Especial “La Generación de la Violencia”: ‘Vera Cruz’ – Sudorosa, mestiza y un poco pulp

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Llegó la hora de meterse de lleno en el cine de Robert Aldrich, capítulo aparte en nuestro especial sobre la Generación de la Violencia. Y qué mejor forma de hacerlo que hincándole el diente a ‘Vera Cruz’ (id, 1954), uno de los primeros esfuerzos tras las cámaras del realizador estadounidense y también una obra muy representativa representativa del mismo en cuanto que introdujo varios elementos que acabarían conformando algunos de los rasgos más recordados de su cine: tipos duros, acción a raudales, un ritmo endiablado y, cómo no, una violencia explícita que estalla en cualquier momento para gozo del espectador. Nos encontramos con un western que, pese a su época, se atrevió a jugar con algunos elementos poco explotados hasta entonces en el género, elementos que pueden ser vistos como una indudable fuente de inspiración para autores posteriores (estoy pensando en el spaghetti western, subgénero al que mi compañero Carlos Canchado está dedicando un selecto y a la vez exhaustivo especial) y que hacen de ‘Vera Cruz’ una cinta original y con mucha personalidad.

La historia de esta película es simple, pero muy efectiva: dos tipos solitarios se enrolan en el ejército francés en México con la promesa de una jugosa paga, pero se verán tentados por un botín más suculento. Buena premisa en la que se suceden los engaños, la mentira y las ambiciones personales, motor de la cinta que provoca que la acción se desarrolle a trompicones, dando bandazos y nunca tirando por lo excesivamente previsible. Sin embargo, como ya hemos visto en otras películas de este ciclo, los personajes distan de ser arquetípicos y sus acciones quedan en muchas ocasiones muy lejos de la lógica del héroe cinematográfico más clásico: aquí hay pasiones, intereses egoístas y una concepción muy cuestionable de la vida en general que hace que los personajes ganen en profundidad y, por tanto, en interés. Cabe mencionar al respecto que si un protagonista destaca por encima de todo el elenco, ese es el personaje interpretado por el carismático Burt Lancaster, quien da vida a un maleante aceitoso con sonrisa de hiena y carisma a prueba de balas. Él es la representación en carne y hueso de la imprevisibilidad de la violencia, poseedor de un negro espíritu aventurero y una personalidad de la que nadie puede fiarse. Su compañero de armas, interpretado por un impasible Gary Cooper, supone un contrapunto sosegado, pero no por ello menos violento y amoral, cuyo turbio pasado deja intuir una vida que se torció y revela un presente del que no se siente muy orgulloso, pero del que tampoco tiene el coraje para escapar. Unidos como mercenarios vendidos al mejor postor, se unirán a una caravana que, bajo la pobre excusa de transportar a una condesa (bella pero por lo demás olvidable Denise Darcel), iniciará un accidentado viaje por territorio mexicano con el objetivo de llegar al puerto de Vera Cruz, donde un cargamento de oro oculto en un carruaje deberá ser transportado a Francia para financiar el ejército que finalmente someta a México bajo la bota de Napoleón III.

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Ubicada en un contexto histórico por lo menos infrecuente, resulta verdaderamente increíble asistir a escenas en las que una cuadrilla de bandoleros yanquis irrumpen en una cena de gala francesa, o ver cómo un ejército europeo decimonónico se adentra en las áridas tierra aztecas para sofocar revoluciones de poncho, sombrero y bigote. Por si eso fuera poco, la aparición de Sara Montiel (a.k.a. Sarita Montiel) en escena como una ratera mexicana con aspiraciones de femme fatale en plan rústico termina de dejar al espectador con una sensación de “qué-cojones-estoy-viendo”. Y eso siempre es un punto a favor. El desconcierto mediante la introducción de elementos aparentemente fuera de lugar es una constante con el visionado de ‘Vera Cruz’, y uno de los mayores alicientes para quedarse pegado a la pantalla durante una hora y media que bien podría haberse estirado un poco más.

