‘Love’ (Gaspar Noé, 2015) – ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

Gaspar Noé, bautizado como el ‘enfant terrible‘ del cine galo actual y conocido ya por medio mundo tras sus arriesgadas propuestas fílmicas, presenta su cuarta y última película hasta la fecha, Love‘ (2015), en la que parecía ser otra vuelta tuerca dentro de un género tan sobreexplotado como lo es el de corte erótico, aunque hay que ser objetivos en este caso y afirmar que su regreso ha resultado un completo desastre. Presentada en el Festival de Cannes de este año fuera de concurso y con críticas más malas que buenas, la decepción se dibujó en los rostros de los numerosos especializados de la crítica, como ya digo, contrastando así con la fascinación de los fans del director, que ya la catalogan como una de sus mejores obras. Yo discrepo, pero bueno.

La historia alterna los numerosos saltos en el tiempo en los que transcurre la trama, empezando por la vida actual de nuestro protagonista, Karl Glusman, ya casado y con un niño. Repentinamente, la madre de uno de sus amores del pasado, Electra, le telefonea para saber el paradero de su hija y lo que sucede a continuación son los diversos flashbacks, en los que se rememora la relación de esta pareja y en la que, sobre todo, prima el sexo sin base alguna. Que no os engañe el título. Se intentan adornar estas escenas sexuales con demasiada carga filosófica sobre el concepto del amor, pero acaba quedando relegado a un segundo plano bastante sonrojante. Se debe muy en parte a la elección del cásting, ya que en el caso de los roles femeninos, Gaspar Noé conoció a las dos protagonistas en un club y las “adoptó” para esta película. Craso error. En el caso del protagonista masculino, el director ya le conocía por un amigo suyo, con lo que ya tenía la película hecha, así de sencillo.

La promoción de la película se suponía que iba a ser algo que nunca se había visto en este campo, calificándola su director como “una historia con la que las chicas llorarían y los chicos se empalmarían“. Tras venderla de esta manera, la expectación era más que alta. Una pena que el resultado no haya sido el esperado. De todos modos, Gaspar Noé lo tenía algo difícil, en vista de que otro ‘enfant terrible‘ del séptimo arte hiciera algo parecido hace dos años atrás. Sí, tod@s estáis pensando en el mismo, en nuestro danés particular, en Lars von Trier. Su película Nymphomaniac‘ (2013), estrenada en dos entregas y con escenas suprimidas en su distribución comercial, daba a entender que el género erótico en sus manos era pura arcilla a moldear a su antojo, y vaya sí lo logró, describiéndonos la historia de una mujer ninfómana en ocho capítulos, muy en la línea y tónica habitual de nuestro Lars. Por cierto, recomendable su versión integra, la del director, que ronda la exagerada duración de 325 minutos y con escenas realmente impactantes que no se vieron en cines.

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Puede decirse que Gaspar Noé llevaba esa losa encima, por lo que creo que quiso dotarla desde otro punto de vista, pero no consigue llegar a plasmar todas esas ideas de una manera realista y creíble. La poca empatía de los “actores” por trasladar una historia desgarradora a la pantalla hace que el espectador pierda el total interés en lo que cuentan. De hecho, exceptuando las escenas supuestamente fuertes y de alto contenido explícito, el resto es pueril, ñoño y tonto. No hay más que remitirse a las escenas en las que se cuestionan el sentido del amor o las discusiones tan banales que tienen lugar entre los dos protagonistas principales. Como ya he dicho antes, sonrojante.

Por eso tras el visionado, aún me sigue sin entrar en la cabeza como un tío que ha realizado obras como la detestable Irreversible‘ (2002) o la magistral Enter the void‘ (2009), haya podido dar otro paso atrás en su carrera como cineasta, porque ya no es sólo que se note un “chocheo” importante en su ejecución, sino que encima tiene el descaro de auto homenajearse de mala gana y de hacer acto de presencia en la peli de una manera aberrante y vergonzante. Aún tengo grabada en mi memoria esa peluca que se atreve a usar… que sí, Gaspar, que tod@s sabemos que te amas mucho, pero aquí te has pasado cuatro pueblos.

A su favor, debo decir que sigue teniendo esa capacidad para capturarnos en sus imágenes y sus atmósferas, aunque esta sea una de sus propuestas más light. Eso y que utilice su película para establecer una autobiografía para explicarnos sus referencias, ya sean cinéfilas, estéticas o musicales. Que si Stanley Kubrick, que si Pier Paolo Pasolini (ahora entiendo todo), y que si la música electrónica alternativa mola más que nada, porque hay que reconocer que a este hombre le pasa como a Quentin Tarantino, que tiene un gusto exquisito para la música y que sabe aplicarla a la perfección dependiendo del momento y de la escena.

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En fin, que la espera no ha merecido mucho la pena, pero que seguimos confiando en que Gaspar Noé regrese la próxima vez con algo suculento entre manos y resuelto de manera algo más profesional y no tan amateur, así como a dejar la vanidad encerrada en casa y mostrarnos ese realismo poético que tan bien lo supo captar en Enter the void‘ (2009), siendo para el que escribe su mejor obra y una de las obras cumbre de nuestro siglo. Te esperamos, Gaspar, te esperamos…