Especial “La Generación de la Violencia”: Richard Fleischer

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Llegó el momento de inaugurar un nuevo capítulo de nuestro especial sobre la Generación de la Violencia, esta vez dedicado a Richard Fleischer, penúltimo de los cineastas que conforman este selecto grupo de autores que tanto hicieron por moldear al cine tal y como hoy lo entendemos. Prolífico y longevo, poseedor de una carrera cinematográfica dilatada en el tiempo y que abarca un buen pedazo de la historia del cine norteamericano, Fleischer encarna muchos de los valores que sus compañeros de viaje también pusieron en práctica.

Tal vez lo más llamativo de este autor sea su heterogeneidad, ya que nos encontramos ante una obra que abarca los temas más variopintos que quepa imaginarse: tenemos historias de gánsteres, adaptaciones de novelas de autores como Mark Twain, relatos de corte bíblico, dramas raciales, fantasía pura y dura, mastodónticas superproducciones o distopías futuristas de primera fila. Casi nada.

También es muy de agradecer el gusto de Fleischer por el cine de género, regalándonos obras notables en sus respectivos campos como ‘Tora! Tora! Tora!’ (1970), ‘Cuando el destino nos alcance’ (1974), ‘Barrabás’ (1961), ‘Sábado trágico’ (1955) o ’20.000 leguas de viaje submarino’ (1954), todas ellas buenas muestras de cine bélico, de ciencia ficción, religioso, criminal o de aventuras respectivamente. Un currículum envidiable para un hombre que dejó cintas míticas que sin duda muchos cinéfagos llevarán grabadas a fuego desde edades muy tempranas. Por ello, resulta una pena que su estela se apagase poco a poco, perdiéndose en embolados de dudoso calibre como un spin-off de cierto bárbaro de Cimeria.

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Pero esta semana son dos cintas las que nos ocupan, una de ellas representativa del mejor cine de aventuras de la década de los ’50, mientras que la otra es un ejemplo de buen hacer en lo que a películas sobre asesinatos en serie respecta. Cintas auténticas que no se vieron privadas del particular sello de su autor simplemente por tratarse de historias reales o de producciones costosas. No olvidemos que hablamos de un hombre que llevaba al cine en la sangre, ya que su padre, Max Fleischer, fue un prestigioso animador, pionero en el cine de animación y creador de nada más y nada menos que la inolvidable Betty Boop.

Sin duda, un director tremendamente ameno, del que esperamos poder dejaros una buena impresión. No os dejéis llevar por prejuicios: un padre animador y una cámara al servicio de Disney o grandes estudios no os privará de buenas dosis de violencia de la mano de este todoterreno del séptimo arte. Que lo disfrutéis.