‘Muertos y enterrados’– La muerte os sienta tan bien

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Sin duda alguna, la década de los 80 fue una época dorada para el cine fantástico y de terror, y cuando a dicha época la defino como “dorada” no me refiero estrictamente a la calidad que pudieran atesorar las obras creadas en esos tan añorados años,  también pretendo subrayar que esa década fue de lo más fructífera en cuanto a la cantidad de producciones realizadas.

Fueron muchísimas las películas de terror o de género fantástico, que con mejor o peor fortuna, invadieron las carteleras de las salas de cine y de los videoclubs de medio, o mejor dicho, de todo el mundo. Algunas de ellas muy recordadas y veneradas, otras sin embargo, pese a ser películas de incuestionable interés cinéfilo, se perdieron en los infiernos del olvido debido al implacable paso del tiempo o quizá a otras circunstancias, las cuales desconozco. Como la cinta que nos ocupa.

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‘Muertos y enterrados(1981) es un filme de terror dirigido por Gary Sherman. El guión de esta magnífica película lo firman nada más y nada menos que Dan O’Bannon y Ronald Shusett, responsables de libretos tan interesantes como el de ‘Alien el octavo pasajero’,’Alien el regreso’ o ‘Desafio total’ (entre otras). Y, sin nigún atisbo de duda,precisamente en el guión de esta olvidada película es dónde hallaremos uno de sus puntos fuertes. Aunque,en un principio, ‘Muertos y enterrados’ fue ideada a modo de comedieta de humor negro, finalmente debido a algunos problemas y discusiones entre Sherman y la productora AVCO Embassy Pictures se decididió que esta obra fuese un filme de terror ; cambio que a mi parecer resultó todo un acierto, pues no puedo imaginarme una historia tan espeluznante y siniestra como la de la cinta que nos ocupa convertida en una comedieta de risa fácil. Pero tantos  cambios e inseguridades no favorecieron para nada al filme, que al ser editado multitud de veces y recortado por aquí y por allá no convenció del todo a la productora y, por ende, no le dieron la importancia que merecía a esta ochentera, carismática y brillante película de miedo.

El encargado de los efectos especiales de esta obra fue el inolvidable Stan Winston, un verdadero genio, conocido por cualquier cinéfilo que se precie, padre y creador de criaturas como Depredador o Terminator. El señor Winston en ‘Muertos y enterrados’ realizó–como siempre nos tenía acostumbrados– un trabajo impresionante,para quitarse el sombrero. La caracterización de los cadáveres es una faena digna de los mejores maestro de la historia del cine,y más si tenemos en cuenta el escaso presupuesto con el que contaba.

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La historia de este film nos lleva a un pequeño pueblo costero llamado Potter’s Bluff, situado en el estado de Rhode Island. Un lugar aparentemente tranquilo y familiar pero que esconde un terrible secreto, al parecer algunos habitantes del pueblo están asesinando de forma brutal a todos los forasteros que estén de paso por Potter’s Bluff. Crímenes que serán investigados por Dan Gillis–el sheriff del pueblo– y el doctor Dobbs, un excéntrico forense y embalsamador que tiene una relación muy especial con los cadáveres con los que trabaja.

¿No me negaréis que la trama tiene una pinta de lo más interesante? Sin duda alguna nos encontramos ante uno de los mejores filmes de terror de la década de los ochenta, que no es poco, y la verdad es que no alacanzo a comprender como una obra de estas características pasó tan desapercibida. Quizá su fracaso fuese debido–además de a los problemas de inseguridad de género y recortes ya mencionados– a que no tenía estrellas en el reparto. Un elenco de actores en el que podemos encontrar nombres como los de Lisa Blount(‘Oficial y caballero’)o a un jovencísimo Robert Englund, nuestro querido Freddy Krueger, pero evidentemente ambos interpretes no resultaron suficiente reclamo para arrastrar a los espectadores a ver esta película, pues Blount no pasaba de ser una actriz mona aún por descubrir y con Englund pasaba tres cuartos de lo mismo. La única “estrella” del reparto era Melody Anderson, actriz que interpretó el papel de la periodista Dale Arden en la minusvalorada y entretenidídma ‘Flash Gordon'(Mike Hodges,1980) y que en “Muertos y enterrados” interpretaría a la esposa del Sheriff Gillis, un papel no demasiado jugoso pues apenas aparece 10 minutos seguidos en pantalla.