En lo que respecta a otros apartados, cabe mencionar de forma positiva la querencia de Aldrich por encuadres muy expresivos, secuencias de acción inesperadas y totalmente frenéticas con un montaje ágil aunque algo rocambolesco y apresurado. Esto provoca algún fallo de raccord, escenas que parecen metidas al azar o detalles mal colocados que se pueden perder si no se presta atención. Es de agradecer también el gusto del director por caretos penitenciarios y sudorosos, balazos en la frente, sonrisas macabras y risotadas lúgubres, destacando el brillo en los ojos de un secundario Charles Bronson ante la posibilidad de violar a la Montiel. Fijarse en este tipo de detalles da un aire chulesco a la película que le va muy bien, y estimula las ganas de aventura en el espectador, algo que sin duda hará que directores como Leone o Tarantino tengan la cinta en alta estima. Sin embargo, cuando la violencia para y la acción se toma una pausa, las costuras se ven con claridad en forma de unos diálogos de besugo (especialmente los correspondientes a Cooper y Montiel), algún secundario horroroso (pienso en Darcel) y una sensacion general de no saber muy bien hacia dónde nos quiere llevar Aldrich. Cosas de la imprevisibilidad: tiene sus cosas buenas, pero también perjudica al conjunto en otros aspectos.

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Sin embargo, no hay que negar que el toque algo caótico y canalla va de maravilla con los personajes y es parte del encanto de este peculiar western que sólo por ver la sonrisa burlona de Burt Lancaster y los ojos de Sara Montiel en sus mejores años ya merece la pena. Auténtico sabor a cine de aventuras con un regustillo a serie B e incluso pulp, como de aventura de tebeo, que hará las delicias de muchos cinéfagos. La verdad es que películas como ésta no se hacen muchas, aunque gracias a Dios que existen, ya que se puede ver en ‘Vera Cruz’ el germen de muchas cosas maravillosas que llegaron después.

Calificación | ★★★★★

  • Loula2

    Me parece que no se puede explicar mejor y de una forma más amena y divertida esta película!!
    Frases como: “….maleante aceitoso con sonrisa de hiena y carisma a prueba de balas….” o “….revoluciones de poncho, sombrero y bigote….” dan una idea muy gráfica de por donde van los tiros.
    Genial!!

  • http://gravatar.com/harrypowell Jordi Vilàs

    Gran crítica de una gran película. Al igual que nuestra queridísima Loula aplaudo tus acertadísimas frases, me has hecho reír y además has dicho muchas verdades interesantísimas. Y sí, sin lugar a dudas esta cinta es claramente “culpable” de gran parte de esos tics tan característicos del spaghetti western.

    Lo dicho, enhorabuena, me ha encantado la reseña.

    Saludos!!

    • Loula2

      Hombre, gracias por la parte que me toca!!
      Firmado: la queridissima (que no Saritissima, la Montiel era única….) XDD

      • http://gravatar.com/harrypowell Jordi Vilàs

        Aquí nos tienes a todos enamorados Loula,si estás soltera y sin compromiso podrás elegir 😉

      • Loula2

        Si hombre, haré un casting!! 😉
        Y si luego resulta que en realidad soy un señor calvo con bigote? O una vampira de verdad, EH? 😉

      • http://gravatar.com/harrypowell Jordi Vilàs

        Nadie es perfecto 😉

      • Loula2

        Cierto, jejeje!!
        Bueno, a ti te mandé mi mejor posado para Playboy, ahora que me acuerdo… 🙂

      • http://gravatar.com/harrypowell Jordi Vilàs

        ¿Posado? No recuerdo….¿en serio?

    • Loula2

      Veo que no te impresionó…. Qué decepción!! 🙁

    • http://gravatar.com/harrypowell Jordi Vilàs

      Loula revisa el correo 😉

  • http://gravatar.com/soygonzalo GUNZALOBILL

    Esta nunca me ha convencido del todo. Incluso veo a Lancaster bastante cargante con sus acrobacias y su sonrisa blanco fluorescente. Pero bueno, se deja ver y tiene sus cosillas.

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