Especial “La Generación de la Violencia”: ‘El Emperador del Norte’ – Vagabundos de primera

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DESCARRILADOS

Siguiendo con el estilo particularmente violento, crítico y hasta cierto punto, melodramático, de Aldrich llegamos a una película en cierto modo “menor”, que llegaría años después de éxitos como “Vera Cruz” ya comentada aquí por mi compañero Miguel (1954) o “Los Doce del Patíbulo” (1967), pero que sabe explotar todas sus virtudes, que no son pocas.

“El Emperador del Norte” (Robert Aldrich, 1973) nos situa en la gran depresión, época en la que muchos soldados tras volver del frente se encontraban sin trabajo y, como vagabundos, saltaban a los trenes de mercancías para viajar de un lado a otro. En este particular microcosmos es donde se centra la acción de la cinta, con nuestro vagabundo -macho alfa- “A1” interpretado por un carismático Lee Marvin luchando por saltar al tren de Shack, un terrorífico Ernest Borgnine, que siente un desprecio total por los de dicha clase, llegando incluso a matarlos.

Lo primero que llama la atención de una cinta de estas características, sobretodo a alguien como yo que se acercó a ella sin apenas información, es la originalidad del argumento. Personalmente me encanta ver como se sabe insuflar épica en contextos lejos de grandes hazañas, de grandes valores y a través de personajes sucios, antihéroes, cuyas diatribas existenciales se encuentran en las antípodas de lo que cualquiera de nosotros pueda experimentar en su rutina. Es, por un lado, todo un reconocimiento a una clase denostada, y lo hace libre de “discurso”, tan solo potencia la empatía a través de nuestro instinto más básico: la supervivencia. Y es que cuesta de imaginar una película hoy día con un argumento con tan humildes pretensiones, con un discurso crítico que nunca toma una relevancia externa, sin pretensiones políticas y/o éticas, una crítica que subyace en los acontecimientos. 

¿QUIÉN CAZA A QUIÉN?

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“Tom y Jerry”, “El Correcaminos y el Coyote”, Shack y A1. El cazador alfa encuentra a su presa alfa. Si algo tenían esos dibujos que tanto nos engatusaban -si hacemos una lectura más allá de las propias caricaturas- es que desde siempre al ser humano le han apasionado los retos intelectuales, y eso es lo que son, personajes forzados a exprimir lo mejor y lo peor de si mismos para hacer frente a su némesis. Toda una muestra de astucia, de juegos, de trampas, que se suceden una tras otra, y que acaban por romper cualquier barrera superficial, sea ecónomica, social, etc. y así lo observamos conforme la cinta avanza, pues A1 y Shack se despojan de sus circunstancias y ya dejan de ser vagabundo o revisor, no hay más finalidad, es una cuestión de orgullo, una cuestión territorial. 

Hay, también, como ya señalaba Miguel en su análisis sobre “Vera Cruz” un cierto aroma pulp, muy comedido, pero visible a la vez, en ese versus tan pronunciado, con estos dos personajes con clara vocación iconoclasta: el martillo del revisor, los guantes de A1, detalles que ya son parte del personaje (algo así como el famoso poncho que luciera Clint Eastwood en la trilogía del dólar).

Otra de las grandes hazañas de esta película es su endiablado ritmo, la total coherencia y síntesis de un guión, que se toma el tiempo justo para presentar a sus personajes, personajes que beben del western más lacónico, personajes sin pasado, sin futuro, incluso sin nombre, como nuestro protagonista “A1” cuyo alias nos dirá más sobre él mismo que su propio nombre, pues podría considerarse como el “primer” vagabundo, el pionero.

LOS AMOS DE LOS RAÍLES.

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El instinto territorial, los desafios, y la propia mitología que anida en el colectivo de vagabundos sabe dar dimensión a un microcosmos que a priori no resulta del todo seductor. En esa visión encaja perfectamente la relación entre Cigaret (Keith Carradine) y A1, que ramifican las subclases de dicho colectivo, uno como el soberbio, mentiroso y novato y el otro como el maestro, engreído pero con un fuerte sentido de la lealtad. Una relación imposible que los guionistas saben mantener en un estado de tensión crónica, que no conceden el favor al espectador de relajarse, pues estamos ante un relato adulto, lleno de aristas, algo que podríamos traducir como el reverso tenebroso de las “buddy movies”.

Es innegable la huella del western crepuscular, y en concreto de la mano de tipos como Sam Peckinpah, en lo que al retrato de la violencia se refiere. Aldrich retrata una violencia lejos de concesiones estéticas, como lo es la brutal lucha final entre Shack y A1, con todo lo que encuentran a mano: cadenas, tablones, hachas… así como un desenlace que lejos de mostrar un triunfo rotundo, descubren la cruda realidad de un mundo inmutable, o como decía Pink Floyd en una de sus más famosas canciones “(…) corriendo por el mismo viejo suelo, ¿qué hemos encontrado? los viejos temores de siempre”, así pues los giros evolutivos de los personajes son escasos: el desconfiado no aprenderá a confiar, el mentiroso seguirá mintiendo, el sádico seguirá matando, y lo que es más importante, la violencia se retrata como un parche a un problema, que golpeará de nuevo antes o después, y nunca como una solución.

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En conclusión, nos encontramos ante una película cuya sola propuesta argumental ya merece un visionado, con unas actuaciones y una narrativa de vértigo, digna de las más grandes aventuras clásicas, jactándose esta vez de doncellas, tesoros y corceles blancos. Recomendada a los que se cuelan en la renfe.

  • http://gravatar.com/soygonzalo GUNZALOBILL

    Esta es sin duda una de las imprescindibles de Aldrich. Ernest Borgnine hace un papelón, creo que el mejor que le recuerdo y Lee Marvin es un actorazo y aquí es imposible no adorarlo.

    El retrato de una época, de unos personajes, el tren como otro protagonista más…una combinación de aventura, fábula e Historia que hay que ver.

  • Ramón Álvarez

    “Chico, no tienes clase. Quédate en los pajares. Echa a correr. Coge una lata y empieza a mendigar. Llama a las puertas pidiendo. Cuéntales tu historia. Sácales una lágrima. Podrías ser un carnívoro, pero no me hiciste caso. No vuelvas a los raíles. ¡Olvídalo! ¡Es un mundo duro para los duros! ¡Nunca serás emperador del Norte! Tienes cojones pero no tienes corazón. Y estos siempre van juntos. Mucha labia y poco sentimiento. Nadie puede enseñarte eso. Ni siquiera “Número 1”. Así que aléjate del tren, o él te tirará. Recuerda lo que te he dicho. Nos vemos, chico”.

    Una película absolutamente MAGISTRAL.

  • Loula2

    Y yo sin conocerla!!
    Queda apuntada en mayúsculas, con Lee Marvin y Borgnine en duelo, ni más ni menos….