Especial “James Bond” (XV): ‘Panorama para matar’ (1985, John Glen)

Seamos claros. Roger Moore saca a pasear la nada desdeñable edad de 57 años en el momento del estreno de ‘Panorama para matar’. No es que el hombre no esté bien para su edad, ni mucho menos. Pero si el tema de la edad ya venía siendo motivo de discusión en anteriores entregas, aquí acaba por delatarse del todo. Después de siete películas, y tras proporcionar la que sería la menos taquillera desde ‘Moonraker’, era hora de decir adiós al bueno de Roger Moore. Podéis llamarme “cabroncete” si queréis, pero a pesar de enfrentarme a las películas de Moore como Bond con desdén, he de reconocer que, en esta última, me encontré más animado cuando comenzaron los títulos de crédito iniciales. No es sólo el temazo de Duran Duran. Es, simplemente, que… sabía que me enfrentaba a la última obra de un Bond que, a mi parecer, retrata lo peor de la saga; a la vez que da como válidos los argumentos de aquellos que derrochan hiel hablando de 007.

Para aquellos que crecieron con Moore, fue realmente difícil despedir a alguien del que ya se habían acostumbrado. Para los muchachos de esa Inglaterra de los 70 y principios de los 80, las películas de Bond si que contribuían a esa ansia “escapista” que estas obras vanagloriaban tener. Sus padres fueron testigos de la llegada al mundo de James Bond, encarnado por Sean Connery. Y sus hijos vieron como el papel de héroe rudo, que despedía una atracción animal, se convertía en un señor con innegable (he de reconocerlo) habilidad para la comedia ligera, algo realmente difícil de conseguir; al igual que añadía estilo y clase al personaje. A pesar de las críticas negativas, la gente disfrutaba mucho con cada salida de tono de Moore, con cada “one-liner” lapidario, con cada ceja levantada. La época de Roger Moore sirvió para que el personaje aprendiera a reírse de si mismo, y de la poca tensión que sus aventuras (cada vez más difíciles y arriesgadas) hicieron gala. Fue una época en que el cine de Bond miró a su alrededor, absorbiendo las tendencias de la época, y fue testigo de los éxitos del cine que luchaba con el por los primeros puestos de taquilla. Lo cuál, en cierta medida, puede servir como estudio en si mismo de la historia del cine. Especialmente si consideramos a este como el mundo predominantemente machista que, se dice, ha sido durante su largo recorrido. Si, Roger Moore nos trajo al Bond más cómico. Pero a medida que iba estrenando películas, dio cuenta del rápido avance en las modas, y vio como la suya propia, que ya había sido moldeada con anterioridad, necesitaba de nuevos cambios; ante el descubrimiento de que la fórmula del éxito no es algo fijo y depende de innumerables factores.

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‘Panorama para matar’ no sólo diría adiós a Roger Moore. También nos valdría para despedirnos de uno de los personajes, recurrentes desde que la saga comenzara su andadura allá por el 62, más queridos por los fans. Hablo de Moneypenny, de la secretaria de los sueños, de la eterna enamorada. De la mujer que más ha hecho por el bienestar de su Bond, y que a lo largo de los años no ha sido sino testigo del carisma del espía en otras chicas. La eterna sufridora, la siempre encantadora Moneypenny decía adiós tras 23 años interpretando al personaje. Un cambio también era necesario, ante la llegada del nuevo Bond, quedaría un poco raro que una casi sexagenaria flirteara con un actor al que doblaba la edad. Y varios han sido los intentos de reemplazarla, sin que ninguno estuviera a la altura, en mi humilde opinión. Con unos tres minutos en pantalla de media, Moneypenny era ese personaje que sabíamos no nos iba a fallar, y del que, por limitado que fueran sus apariciones, siempre te alegrabas ver, como un ser querido lejano. Lois Maxwell murió en 2007, sin que ninguna actriz hasta la fecha (a pesar de que Naomi Harris parece echarle ganas) haya podido tan siquiera rozar su legado.

Pero aquí hemos venido a hablar de la película, ¿no? ‘Panorama para matar’ sería la primera adaptación que no cogería absolutamente nada del material de Fleming, tan sólo el título (y ni siquiera eso, la historia corta se llamaría “From a view to kill”, cambiándolo ligeramente para la adaptación). De nuevo la película mira hacia fuera a la hora de buscar argumentos, y en este caso se encuentra con el auge del microchip y de la informática en general. En la película, y de manera un tanto anecdótica, Bond cae tras la pista de Zorin, un genio (y producto de un experimento nazi) que ha creado un microchip, queriendo tener el monopolio de la manera más capitalista posible. No me refiero a una sana competencia, sino a destruir la zona donde se producen el 80% de los microchips de sus competidores.  Para ello no duda en utilizar la falla de San Andrés para provocar un terremoto que acabe con la zona (y si alguno duda de sus consecuencias, hace poco se estrenó una peli que reflejaba su posible devastación). Todo muy de James Bond, la verdad, y queda bastante mejor que la idea inicial de encauzar el cometa Halley hacia la Tierra.

