Especial “69 joyas de los 80”: ‘1984’ – El Gran Hermano te vigila

09-1984

Si la última crítica que hice fue sobre el estimable especial navideño de ‘Black Mirror’ (Charlie Brooker, 2014) ahora me toca enfrentarme, en este ciclo sobre cine de los años ochenta que estamos llevando a cabo en el blog, a otra distopía que quizás tenga mucha más enjundia que la nombrada anteriormente. La película está dirigida por Michael Radford y basada en la obra maestra de George Orwell, escritor que insufló  sus novelas de un marcado carácter político. Si en su novela ‘Rebelión en la granja’ usaba a los animales como alegoría de la revolución Bolchevique y el posterior sistema comunista, en ‘1984’ nos disecciona las entrañas del totalitarismo así como sus límites y efectos en la sociedad. Pese a que estoy introduciendo la procedencia del material en el que el director británico se basa para realizar su película cabe decir, de igual manera, que no he tenido la suerte aún de leer la obra original y que la reseña la haré exclusivamente basándome en el material cinematográfico. Esto me permite huir involuntariamente de la polémica sobre la adaptación, pues he podido ver que la mayoría de lectores de la obra original no están especialmente contentos con su paso al celuloide.

La historia nos lleva al año 1984, para entonces el futuro. Oceanía es un superestado totalitario donde los ciudadanos subsisten bajo el yugo de la extrema dictadura que se ha implantado en la sociedad. Están permanentemente bajo vigilancia, sin ningún tipo de privacidad, controlados hasta el extremo y han sido despojados de sus libertades y derechos humanos.  Es un régimen militar, donde la guerra contra otros estados marca el día a día de sus vidas y son manipulados con propaganda engañosa.  En este contexto la trama se centra en Winston Smith, un funcionario del Estado que trabaja para el Ministerio de la verdad cuya vida se convierte en un auténtico infierno cuando, tras conocer a Julia, comienza una relación con ella y comete los crímenes de amar y de pensar libremente.

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El Gran Hermano es la figura que encarna El Partido, la única fuerza política existente en Oceanía. Una representación de todos los “principios” de ésta, la que todo lo oye, todo lo ve y todo lo juzga. Como una divinidad que no da tregua y que maneja a su antojo los hilos de todas las marionetas a su servicio. Conformando, de este modo, un sistema que está erradicando los sentimientos y los instintos; donde no se permiten las relaciones entre las personas, donde el contacto humano dejó de ser tal hace mucho tiempo. La mejor manera de encorsetar a las personas es eliminar todo el rastro de humanidad que tienen, convirtiendo lo esporádico y natural en pútrido y corrupto. Son meras herramientas de trabajo, sin presente ni futuro, sin esperanzas. Es bastante esclarecedora en este sentido la escena en que Julia le dice a Smith que se aleje de ella si busca algo puro, pues todo en ella está corrompido; entendiendo como corrupto el no adoctrinamiento, su rebeldía, su búsqueda de sentimientos y sensaciones que se alejan tanto de lo que el régimen pregona. Lo que debería ser normal se percibe como algo negativo.

George Orwell presenta en su obra una extrapolación de las prácticas llevadas a cabo por la Unión Soviética y el Fascismo. Es muy reveladora una de las frases que oímos a lo largo de la película “quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado” y hace referencia al trabajo de Smith que se dedica a eliminar las noticias dañinas para el régimen y seleccionar e inventar las que sí aparecerán en el periódico, reescribiendo la historia a su gusto. Él sabe perfectamente la manipulación a la que se ve sometida el pueblo, por tanto, está totalmente desencantado con un sistema que sabe que es una farsa y simplemente se dedica a hacer lo que se espera de él.

Es una cinta sustentada en ideologías y en las citas que, de manera acertada, se extraen del libro. Otro ejemplo de esto, y una declaración de intenciones en toda regla, es la conocida “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza” que es el lema de El Partido. Un partido que se olvidó de su pueblo hace mucho tiempo y cuyos esfuerzos se dirigen a perpetuarse en el poder. La crítica a las clases sociales está muy presente también, aunque está mucho más desarrollada en el libro. La película, en cambio, se centra más en la historia de Smith y Julia. En el último tercio del metraje cobra protagonismo el oficial O`Brien para quitarnos cualquier ápice de esperanza, en una de las escenas más crueles que se recuerdan (la conversación en la sala de torturas y posterior conversión de Smith). Dos más dos no tienen porqué ser cuatro.

