esto no quita que sea un film en conjunto desigual, en cierto modo deficiente y ante todo sobrevalorado. En ella se pueden diferenciar claramente tres partes entre las que el director no es capaz de mantener cierto equilibrio, siendo la primera de ellas (la trama relativa a los Baxter) la más interesante y a la vez, la más desaprovechada. En esta parte, en la que la película coquetea ligeramente con el cine de terror a través de su densa atmósfera y de la acertada música de Bacalov, es donde consigue desmarcarse del Spaghetti de la época. Desgraciadamente, esta trama es resuelta precipitadamente y una vez los mexicanos hacen acto de presencia, Corbucci aparca la seña distintiva de “Django” para acercarse a terrenos más estándar del Italowestern (aventura con búsqueda del tesoro incluida), presentando una sucesión de acontecimientos insulsa y aburrida que corta de lleno con lo anterior (ya que poco tiene que ver con lo que hemos visto hasta ese momento en pantalla), haciendo que el interés de la película se resienta notablemente y su ritmo decaiga. Con la última parte la película consigue remontar un poco el vuelo, pero tanto el vaivén en las formas de actuar del personaje -que no está todo lo bien justificado que debería-, como la forma de concluir la trama de Django y María (relación por otro lado inverosímil) pesan bastante, haciendo que el personaje quede desdibujado y restando sentido al conjunto.

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A pesar de lo dicho, su valor como obra primeriza es incontestable y su influencia puede verse claramente en films posteriores como “Oro Maldito” (Giulio Questi, 1967), “Y Dios dijo a Caín” (Anthonio Margherity, 1970), “Los cuatro del apocalipsis” (Lucio Fulci, 1975) y “Keoma” (Enzo G. Castellari, 1976), entre muchos otros. Por no hablar de la relevancia que adquirió el personaje interpretado por Franco Nero, que está latente en los más de 30 Spaghettis que, aprovechando el tirón y cierta laguna legal, decidieron incorporar a su título el susodicho nombre o bautizar oportunamente al héroe de turno con él.

Por todo lo dicho anteriormente, su visionado es obligatorio para entender el género y todo el que quiera adentrarse en este mundillo polvoriento, ingrato y de muy dudoso gusto debería verla.

  • Jordi Vilàs

    Pedazo de artículo Carlos,bravo, mañana me lo leo con detenimiento.

  • Carlos Canchado

    Jajaja!Espero que te guste. En principio era doble pero se me iba de las manos!jaja

  • Jose Luis Zarco

    ¡Qué bueno! Solo al ver la imagen que abre el post ya entra ganas de leerlo.

  • Miguel Alcalá

    Muy interesante. Me ha encantado. Espero poder leer el segundo volumen pronto.

  • Jorge Capote

    Ya sabes que no soy muy fan del western. Aún así te he leído con interés. Gran artículo, coleguita.

  • Pedro Carracedo

    Que yo te felicite por una crítica sobre spaghetti tiene tanto mérito como que lo haga tu madre, pero… Gran crítica y como te dije, el primer párrafo es una excelente descripción del cine posmoderno a grandes rasgos.

    Y ¡viva Django, carajo!

  • Carlos Canchado

    Mi madre nunca me felicitaría por una crítica sobre el Spaghetti Western, más bien diría “Que coño haces malgastando tu vida escribiendo gilipolleces?” y que tu me felicites ya es un gran avance, te lo recordaré en un futuro!jaja

    Luego de que tenga un rato leo tu reseña de La Caza!

    PD: y viva el posmodernimos cinéfilo hombre!!

  • Jordi Vilàs

    Que un tío tan joven como tú escriba-y de que manera- sobre el spaghetti western me sorprende a la vez que me da esperanzas, de veras.

    Sigue así, genial(y me quedo corto) post, te estaré vigilando de cerca, no aflojes 😉

  • maltese

    Enhorabuena!!! Me parece muy bueno el artículo y, encima, coincido plenamente contigo: Película de culto, pero bastante mediocre e hipervalorada!! Un saludo!!

  • Carlos Canchado

    Muchas gracias a los dos!se hace lo que se puede! 🙂

    Así dan ganas de seguir escribiendo! 😀

  • Julio_Alberto

    Aunque no comparto todo lo escrito (creo que hay muchos spaghetti que merecen la pena, así que para mí el menosprecio al genero siempre fue por la envidia de Yaquilandia secundada por los críticos más conservadores), se agradece que por lo menos se escriba sobre el genero, que ya es más que lo pasaba hace décadas.
    Un saludo.

  • Carlos Canchado

    Hombre Julio, yo creo que una buena parte del menosprecio de los críticos se debe a la explotación desmedida del género, a la sobreexposición del fenómeno en Italia y a la poca calidad de la gran mayoría de películas del mismo. Esto no quiere decir que no haya muy buenos Spaghettis y que no merezca la pena adentrarse en el mundillo. Si que es verdad que muchos reaccionarios del mundo del cine lo considerarían todo un insulto al género cien por cien americano, no ya sólo críticos, sino gente del cine (como fue el caso de Howard Hawks, que decía que el estilo de Leone era excesivamente feista) así que supongo que fue un poco una conjunción de varios factores que le otorgaron INMERECIDAMENTE esa etiqueta de producto de segunda.

    Una cosa no quita la otra y creo que hay que reivindicar la importancia CAPITAL del Spaghetti y su influencia en el cine actual, siendo este en mi opinión el género más importante de la cinematografía italiana después del neorrealismo (por encima del Giallo y otros hijos bastardos de géneros nacidos a expensas de géneros clásicos del cine como el Poliziotteschi, el Peplum y otros tantos). Un poco esa es mi humilde intención, del mismo modo que ya habéis hecho tu y Jesus con gran acierto en 800spaghettiwestern y en su día en Dispara Gringo, al tiempo que aporto mi visión personal (e intransferible) del mismo.

    Un saludo y gracias por leer! 🙂