Festival de Cine Europeo de Sevilla – Correspondencias, Las margaritas y Sieranevada

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En esta entrega os dejamos con lo mejor del SEFF, variado tanto en nacionalidades, como en estilos, temáticas, tiempos e incluso sexos. Las tres películas que más hemos gozado en esta edición son:

 

Correspondências (Rita Azevedo Gomes, 2016)

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Si Dogs –decíamos– formaba parte de un cine mecánico, cuyas imágenes parecen pliegos de una única película global por los códigos del género, Correspondencias se sitúa en el otro extremo, en el de un cine libre cuyas imágenes se fusionan, se superponen y se evocan a través de la poesía y la relación epistolar de Jorge de Sena y Sophia de Mello Breyner. De esta forma, rompe con la mira unidireccional, una imagen abierta cargada de significantes múltiples que amplían sus significados con la musicalidad inherente a la poesía de Jorge y Sophia.

Hablar de la libertad es inevitable al formar parte del discurso de Rita Azevedo sobre el amor hacia el cine, hacia sus amigos que coprotagonizan la película recitando los poemas, hacia el arte y hacia Portugal. Pero también nos somete a un dilema sobre lo que vemos. Hablábamos de libertad de creación, de la asombrosa capacidad para desvincularse de los cánones establecidos sin desmarcarse de los intereses mundanos y emociones viscerales. ¿Pero y si esto no es más que una recodificación del imaginario del cine de autor? La influencia de Mekas y Straub es innegable y en esto se fundamenta para construir un discurso libre y consciente de la Historia. Historia del cine, del Portugal de Salazar expuesta en las cartas de los poetas, Historia de la consciencia de la patria y la relación identitaria con esta desde el exilio y desde la asunción de libertad.

Las margaritas (Vera Chytilová,1966)

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Continuando con ejercicios de libertad, Las margaritas se adentra en la evolución del lenguaje cinematográfico en una situación de ausencia de libertad de expresión. En ella se produce una subversión de las convenciones sociales a través de dos jóvenes que siguen el axioma “¡si todo está corrompido, estaremos nosotras corrompidas también!”. A partir de aquí accedemos a una inconexa sucesión de momentos protagonizados por dos flores convertidas en cardos para la sociedad. Engañan y seducen a ancianos para que les inviten a comer, sabotean un espectáculo a la vez que se emborrachan en los bares, roban o destrozan un suntuoso banquete. El recurrente apelativo de collage con el que es calificada esta obra es preciso tanto por su narración como por su montaje de sonido e imagen, que mantiene una frescura atemporal y expresa una comicidad desde las imágenes y su composición.

Las margaritas pertenece a la Nueva Ola Checoslovaca y como tal aborda temas particulares del plural movimiento. La subjetividad, la oposición a los convencionalismos sociales, el vanguardismo, la ironía, el escepticismo, la juventud y el absurdo. El espíritu de resistencia de la juventud acallado en 1968 y el hedonismo (o su deseo) que desprenden las protagonistas chocan con el existencialismo de tradición europea al que se ven arrojadas cuando sus fechorías dejan de tener sentido. La anarquía que desatan sus movimientos secuencia tras secuencia, plano tras plano, son el síntoma de una juventud en busca de una libertad prohibida.

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Vera Chytilová plantea en el tramo final un nuevo conflicto. ¿Es imposible la restauración del sistema tras su destrucción, del lenguaje tradicional cinematográfico? ¿Es la corrupción del mundo y, por tanto, la del individuo inevitable? La redención dentro del sistema solo es posible a través del trabajo, ser un buen trabajador es sinónimo de felicidad autoconvincente, solo aparente, no real; es el camino único y directo a la muerte. Así lo revela la última secuencia en la que las jóvenes intentan arreglar el desastre que han causado en la sala del banquete de lujo, pero la lámpara/luz las aniquila.

Las Margaritas acaba con una dedicatoria de actualidad: “A aquellos que solo se indignan ante una lechuga pisoteada”, mientras tanto las bombas y las ametralladoras siguen desojando el paisaje.

Sieranevada (Cristi Puiu, 2016)

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La gran película de este festival ha sido Sieranevada. El filme rumano es una especie de reality show sobre una familia rumana, pero sin el glamour de las Kardashian o el morbo de los Osbourne. “La gran familia rumana” se reúne para celebrar (?) el rito ortodoxo funerario para despedir al pater familias. No obstante, para la mayor parte de la familia es una excusa para comer, comida que se convierte en un macguffin que permite el desarrollo de un coro de variopintos personajes y que amplía los límites de la película cada vez que entra en escena uno nuevo (desde la tía depresiva hasta el primo conspiranoico, pasando por la amiga drogata, la anciana comunista y la joven sensible hermana del protagonista).

Con una familia así, la complejidad de relaciones y tensiones que emergen a cada segundo es guiada con maestría por el uso de la cámara. A base de planos-secuencia distantes y paneos que nos permite compartir la intimidad del tragicómico luto de esta familia. La complicidad con la que se tratan los innumerables temas se transmiten por medio del pulso inquieto y acechante de la cámara, haciéndonos conscientes del voyerismo devorador de un contenido inabarcable en su primer visionado. Gracias a esto sus casi tres horas llegan a parecer pocas para conocer y asimilar la vida de esta familia. Ojalá un Sieranevada 24Horas.