Especial “La generación de la violencia”: Richard Brooks

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De la vida de Richard Brooks poco se sabe. Nació en 1912 pero ni idea de cuál era la relación con sus padres, ni siquiera cuántos hermanos tenía (si es que los tenía), así que casi mejor nos centramos en su obra y en los resultados que produjo.

Brooks empezó corrigiendo guiones y escribiendo diálogos adicionales en películas poco memorables. Años más tarde se ve que adquirió la experiencia suficiente en eso de escribir, ya que es el autor (o coautor) de algunos guiones de cine negro dirigidos nada menos que por Robert Siodmak (Forajidos, 1946 -no acreditado), Jules Dassin (Fuerza bruta, 1947) o John Huston (Cayo Largo, 1948). Además, llegó a escribir tres novelas, una de las cuales fue adaptada al cine por Edward Dmytryk en 1947: Encrucijada de odios.

Entre escritura de novelas, y los guiones que prácticamente en su totalidad eran adaptaciones (de novelas o de obras teatrales, como es el caso de La gata sobre el tejado de zinc -1958), una de las acusaciones que echaban en cara a Richard Brooks era que toda su obra era “demasiado literaria”, cosa que por otro lado también agradaba mucho a muchas otras personas. Con todo esto, fue nominado a los Oscar de Hollywood de mejor guión adaptado en cinco ocasiones, obteniendo el premio con El fuego y la palabra, aquella magnífica película de 1960 por la que Burt Lancaster también obtuvo su reconocimiento con el Oscar al mejor actor. En las otras cuatro ocasiones las nominaciones fueron por Semilla de maldad (1955), La gata sobre el tejado de zinc, Los profesionales (1966), y A sangre fría (1967). Tener estas nominaciones en su haber es otra razón más para que aquellos a los que no agrada Richard Brooks no estén contentos con su cine: se supone que sus películas debían ser rompedoras, ir a contracorriente de lo que el Hollywood clásico suponía y estos premios lo único que hacen es mantenerte dentro de esa industria y bla, bla, bla…

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No hay más ciego que el que no quiere ver, y hay que estar muy ciego para no ver en todas esas películas grandes muestras de talento y ganas de hacer cosas diferentes. Para acabar ya y un poco al hilo de esto, diremos que aunque Brooks dirigió pocos títulos de cine negro y pocos westerns (por citar dos géneros tan reconocibles), al verlos uno se da cuenta de que no eran al uso, sino que son productos un tanto extraños. Esto se puede comprobar especialmente en tres westerns: La última caza (1956), Los profesionales (quizá el más convencional) y Muerde la bala (1975). Extraños, sí. Con los que abrió nuevos caminos en los géneros  y en el Cine. No, definitivamente este hombre no hacía películas conformistas…

Richard Brooks murió en 1992 y vaya, qué casualidad… a partir de ese momento empezó a valorársele mejor y a tener en cuenta mucha de sus películas como obras maestras, cuando siempre había sido uno de los directores “menores” de “la generación de la violencia”.

Referencias: Revista Nosferatu (número 53-54): La “generación de la violencia” del cine norteamericano. Octubre 2006