Festival de Sitges (IV)

Cartel japonés de una de las películas de “La nit + Killer” (Hiddden in the woods)

Lo prometido es deuda, queridas y queridos cinéfagos: Comienzo a comentar lo que vi en los dos maratones a los que asistí en el Festival de Sitges. El primero es el que denominan La nit + killer, dedicado a asesinos en serie o gente chunga a la que le gusta eso del mata-mata; y el segundo, todo un clásico del festival que siempre acompaña a uno de sus grandes eventos: la Zombie Walk, el desfile por excelencia de los muertos vivientes con el que campan a sus anchas por todo el pueblo. Se trata, cómo no, de La nit + Zombie. En esta ocasión resultó ser mucho más disfrutable el segundo de ellos, pero de momento… ¡Vamos con los asesinos!

La nit + killer

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La noche empezó con Downhill, una película a la que le tenía ganas por mezclar varios temas interesantes para un servidor, las infecciones y las sectas satánicas. Total, que al final resultó ser un chasco: un popurrí mal hecho con ambas temáticas, de muy bajo nivel y poquísimo presupuesto, amén de unas interpretaciones que dejaban bastante que desear.

La historia va de un hombre al que le gusta el deporte de riesgo con su bicicleta, teniendo un trauma por la muerte de un amigo suyo practicándolo. El caso es que otro amigo le convence para un descenso de montaña y allá que va, sin saber qué se encontrará por el camino… Y eso que se encontrará da más risa que miedo, o pena si se quiere. Lo dicho: nada funciona en esta película dirigida por Patricio Valladares, quien esta noche presentará otra película, concretamente la tercera de la noche.

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Psychophonia, de Brianne Davis, fue la segunda película de la noche y, lamentablemente, tampoco tiene gran cosa que destacar. Lo mejor es que resulta algo más interesante que la anterior, aunque lo peor es que de nuevo se trataba de una película con pocos medios y eso se deja notar en el resultado final. Un hombre es asesinado y su mujer empieza a recibir llamadas misteriosas que le hacen pensar o indagar acerca de su marido y las cosas que hacía… Como digo, nada importante que destacar salvo cierto aire claustrofóbico en la casa de la chica protagonista, de ahí que piense que resulta algo más interesante. Pero poco más.

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La otra película que presentaba Patricio Valladares es Hidden in the woods, con la participación nada menos que de Michael Biehn y producida por él mismo (y por su mujer, ya que tienen una productora: Blanc/Biehn Productions), donde el protagonista de Terminator (James Cameron, 1984) interpreta a un padre de la América profunda, un zarrapastroso con negocios chungos en el lugar y con dos hijas a las que maltrata, viola y mantiene aisladas de todo… Hasta que años después él acaba en la cárcel y ellas pueden escapar… Su tío, aún peor que su padre, se entera y ellas quieren algo que está oculto en el bosque (de ahí su título).

A pesar de que la película resulta más interesante que sus dos predecesoras de la noche, mejor rodada que la anterior de Valladares y muestre personajes y localizaciones más turbias, el hecho de que se haga demasiado repetitiva alargando el metraje innecesariamente, y que las dos protagonistas no hagan prácticamente otra cosa más que gritar en toda la película, lastra todo el resultado final. Aun así, ya digo que el nivel de la noche fue subiendo.

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Patricio Valladares (izq.) junto a la productora Jennifer Blanc-Biehn

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Y eso último se confirmó con la última de la noche: The windmill massacre, de Nick Jongerius. En esta película una chica se monta en Amsterdam en un autobús junto a un variopinto grupo de personajes para ir de excursión turística. Cuando el autobús se estropea y no haya manera de arrancarlo, no les queda más remedio que refugiarse en un molino cercanm muy destartalado. Allí, un misterioso y legendario personaje intentará ir acabando con todos ellos uno tras otro, en base a si lo merecen o no según los pecados que hayan cometido… “Jeepers Creepers se cruza con Viernes 13”, dicen algunos.

Vale, no es nada del otro mundo, pero resultó ser la mejor rodada de todas las de la noche, la que tenía más presupuesto, la de las mejores actuaciones… En fin, que sí, subió el nivel aunque la historia flojeara, pero era entretenida y eso, a punto de amanecer fuera de la sala de cine, a esas horas, es de agradecer. A todo esto, no me extrañaría que en cualquier momento nos encontráramos con alguna secuela de este “asesino del molino”…

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Nick Jongerius, director de “The windmill massacre”