‘Alma salvaje’ – Paso a paso

El sentimiento de incertidumbre que te inunda cuando abres una maleta vacía y te enfrentas a su interior, es casi adictivo. ¿Qué me llevo? ¿Qué me dejo? ¿Cuántos “por-si-acasos” que no voy a utilizar me resignaré a transportar, a sabiendas de que es espacio desaprovechado?  Todavía hay gente que siente pereza al realizar este acto, sin ser conscientes del potencial que tiene, pero yo lo encuentro inspirador, emocionante y lleno de posibilidades. Hay que ver más allá de la ropa, de los productos en miniatura de higiene personal, de los infinitos cables, baterías de litio y demás enseres. Puede ser que en esa misma maleta estés poniendo algo más, como tu deseo de desconectar de tu ajetreada rutina, o puede que deposites todas tus esperanzas y miedos al ir a vivir a un lugar nuevo. Quizás se de el caso de que la palabra “fundamental” cobre un nuevo sentido, cuando tienes poco tiempo para elegir lo mínimo para sobrevivir, nervioso y apunto de emprender una huida atropellada antes de que te pillen. O puede que, sin quererlo, reserves un espacio que no te puedes permitir, para llevarte tus problemas contigo. Todo depende de ti. 

Cheryl Strayed ha tenido un vida complicada. Con un padre alcohólico, que maltrata a su madre, y creciendo rodeada de libros,  se cree destinada a una vida cómoda, acorde a sus aptitudes intelectuales. Vive sostenida en su madre, pilar fundamental de su existencia, que la ayuda a soportar cualquier posible carga. Cuando ese pilar se derrumba, de manera repentina y sin tiempo a procesarlo, Cheryl, fallando estrepitosamente en la búsqueda de un nuevo pilar, no hace sino aumentar su lastre, añadiendo peso en forma de malas decisiones. Y así se mantiene, hasta que ya no puede dar un paso más en esta caminata hacia delante, sin posibilidad de marcha atrás, que es nuestra vida. Y cuyo final no se puede sortear.

Cheryl elige, entonces, el camino de la redención, en su forma más literal. El Sendero Macizo del Pacífico, empezando en el desierto de Mojave para acabar en la frontera con Canadá (unos 1.600 kilómetros que decide recorrer a pie) es el espacio de su penitencia. Un viaje duro y solitario, al que se enfrenta con miedo pero decidida y del que no sabe muy como acabará. Solamente ella y sus pensamientos. Y por delante, el ancho de los Estados Unidos de América.

La dificultad para dar los primeros pasos es notable. Por muy buenas que sean tus intenciones, apenas alcanzas a acarrear el peso de tus problemas. Tu cuerpo, falto de costumbre, rechaza de pleno ese cambio, y confirmando la primera teoría de Newton, tiende a permanecer en el estado en el que se encontraba, que era parado y sin opción de seguir hacia delante, atormentándote con miles de “¿Qué narices estás haciendo?”, mientras alcanzas la loable hazaña de conseguir esas primeras zancadas. Una vez en el camino, reflexionas sobre tu carga, aprendes a aligerarla descartando lo “no tan importante”, y una vez superada la indecisión inicial, la fuerza de voluntad se convierte en una agradable compañera, y tu respuesta ante el que se antojaba un reto insuperable, te sorprende y te llena de orgullo.

El relato de la propia Cheryl Strayed (con el que vio cumplidas sus inquietudes literarias), llamado también Wild (en versión original) sirve de base para esta película de Jean-Marc Vallée, director de la estupenda y durísima Dallas Buyers Club (2013), con el guión del siempre interesante Nick Hornby. Strayed relata, con todo lujo de detalles, su particular odisea: como llegó a tocar fondo y lo que supuso para ella este viaje.

Como espectadores, este tipo de historias siempre se presentan, cuanto menos, atractivas. Siempre estamos a la caza de eternas segundas oportunidades, y las historias basadas en gente que han sabido aprovechar la suya sirve de esperanza para todos nosotros. Es por ello que ansiamos la llegada del Año Nuevo, por el que nos cambiamos el look y por el que algunos no odian sistemáticamente el lunes, por representar un nuevo inicio de semana en el que poder intentar de nuevo todas esas cosas que queremos mejorar.

La película de Vallée también nos retrata una América menos usual de lo que estamos acostumbrados. Nada de sheriffs, institutos, donuts, casinos y deporte. Se despliega ante nosotros uno de los mayores placeres del norte del continente americano: la variedad de su naturaleza. No sé en qué medida el contacto con esta ayuda a la protagonista (aparte de presentarla dificultades en forma de condiciones climatológicas) pero de seguro que le aportó cierta perspectiva. Ya sea el desierto más seco, la montaña más nevada o el río mas caudaloso, la superación de cada uno de estos obstáculos puede servir a modo de metáfora en el cumplimiento de su objetivo.

Vallée se maneja respetuoso con el material y con el escenario, como cabría esperar en este tipo de producciones, y de nuevo nos brinda una historia  en la que la protagonista tiene que lidiar con fantasmas personales. Los principales nombres de la función son Reese Whiterspoon y Laura Dern. A la primera no la considero mal actriz, ni muchísimo menos. De hecho, su actuación (condecorada con el Oscar a la mejor actriz protagonista) en En la cuerda floja (Walk the line, 2005) todavía está en la memoria de todos. Sin embargo, aunque sin quitarle mérito ninguno (la película funciona y gran parte de la culpa la tiene ella), no considero que esta sea una de sus mejores actuaciones, por lo que creo que su nominación en la edición de los premios de la Academia ese año estaba fuera de lugar. La que sí se mereció su nominación (e incluso haberse llevado la estatuilla) es Laura Dern, la inolvidable Ellie de Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993). Brilla en cada segundo que aparece en pantalla, maravillosa y robando planos a aquellos que están a su alrededor. Dern es la gran baza de Alma Salvaje (Wild, 2015), o por lo menos fue la que a mí más me marcó.

Nadie acierta la primera vez que hace la maleta. Pero con práctica se consigue la maestría. Aquello que parecía demasiado pesado se convierte en soportable. La soledad, ansiada y temida al mismo tiempo al principio, resulta ser llevadera y una magnífica compañera de viaje. Y al llegar al final esta etapa redentora, fortalecida y preparada para seguir el camino de tu vida, eres capaz de mirar atrás y ver lo que has dejado. Ahora no te queda más remedio que mirar adelante de nuevo, y la esperanza, que creías vislumbrar al inicio del todo sin estar segura de llegar a alcanzarla, se decide por fin a acompañarte durante del resto de tu viaje.

 

 

  • loula2

    Buen post, Capote!! Me ha gustado, y la película también me gustó. Estoy de acuerdo, Laura Dern se come con.patatas a la prota.
    Lo que me gustó mucho también es el carácter sencillo en el planteamiento de la historia. Sin aspavientos, tanto en la parte dramática como en la bucólica de los paisajes. Realista y humana.
    Soy una experta haciendo maletas, pero la mía lleva ya un tiempo aparcada en el armario, después de una época en la que casi no me daba tiempo a deshacerla….