“Especial Brilli brilli”: ‘El cantor de Jazz’ – Estridencia

La primera ceremonia de los Premios Óscar, celebrada en 1929, negó la posibilidad de competir por el premio a mejor película a “El cantor de Jazz” (1927), de Alan Crosland, aludiendo lo injusto de dicha competición para el resto de aspirantes al premio, provenientes del cine mudo. Controvertida hasta nuestros días, dicha obra fue un auténtico blockbuster antes siquiera de que dicho término fuera concebido. Más discutible es considerarla como la primera película sonora de la historia del cine. De un lado, el sonido e incluso las palabras ya habían acompañado a las imágenes en una pantalla de cine con anterioridad; del otro, ni tan siquiera “El cantor de Jazz” escapa de ser una película muda. Su atributo más acertado sería, en cambio, el de primer largometraje que incluyó diálogo hablado entre sus escenas. ¿Dónde se halla pues su indiscutible valor histórico y/o artístico? Así es, el secreto estaba en el brilli brilli.

El meteórico ascenso del sonoro, retratado por algunas de las más grandes obras del cine dentro del cine –“El crepúsculo de los dioses” (Billy Wilder, 1950), “Cantando bajo la lluvia” (Stanley Donen y Gene Kelly, 1962) o “The Artist” (Michel Hazanavicius, 2011)–, seguramente no habría sido igual sin la sobresaliente figura de Al Jolson, responsable principal del gran éxito comercial de “El cantor de Jazz”, la gran y acertada apuesta de la Warner por saltar la banca del sonoro. Años antes de su producción, Samson Raphaelson había escrito “The Day of Atonement”, una historieta basada en la vida de Al Jolson que, posteriormente, había adaptado al teatro y que en 1925 se había llevado a Broadway. “El cantor de Jazz” no deja de ser, por tanto, un biopic del actor que la protagoniza. Antes de su estreno en las salas de cine, Jolson, estrella del jazz, soul y ragtime, era ya una de las mayores celebridades artísticas de su país. La posibilidad de disfrutar por primera vez en pantalla de su talento a un precio más que asequible y al otro lado de la calle hicieron que su debut cinematográfico fuera al sonoro lo que “Avatar” (James Cameron, 2009) pretendía ser al cine 3D.

“El cantor de Jazz” peca de ser predecible, simplista e infantil; su dirección desconoce aquello del lenguaje cinematográfico, adoleciendo asimismo de una falta de ritmo brutal; el carácter de sus personajes queda oculto tras una gruesa capa de sobreactuación y maniqueísmo. Es el sino de los primeros. De los toman el dinero y corren, de los que supeditan el arte a los números, de los que olvidan la comunión de forma y fondo. Totalmente prescindible desde un punto de vista artístico, la presencia de Al Jolson salva el completo ridículo del filme a ojos del crítico y descontextualizado visionado del mismo noventa años después de su estreno.

Sólo su icónico maquillaje, sus estudiadísimos manierismos y su bondadoso semblante estaban a la altura de su irrepetible voz. La inmediata conexión de Al Jolson con la audiencia se trasladaba a las salas de todo el país y del mundo. Se convertía en el nuevo semidiós del star system. El brilli brilli de los años veinte aún estaba en pañales y ya descubría al mundo del cine la dinamita, un estridente sonido –el de los diálogos– en el que los creadores y espectadores más cómodos no han dejado de refugiarse desde entonces.

  • http://meitnerio.blogspot.com meitnerio

    Da grimilla ver peliculas tan ingenuas con los ojos actuales… Pero que clase (ejem) tiene esta pelicula!

  • RobertFonoll

    A veces he pensado en verla por eso de ser la primera sonora, pero es que no he leído cosas buenas de ella. Y esta crítica parece que lo confirma. No sé si la terminaré viendo, pero no será pronto.
    En cualquier caso, gran escrito, Miguel!

  • loula2

    Buen post, señor García-Boyano!! Interesante y ameno.