George A. Romero: ‘Los Crazies’ – Las armas biológicas

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Tras dos fracasos económicos, Romero realizó una película que guarda parecidos con su exitosa ópera prima. En ‘Los Crazies’ (George A. Romero, 1973) volvemos a tener un grupo reducido que debe sobrevivir y una horda asesina, aunque los humanos armados son el mayor enemigo. En esta ocasión, la mirada crítica del director carga contra las armas biológicas.

No hay zombis, pero sí infectados

Un accidente ha provocado que el virus de combate Trixie se escape por el pueblo de Evans City. Las víctimas, si no mueren, enloquecen y se convierten en homicidas. Se diferencian de los zombis en que están vivos, así que pueden usar armas y otras herramientas, su movilidad es normal y su apariencia es igual que la de los sanos. Esto permite nuevas opciones, como que sea más conflictivo el hecho de matarlos o que haya el misterio de saber quién está infectado y quién no.

El origen de la historia está en un guión de Paul McCollough, amigo de Romero, que el director modificaría para darle su forma definitiva. George también se ocupa del montaje, dejando en esta ocasión la fotografía para S. William Hinzman, quien además hace de infectado loco. Otros habituales que repiten son Regis Survinski y Tony Pantanella en los efectos especiales. El presupuesto fue de 270.000 dólares, lo que hizo que muchos papeles fuesen interpretados por habitantes de Evans City; de hecho, muchos de los soldados enmascarados eran estudiantes de secundaria.

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La película empieza bien, creando un buen ambiente de caos y peligro. Tenemos el despliegue del ejército, que aísla el pueblo, y los locos, que no sabemos exactamente qué les pasa. Pero la cosa se dilata y aparecen secuencias poco interesante, a lo que no ayuda el bajo nivel de algunas interpretaciones y diálogos. Eso sí, hay algunas escenas bien conseguidas, como la de la abuela que hace ganchillo o cuando un grupo de infectados carga contra los soldados. Por cierto, los soldados todos de blanco y con la máscara de gas son un acierto estético, ya que forman un elemento llamativo e identificativo de la cinta.

No a la guerra biológica

La realización y estreno de ‘Los Crazies’ se sitúa en el marco de la larga Guerra Fría. Una época de paranoia, donde las grandes potencias mundiales creaban continuamente nuevas armas de destrucción masiva. Estados Unidos había usado armas biológicas en la reciente Guerra de Vietnam. Por contra, en 1972, había firmado la Convención de Armas Tóxicas y Biológicas, que prohibía el “desarrollo, producción y acumulación de microbios o sus productos venenosos excepto en cantidades necesarias para protección y exploración pacífica”. Así pues, no es extraño que Romero ataque este tema en su cuarta obra.

El virus Trixie es el nuevo secreto de Estados Unidos para mantenerse en el poder. Sin embargo, al escaparse, provoca que todo un pueblo de los suyos sucumba ante la locura asesina. Y es que las armas biológicas, además de la destrucción de cualquier arma, no distinguen a sus víctimas. Soldados o civiles, amigos o enemigos, adultos o niños, animales o plantas… Si se usa una arma de este tipo, nadie estará a salvo. Además, está la crítica a las autoridades, quienes sólo empeoran las cosas con su gestión. El grupo protagonista, más que a los infectados, teme a los soldados.

Volvemos a tener un irónico final. Primero, el doctor que descubre la cura se ve metido en el caos por culpa de los soldados, de manera que su trabajo se pierde. Después, el único humano inmune y que, por lo tanto, lleva la cura en la sangre, es descartado para ser investigado y se le echa con el resto de pueblerinos. Es decir, el ejército y el equipo del Gobierno no sólo provocan la infección, también destruyen cualquier posibilidad de solución del problema.

Cameo

Romero realiza dos cameos. Primero, como local del pueblo que es llevado al instituto. Después, como presidente de los Estados Unidos en la pantalla del monitor.

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Conclusión

‘Loz Crazies’ recupera fórmulas de ‘La noche de los muertos vivientes’, aunque su nivel queda muy lejos. Tiene un buen ambiente y algunas buenas secuencias de acción, pero la falta de recursos y la inexperiencia pasan factura. Por lo menos, nos da una crítica contra las armas biológicas y el autoritarismo del Gobierno.

Romero volvió a fallar en taquilla. Tras tres películas en tres años consecutivos, tuvo que esperar cuatro años para estrenar un nuevo largometraje. Y lo hizo con su visión sobre la figura del vampiro.

Especial “George A. Romero” en ‘El Club de los Cinéfagos Muertos’

Presentación

‘La noche de los muertos vivientes’ (I)

‘La noche de los muertos vivientes’ (II)

‘There’s Always Vanilla’

‘La estación de la bruja’