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Como la angosta soga que rodea el cuello, permitiendo respirar lo justo en la agonía. Aquél que está sometido a ella es consciente de que la acuerda de la que pende su vida está en manos de otro y hará lo imposible por seguir respirando, al ver que su respiración no se consume se encontrará agradecido por seguir viviendo. La gratitud al captor, la realidad distorsionada, el sometimiento acaba siendo voluntario y la voluntad prostituida. Con el tiempo dejará de ver a su opresor como tal, para empezar a apreciarlo como su salvador; aquél que subyuga pero no ajusticia. Cuestión de perspectiva.

La producción contó con un presupuesto bajo al que el director sacó mucho partido, es de destacar el que para mí es el mayor logro de la película: crear una atmósfera opresiva, pesimista y apocalíptica con una fotografía a cargo de Roger Deakings cargada de tonos oscuros y grisáceos. Parece real la sociedad en decadencia y destrucción que se nos presenta. Radford realiza un buen trabajo, exceptuando algunos flashbacks y ensoñaciones que creo que aportan poco a la obra. La labor actoral es encomiable, como si cada uno de sus actores principales hubiese nacido para interpretar dichos personajes. Especialmente John Hurt dando vida al protagonista, cuando lea la novela será imposible imaginar a Winston Smith con otro rostro que no sea el suyo; un auténtico recital de contención y emociones, la tristeza en su rostro sobrecoge. Richard Burton haciendo del oficial y  Suzanna Hamilton como Julia bordan sus papeles.

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George Orwell demuestra ser todo un visionario, se adelanta a su tiempo y escenifica una ficción que acabará siendo superada por la realidad. El extremo control, prácticamente sectario, se verán en Estados como la actual Corea del Norte; el uso de la televisión y la prensa como elemento adoctrinador; el uso de la Guerra, de desplegar una amenaza inexistente como elemento de control,…asusta la idea ver cuán cercano a la realidad es lo que la película nos muestra.  Sin duda el sabor que acaba dejando es muy pesimista, es inevitable escapar al destino cuando somos una pieza tan insignificante del engranaje. Es más que una película por que logra hacer reflexionar y por ser fruto,  debido a la época en la que surge y los sucesos en los que se basa, de lo peor del ser humano. También de ello podemos aprender. Muy recomendable.

  • Darkalbornoz

    Inquietante, espeluznante e impresionante libro (que todos deberíamos leer alguna vez) a la que la película no le hace toda la justicia que debiera, pero que como acto de cine, está muy bien lograda y mejor actuada. Hace rato que no la veo, para darle un revisionado pronto…

    • Zarco

      No he leído el libro y tengo que ponerle solución pero ya! Un saludo Darkalbornoz

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  • Pedro Carracedo

    Esta peli la vaporicé por completo, vaya tostón. Ni atmósfera, ni intensidad, ni alienación, ni revolución, ni amor (sexo), ni concursantes en Guadalix. Es la peli de la comparación, siempre se acaba diciendo el libro es mejor, pero aquí no hay color (en eso aciertan con los grises). Hasta tal punto esta vaporizada que no recuerdo nada en absoluto de la parte que más atrae del libro, la tercera. Winston hiciste un buen trabajo.
    No soy un apasionado de la novela, hay mejores distopías que ésta, pero se entiende su éxito por la ideología subyacente. Tampoco creo que fuera un visionario, más bien reflejó unos hechos del pasado en un futuro más o menos próximo. Más visionarios me parecen Bradbury y Huxley (y así completamos la famosa trilogía).

    Por cierto, la cara de Winston era la de Hurt, antes de que Hurt fuera Winston xD
    Ah, y Corea del Norte no existe: http://www.danielbernabe.com/2015/02/corea-del-norte-no-existe.html?m=1