Especial ‘La generación de la violencia’ – “Charley Varrick (La gran estafa)” de Don Siegel

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Ya en plena década de los setenta y tras dos películas maravillosas e inolvidables como son Harry, el sucio y El seductor (ambas de 1971), Don Siegel realiza otra película que para un servidor es también memorable y quizá no tan conocida para mucha gente (y es que claro, las dos películas anteriores pesan mucho en las mentes cinéfagas). Se trata de la que inicialmente se iba a titular “The last of the Independents” pero que finalmente eso se quedó en subtítulo del póster y el título fue Charley Varrick (1973), titulada en España La gran estafa, con Walter Matthau como protagonista y antihéroe excepcional.

La película nos sitúa en un pueblito norteamericano típico de Nuevo Mexico llamado Tres Cruces, sin nada destacable, donde según parece todo el mundo se conoce y vive apaciblemente donde nada sobresalta sus vidas… Hasta que un día aparecen unos personajes que atracan el banco de la pequeña localidad y se lía parda, con disparos y muertes incluidas. Los ladrones se salen con la suya a pesar de algunas bajas importantes y en apariencia el golpe les ha ido bien, hasta que descubren que el dinero robado realmente es de la Mafia y caen en la cuenta de que irán tras ellos hasta que recuperen lo que es suyo. Empieza pues, el periplo del protagonista (Matthau), quien da título a la película, para evitar que den con él.

De esta película me gusta especialmente su inicio, donde se muestra perfectamente la gran tranquilidad que se respira en el pueblo: gente colocando en su porche la bandera americana, chavales jugando en la calle, gente con motocicletas, la guapa del pueblo luciendo palmito mientras los jóvenes la piropean… todo ello acompañado por la música de Lalo Schifrin (habitual de Siegel) y su sonido característico, tan setentero. Bien, pues llega un plano en el que vemos un edificio, concretamente el banco del pueblo y la cámara sube, como indicando que el director ya nos ha mostrado lo que quería mostrarnos del pueblo y de sus gentes y empieza a alejarse… sube y sube un poco más hasta que… un momento, llega un coche y va a aparcar justo en la entrada del banco, donde no está permitido… El director decide quedarse a ver qué pasa, como diciendo “aquí hay algo que contar”. Y efectivamente, ¡vaya si lo hay!

Walter Matthau encarna perfectamente al antihéroe cercano, tan cercano que transmite todo sentimiento que su personaje pueda tener. Hay algunos momentos en los que su forma de mirar, de besar, de sostener una fotografía, de levantar una ceja, o incluso de llevarse un chicle a la boca, que ya provoca una empatía fantástica en el espectador, a pesar de que su personaje no es que sea tampoco un bendito, pues se dedica a lo que se dedica: robar bancos. Lo que consigue Matthau es algo que está al alcance de muy pocos y él sabía explotarlo muy bien, con esa cara que nunca fue la de un galán, ya algo mayor y de vuelta de todo… Precisamente podría decirse que lo mismo que Don Siegel, quien era consciente sobremanera de la época en la que estaban en esos momentos, de cómo había cambiado el cine y la forma de contar historias… él seguía fiel a sus propias historias y a lo que quería contar (violencia y comportamientos humanos), pero debía hacerlo de forma diferente, que para algo formaba parte de la “generación de la violencia”.

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Antes he hablado del inicio de la película… el resto tiene un ritmo no demasiado trepidante en cuanto al desarrollo del guión, se van sucediendo los acontecimientos con unas elipsis que al principio pueden descolocar al espectador, pero si está atento (ojo, tampoco hace falta estarlo demasiado) no se perderá ya que con una o dos frases ya se explica qué ha pasado o qué va a pasar e incluso se apuntan ciertos temas sin llegar a desarrollarlos porque en realidad no importan (de dónde viene el dinero o quién está relacionado con él, por ejemplo… se sabe que hay mafia china de por medio y poco más). El propio Charley Varrick actúa de una forma que quizá no se entienda demasiado bien pero como buena película que es, todo encajará pues el protagonista tiene más recursos de los que uno pueda pensar. Además la forma de dirigir de Siegel es directa, sin concesiones… Las veces que he visto esta película ha sido con bastante distancia en el tiempo y recuerdo que en ambas ocasiones he llegado a pensar al empezar el film, que al ser los años setenta, quizá habría exceso de zooms (la gran mayoría de las veces molestos, en mi opinión), pero no, Siegel no hace de eso, como digo, se limita a contar la historia, a seguir a esos personajes que prácticamente como el gato y el ratón andan huyendo unos de otros.

