‘Eduardo Manostijeras’ – La pervivencia del mito de Prometeo II

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Como veíamos en el artículo dedicado a ‘Eva’, el mito de Prometeo y su significado sigue presente en la elaboración de nuevos argumentos. Hay una novela que consiguió renovar el mito de Prometeo y adaptarlo a las preocupaciones del hombre moderno: me estoy refiriendo a Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley. 

Obra enmarcada dentro de la corriente inglesa de principios del siglo XIX denominada “novela gótica”, la historia del doctor Victor Frankenstein viene a ser, en definitiva, una actualización del mito griego de Prometeo pero sobre todo una nueva lección de moral, necesaria en aquel momento para una sociedad que, superada la Revolución Francesa, avanzaba a pasos agigantados.

La obra de Shelley cuenta la historia de un desgraciado científico que es encontrado en el Polo Norte persiguiendo a un “experimento” que se le fue de las manos. Al parecer este hombre logró devolver a la vida a un cuerpo humano muerto formado por partes de diferentes cadáveres, pero su hombre-monstruo se le escapó, y aunque varios años después logró encontrarlo, este estaba muy enfadado con él por la soledad que sentía. El doctor accede a crearle una compañera pero pronto se arrepiente, hecho que desatará la ira de su monstruo que, como venganza, acabará con la vida de todos los seres queridos del doctor Frankenstein. La novedad de este moderno Prometeo es el castigo impuesto a la osadía del prometeico científico, que no viene ejecutado directamente por los dioses sino por su propia criatura.

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Hoy en día Frankenstein (en origen nombre del doctor, que con el tiempo se aceptó también como nombre de la criatura) es uno de los más reconocibles mitos populares. Su adaptación al pensamiento contemporáneo y a los problemas de la nueva sociedad surgida tras la Revolución Industrial ha sustituido por completo al original Prometeo, convirtiéndose así en símbolo único de ambición desmedida, de escultor de un nuevo prototipo de ser humano, de desafiador de ahora ya un único Dios, del miedo al desarrollo, de la soberanía de la ciencia y el conocimiento, y, sobre todo, en un ejemplo moralista para todo aquel que juega con el poder más divino de todos: la creación de la vida.

 

EDUARDO MANOSTIJERAS (TIM BURTON, 1990)

‘Eduardo Manostijeras’ es una película de Tim Burton estrenada en Estados Unidos en el año 1990. Esta quizás sea una de las películas más personales del famoso director estadounidense, quien logró sacar su particular proyecto adelante gracias al éxito cosechado con sus anteriores películas.

La historia del humanoide con manos de tijeras es contada al espectador en forma de cuento, o, mejor dicho, de mito. Un mito es una narración tradicional que se refiere a acontecimientos prodigiosos protagonizados por seres sobrenaturales. Los mitos suelen formar parte de una cultura concreta o de una comunidad, y sirven para explicar y entender ciertos fenómenos que esa misma cultura considera inexplicables o maravillosos.

En el caso de esta película, en la primera escena podemos ver a una niña que pregunta a su abuela “¿de dónde viene la nieve?”, y esa pregunta da pie a la historia de Eduardo Manostijeras, a quien la abuela presenta como el ser que trajo la nieve a su comunidad.
Si algo caracteriza a esta película es su hibridación de géneros. Mientras que las primeras adaptaciones del moderno Prometeo solían formar parte del género de terror y la ciencia ficción, el Prometeo posmoderno que es ya Eduardo Manostijeras es algo así como una tragicomedia con tintes fantásticos, y pinceladas de ciencia ficción, terror y romanticismo.

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El cine de Tim Burton siempre se ha caracterizado por la reivindicación de lo diferente y la humanización de lo monstruoso (hay que tener en cuenta que en el universo Burtoniano, monstruoso nunca quiere decir ser espantoso o engendro, sino más bien todo lo contrario: el monstruo de Burton es más bien un ser prodigioso radicalmente opuesto al ser humano, ya que el ser humano suele ser presentado como un ser corrompido, aburrido, maligno e hipócrita), haciendo así de sus freaks seres capaces de despertar nuestra empatía y ternura.

