‘Ghost World’ – La inconformista Enid

Ghost World La inconformista Enid - Miguel García Boyano

El visionado del modestamente atractivo documental “Seduced and abandoned” (James Toback, 2013) me hace pensar que, dado que es en función de lo cual los productores desembolsarán más o menos dinero en unos u otros proyectos cinematográficos, el encanto que suscitan sus actores constituye el factor más determinante a la hora de llevar a cabo nuestras elecciones cinematográficas. ¿En qué otros elementos basamos nuestras decisiones cuando vamos al cine? ¿La recomendación de nuestro(s) crítico(s) de referencia? ¿El deseo de conocer la película de la que todo el mundo habla? ¿Un tráiler llamativo? ¿Las obras previas de su director? ¿La temática de su contenido? ¿El número de premios que ha cosechado? ¿O, como último y apresurado recurso, lo atrayente de su póster?

Recuerdo que el motivo por el que me decidí a ver “Ghost World” (Terry Zwigoff, 2001) fue precisamente el reclamo de su trío protagonista, pero bien podría haberme dejado arrastrar antes hacia este título de haberme cruzado con su póster. Y es que éste evoca muchas de las cualidades atribuibles al filme que representa. Los serios gestos que acompañan la promesa de una “comedia inolvidable” la incluyen más bien dentro del subgénero de sátira social, no garantizando tanto la carcajada como la reflexión. A la derecha de la imagen se homenajea la fuente de la que bebe esta cinta, el cómic homónimo de Daniel Clowes, quien firma junto al director de la misma su guión. La estética opuesta con que se presentan una y otra protagonistas a la izquierda del póster evidencia ya la importancia que va a tener la misma en el desarrollo de esta película, en que se empleará activamente para reafirmar la sumisión/aceptación o la rebeldía/rechazo de sus voluntades frente a lo establecido. Es cuanto menos curioso que el retrato de Enid (Thora Birch) mire al frente cuando el de Rebecca (Scarlett Johansson) se nos presenta de perfil; se remarcan así por segunda vez lo contrastado de sus personalidades. Por último, el sugerente título de esta obra del cine independiente americano constituirá a la postre un perfecto resumen de los paradójicos hallazgos de la protagonista en la incompleta búsqueda de sí misma que aquí nos ofrece Terry Zwigoff.

Enid puede resultar criticona, repelente, antipática, inaguantable, impertinente, maleducada… Pero sería injusto quedarse tan solo en la superficie. Falta del cuidado y amor de su padre –único familiar que se le supone– Enid es también excluida por sus semejantes, incapaces de fijarse en ella. A base de inmisericordes caricaturas, se nos van presentando numerosos personajes tipo que sufren casi sin excepción su crítica. La falta de intereses comunes con éstos no le traerá ningún tipo de preocupación, hasta el momento en que empieza a asistir al encorsetamiento social de Rebecca. Pero la traición que siente ante la “madura” actitud de su mejor amiga no le sume en el victimismo. Enid abraza el rechazo manteniendo su ácida actitud y parte en busca de comprensión.

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Nuestra protagonista creerá encontrar su hueco entre los marginados, los raros o los freaks, y más concretamente al lado de Seymour (Steve Buscemi). El atractivo que este personaje suscita en Enid empieza a ser más que patente cuando por primera vez entra en su habitación. Supone este espacio la reafirmación de sí mismo frente a cualquier tipo de complejo social.

¡Aviso, spoilers de aquí en adelante!

Por eso es mayúscula la decepción que sufre Enid cuando Seymour, de la mano de Dana, su novia, reniega activamente de sus propios gustos. Cae entonces en la cuenta de que, a diferencia de ella, lo que frenaba a Seymour de integrarse en la sociedad no era tanto el rechazo que éste sentía por los gustos de la misma, sino al revés. Sumida en la mayor de las desesperanzas, sumará un último triunfo frente a ese mundo espectral que le rodea cuando, reconquistando el corazón de Seymour, haciéndole elegirla a ella, a sus principios, a las afinidades que sí comparten, le haga entender cuán miserable, cuán fantasmal es.

La juventud juega un papel fundamental en la definición del carácter de Enid, pero no es la inmadurez la que, en mi opinión, justifica el resto, sino el inconformismo. Busca, inquieta, sin nada que la retenga, dónde agarrarse, un lugar en que sentirse amada y poder amar. Por eso vierte una desbordante alegría sobre su cuaderno cuando la esperanza de un mundo nuevo llama a su puerta. Y por esta misma razón, cuando Norman, el anciano al que tenía por loco y que se mantenía esperando un autobús que nunca llegaba a pesar de la crítica que le realizaba, le demuestra estar acertado, ella lo verá como un ejemplo a seguir, como una nueva puerta abierta en su camino de autodescubrimiento.

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