Porque la película se puede resumir en eso: una persecución (una caza), no sólo del dinero robado a la Mafia, sino lógicamente también de las personas que puedan haber tenido relación con ello. En esta persecución es donde se halla el otro gran pilar de la película: un tío implacable y despiadado (aunque no se llega a mostrar demasiado explícitamente ninguno de sus actos violentos, de hecho aquí Siegel también juega bastante con las elipsis) llamado Molly que además puede tener a cualquier chica a su disposición, pero que sin duda por lo que se ve, el género femenino no es su prioridad (es más, trata también a las mujeres con desprecio y como simples objetos de los que hace uso cuando le parece). El actor Joe Don Baker es el encargado de encarnar a este personaje tan peculiar y tan carismático y por cierto, su personaje tarda casi cuarenta minutos en aparecer en escena. Los grandes se hacen de rogar, sin duda. Ojo, que respecto a mujeres, Walter Matthau también es mujeriego, pues se ve cómo a la mínima de cambio (es decir, con unas simples flores y un poco de conversación) también consigue llevarse a la cama a una rubia (¡pero bueno, sinvergonzón! ¿no estabas tú requete enamorado de tu mujer? ay, ay, ay…)

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En fin, a pesar de ese tipo de pequeñas cosas, de las elipsis que pueden desconcentrar un poco y de un ritmo quizá no tan intenso como cabría esperar en una película de estas características (que conste que ritmo, lo que se dice ritmo, no le falta en absoluto pues siempre está pasando algo en cada fotograma), llega la parte final… aquí sí, aquí la cosa se pone trepidante y magistral, para quitarse el sombrero. Es donde Siegel lo da todo, donde sabe que no nos vamos a conformar con un clímax al uso. No, de eso nada. Casi me atrevería a decir que el director era consciente de eso que he comentado del ritmo, y entonces es cuando pone toda la carne en el asador. Un duelo final que deja con la boca abierta por su atrevimiento (¡una avioneta y un coche a todo trapo!) y por supuesto, por esa picaresca y esa sonrisa final que logra dejarse en la cara del espectador. Sólo con un simple gesto: llevarse un chicle a la boca.

En la película también aparecen, junto a otros cuantos actores y actrices en papeles ya más breves, Andrew Robinson y John Vernon, quienes interpretan al joven e impulsivo compañero de Matthau y al dueño del dinero robado, respectivamente. Ambos ya trabajaron con Siegel en Harry, el sucio en los papeles del loquísimo villano Scorpio (Robinson) y el alcalde de la ciudad (Vernon).

Para ir acabando y como pequeña anécdota voy a mencionar el guiño que existe en el film: El personaje de Molly entra a hurtadillas en la casa de una mujer, ella oye el ruido y él dice “soy Molly”, a lo que ella responde “ya… nunca pensé que fuera Clint Eastwood”. Por cierto, queridas y queridos cinéfagos (ya que estamos con anécdotas): Si veis esta película, quizá os ocurra como a mí. Quizá le veais ciertas similitudes con una película que en 2008 ganó cuatro Oscars, donde también aparece la “América profunda”, sheriffs, un dinero en manos de quien no debe, un cazador que asesina sin piedad… Sí, yo siempre le he visto unos cuantos parecidos con No es país para viejos, una de las grandes películas de los Hermanos Coen. Ambas son diferentes en muchísimos sentidos, pero no puedo evitar acordarme de la de los Coen al ver Charley Varrick.

Resumiendo: Charley Varrick (La gran estafa) es un gran thriller setentero con un Walter Matthau magnífico y un Don Siegel dirigiendo un tipo de historia que controla realmente bien.

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PD: Dejo al interés del cinéfago, como pasatiempo, descubrir una escena que vista hoy, es considerada de alto contenido política y socialmente incorrecto. Una pista: la protagonizan Joe Don Baker, una chica, y un bofetón.