Eduardo Manostijeras es un robot creado por un inventor que decide dar un paso más en sus creaciones, otorgándole vida a una de sus máquinas gracias a un corazón (a un corazón de galleta). La conversión de este robot en un ser humano es la gran pasión de este inventor, quien dedica, como vemos durante los flashbacks de la película, mucho tiempo y mucho cariño a crear un ser perfecto en su forma y en su educación. Pero el inventor muere antes de haber podido finalizar su empresa, y Eduardo nunca llega a recibir sus manos, por lo que estas serán para siempre unas tijeras.

Un buen día, una vecina se adentra en el lúgubre castillo en el que vivía el inventor-padre de Eduardo y descubre a este solitario y asustadizo joven, con sus manos de tijeras y su cara llena de cortes, y decide llevárselo a su casa para darle la vida “normal” que toda persona necesita. Allí le presenta a su familia: su marido, su hijo y su preciosa hija de la que Eduardo no podrá evitar enamorarse. Pero Eduardo pronto demostrará a su nueva familia que él no es un ser normal, es una genialidad, y su genio pronto saldrá a la luz en forma de preciosos setos podados por sus excepcionales manos.

[SPOILERS]

Ante tan asombroso talento, todas las mujeres de este suburbio americano (objeto de crítica despiadada por parte de Burton), que están acostumbradas a estar solas y hastiadas, harán de Eduardo la principal atracción de sus vidas. Mientras que estas amas de casa americanas solo quieren sacar provecho de Eduardo de una u otra forma por puro entretenimiento, habrá una persona que encontrará una mejor forma de aprovecharse de sus manos, alguien que siempre se sintió amenazado por su presencia desde el primer momento y siempre se refirió a él como “monstruo”, el novio de la chica de la que Eduardo está enamorado, quien ha visto cómo Eduardo puede abrir las puertas con sus manostijeras y lo utiliza para robarle a su propio padre. Que Eduardo sea pillado por la policía robando en una de las casas del suburbio será la excusa perfecta para que sus anteriormente amigos ahora lo quieran fuera de su comunidad.

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A Burton le interesa más bien poco el problema moral de la paternidad artificial, su interés se centra en las fuerzas devastadoras que su nueva familia y nueva comunidad van a desatar sobre Eduardo. Mientras que Eduardo es creado para ser bueno y su naturaleza no conoce el mal, el rechazo que poco a poco va generando en la nueva sociedad a la que ha sido transplantado le irá haciendo comprender su mosntruosidad. Y así, la misma comunidad que le recibió fascinada, al no ser capaz de comprender su inocencia, lo rechazará aterrorizada. De este modo, Burton da a entender que el monstruo es algo que creamos nosotros mismos, es una perspectiva, una construcción social.

La relación de Eduardo Manostijeras con el mito clásico de Prometeo y con la obra de Shelley presenta varias novedades: para empezar, el ser ambicioso que cree tener tanto poder como los dioses y quiere crear vida, el inventor, prácticamente no tiene protagonismo ni llega siquiera a recibir un castigo. El protagonista de esta película es la criatura, quien no tiene ningún interés en demostrar su superioridad a los hombres, más bien al contrario. Y esta criatura, aunque será perseguida por el pueblo y se le querrá dar muerte al igual que ocurre en la película de Frankesntein de James Whale, será finalmente redimida por “la ley”, cuando el policía dispara al aire y le deja escapar, permitiendo así que Eduardo viva para siempre e inunde las navidades de aquel pueblo que le rechazó de mágica nieve.

En definitiva, Eduardo Manostijeras no es más que una fábula en la que se condena no la actitud del “monstruo”, sino la de la sociedad, invitándonos a reflexionar sobre cómo nos comportamos ante lo desconocido, lo nuevo, lo que está por encima de nuestra mediocridad.

  • Loula2

    Es mi favorita de Tim Burton. Y creo que el personaje de Eduardo tiene tanto de la criatura de Shelley como de Pinocho!! Y es que su creador es una especie de Gepetto gótico, y su creación tiene toda la ingenuidad del niño de madera….

    • http://espectaculodevariedades.wordpress.com perradesatan

      EL niño de madera era más pesao!

      • Loula2

        Pobrecito!! Su mamá era un pino y su papi un viejales miope. Menudo estigma!! Como para no ser pesao… 😉