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La acertadísima y buscada atmósfera de “familiar y encantador malrollismo” creada por Gary Sherman va adquiriendo significado a medida que el filme y sus entresijos se van desarrollando, de hecho,en este clima tan atosigante y extrañamente hogareño reside una retorcida y malsana cancamusa de lo más hipnótica.  Ese donaire, ese gracejo, ese encantador salero de los educados pueblerinos que te saludan–con una sonrisa de oreja a oreja– desde sus acogedores y blanquecinos porches agitando la mano; despierta multitud de sensaciones encontradas: el desconcierto, la empatía, la desconfianza, la campechanía, la grima,la sencillez, la jovialidad, el pavor a ser invitado a cenar…  A mí personalmente siempre me han infundido más miedo los asesinos “amables” –como los de ‘Muertos y enterrados’–que los matarifes malcarados, brutales,deshumanizados y previsibles. Pues la cautivadora y cordial gente del pueblo de Potter’s Bluff son de ese tipo de psicópatas que nunca sabes por dónde te saldrán, unos asesinos que te prenden fuego y te apuñalan mientras te desean una  feliz Navidad con una agradable sonrisa dibujada en el rostro; algo que a mi parecer resulta mucho más aterrador que cualquier slasher machete en mano rebanando cabezas y derramando litros de hemoglobina. Porqué el tipo de maldad de la que hacen gala los habitantes de Potter’s Bluff es mucho más creíble y corriente en nuestras vidas, esa maldad llamada hipocresía. Todos tenemos en mayor o menor medida ese lado hipócrita con el que regalamos una amable sonrisa a nuestra vecina cuando realmente por dentro estamos pensando; la próxima vez que pongas la lavadora a medianoche probaré en tus posaderas mi nuevo descorchador eléctrico. Los habitantes de Potter’s Bluff son el reflejo de la peor de las maldades inherentes al carácter del ser humano. Evidentemente me refiero a la falsedad.

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Además de todas las virtudes que os he mencionado,’Muertos y enterrados’, bebe descaradamente de ese Mito de Prometeo que tan buenas historias nos ha regalado,como esa aprovechadísima obra maestra de la literatura llevada al cine–con mejor y peor fortuna– en infinidad de ocasiones. Evidentemente me refiero al Frankenstein de Mary Shelley;  la oscuridad del relato y lo trascendental que pretende ser su mensaje son dos de los puntos en los que coinciden la intemporal obra maestra de Shelley y este minusvalorado e incomprendido filme ochentero, pues sin duda alguna, querer engañar–contra natura– a la parca conduce a un final mucho más doloroso y agónico:Conduce a una muerte en vida, que es muchísimo peor que la misma muerte. Dejando ya de lado la filosofía barata, debo gritar a los cuatro vientos que un filme con semejantes virtudes no merecía tal ninguneo,con la de bodrios que día sí día también tenemos que sufrir en las carteleras de los cines y en nuestra amada televisión es del todo inconcebible que ‘Muertos y enterrados’ no reciba las alabanzas que sin duda alguna se merece, de hecho yo nunca la he visto por la televisión, seguro que la han emitido, pero un servidor no la ha visto. Así que sinceramente espero haber despertado algo de interés por ver esta gran película en aquellos que nunca la han disfrutado, pero también espero haber avivado la curiosidad de aquellos que sí la han visto pero que quizá no supieron captar todo lo buena que esta película nos ofrece. Que no es poco. Os lo aseguro.

  • Jorge Capote

    “Siempre daba los buenos días”, decían siempre los vecinos de los asesinos en ‘España directo’. XD. No habia escuchado mencionar esta película, me la apunto.