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El motivo por el que esta película no es muy recordada por los fans es porque intenta abarcar un argumento de temática moderna utilizando para ello una fórmula antigua. En realidad es algo que ha funcionado en el pasado, pero en este caso esa mezcla no acaba de lucir del todo bien, y lo que más me llama la atención de este filme es su villano; encarnado por un más que carismático Christopher Walken. Ganador del Oscar por ‘La noche del cazador’, en el personaje de Zorin vemos una locura innata y una perversidad muy atractiva para una saga como la de 007. A mi me recuerda al villano de ‘Skyfall’, encarnado por Javier Bardem y (¡qué casualidad!) también ha sido merecedor de la estatuilla. De los pocos puntos a favor de la película, en realidad.

Moore parece ya cansado en el papel, en una obra que volvería a abrazar el tono paródico de las primeras entregas de Moore. Y la chica Bond tiene poco que ofrecer, dando como antaño, más importancia al villano. De una innegable violencia, el mismo actor se mostraría preocupado por una secuencia en la que Zorin acaba con la gente que trabajaba en las minas. La consideraba poco apropiada para la audiencia de menos edad, y el director saldría al paso defendiendo la presencia de la violencia en otros “taquillazos” de la época. Lo cuál no quita que Moore tuviera razón para llevarse las manos a la cabeza. Pero bueno, si nos ponemos tontos, podíamos decir que Bond le enseña a los más pequeños que la mejor manera de que cualquier amiga tuya entre en razón, es seduciéndola hasta que esté en tu bando. Así que no nos quejaremos mucho de la posible violencia en las películas de 007, que por otro lado siempre había estado presente (aunque quizás no a tan escala como una matanza en toda regla).

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En fin, una escena de lucha en las alturas, para dar a Zorin un panorama de la destrucción a la que quería someter a California, y después asistimos atónitos a los últimos momentos de Roger Moore como 007. A partir de aquí, miraría con optimismo al futuro, confiando en la familia Bond para encontrar al candidato perfecto para encarnar al espía y volver a regalarnos una entrega que merezca la pena. Lo malo es que tardaría bastante en sentirme satisfecho.

En fin, llegaría un nuevo Bond, por lo que el tono y el ritmo se verían transformados por completo, en una encarnación del personaje mucho más seria y acorde al original de lo que Moore nunca fue. Lo cuál no significa que las películas lleguen a ser buenas “per se”. Mañana hablaremos de ello en la próxima entrega.

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@jorgecapot3

PD: Otro de los aspectos positivos de la película es la canción de los créditos iniciales. ‘A view to a kill’ de Duran Duran llegó a ser uno de los temas más recordados de la banda. Lo cuál dio lugar a numerosas versiones. Aquí os traigo algunas:

  • http://meitnerio.blogspot.com meitnerio

    Esta la recuerdo como MUY mala. Vale que la vi hace chorropotocientos, pero no tengo muchas ganas de volver aella. Entendible espero.

    • http://cinefagosmuertos.com/ Jorge Capote

      Pues a mi me pareció más potable de lo normal. Lo dicho, sabía que era la última de Moore. XD

  • Gunzalobill

    Esta también la he vuelto a ver hace poco y la verdad es que me ha gustado bastante. Muy entretenida. Walken es muy malévolo, aunque parece que se creía que estaba en un musical. Verle bailoteando con el hacha no tiene precio
    ¿es un niño del Brasil?
    Tiene grandes escenas, como ese tiroteo en la mansión donde te preguntas por qué no muere nadie, y la clásica escena en la que el villano se deshace del empresario mafioso que no está de acuerdo con sus planes. Y ese soviético preguntando qué harían ellos sin Silicon Valley xD
    La verdad es que me ganó con el temazo trás el prólogo. Nunca lo había tenido en cuenta hasta que lo escuche esta vez con los cascos a todo trapo.

    • http://cinefagosmuertos.com/ Jorge Capote

      Si el villano mola, la película gana bastante. Esta es la viva prueba de ello.

  • Ramón Álvarez

    Es la única de Roger Moore que me gustó.

  • Chaman

    Yo la verdad pienso que aquí Moore esta como caricatura, se le ve lento para todo, dado de sí, incluso para mi no dio clase nunca al papel de Bond sino que aporto una versión acartonada, vamos un Mario Casas de la gesticulación…

    Pienso también que Walken como villano para Bond dio muy poco juego y que unos años más tarde podría haberlo hecho mejor en otro contexto y con otro Bond.

    Vamos en definitiva la peli me parece una broma, eso siendo benévolo, y lo único bueno que tiene es el lavado de cara que le dieron a la serie con la siguiente película que…también tiene muchas cosas malas.

  • Víctor Estay

    Es una de las pocas películas de 007 que interrumpí mientras la veía. Hay escenas muy, muy extensas y sin mucho que ofrecer, como: 1. Bond en el hipódromo. 2. Bond y el romance con la rusa. 3. Bond y el romance con la geología. 4. Bond en escenas acuáticas. 5. El incencio. 6. La persecución patética de policías. Lo mejor de la película es el villano Christopher Walken, aunque diría que mal aprovechado; y su secuaz, la espectacular roba escenas, Grace Jones. Sin duda es una película que se hace muy larga, con falta de “escenas Bond”, y que si el editor hubiera cortado varias secuencias, habría funcionado mejor. De las más bajas de Moore.